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Toros

Vanesa Montoya volvió a malograr una emocionante faena de muleta al fallar con el estoque

Lupita López cortó oreja, apabulló al juez y obtuvo un sonado triunfo en la México

Las débiles y mansas reses de Garfias echaron a perder el mano a mano entre las toreras

 
Periódico La Jornada
Lunes 28 de septiembre de 2009, p. a42

Torerísima, encastada, pisando terrenos muy comprometidos y dueña al fin de la resolución necesaria para consumar la suerte suprema jugándose la vida, la novillera yucateca Lupita López obtuvo ayer un sonado triunfo en la undécima y tal vez penúltima función de la temporada chica 2009, en la que se midió, mano a mano, con la gitana Vanesa Montoya ante un encierro de Garfias, escaso de fuerza y de bravura, bobo y repetidor.

La mal llamada novillada histórica, según los ignorantes que trataron de vender el duelo de ayer como el primero jamás habido entre dos toreras en México, produjo una modesta entrada, en una tarde bañada por el sol que pronto se volvió sombría y húmeda. Pero cuando salió el tercero de la tarde y comenzó a llover, la emoción atornilló a los aficionados en sus asientos. Y es que por la arena, al hilo de las tablas galopaba Cuate, un cárdeno paliabierto, bragado, culibello y listón, que Lupita López recogió doblándose para cuajarle cuatro ceñidas verónicas rodilla en tierra.

Después de la pica, la artista de Mérida citó de largo al bovino y le dibujó tres chicuelinas con gracia y temple. Luego de un caótico segundo tercio, mientras el piso se volvía de gelatina a medida que arreciaba el aguacero, la morena empezó a ligar derechazos de aquí hasta allá, corriendo la mano en redondo, sin sujetar del todo al bicho que al igual que sus hermanos se desentendía al final de cada pase y obligaba a la torera a reubicarse para que la serie no perdiera continuidad.

Cuando la faena estaba por decaer al igual que el entusiasmo del empapado público, Lupita cambió el aluminio por el acero, buscó la igualada en el terreno contrario y se volcó sobre el morrillo haciendo la cruz como mandan los cánones, para lograr un estoconazo de efectos letales. Y de inmediato, pañuelos y capas de plástico aletearon pidiendo la oreja, que el juez Roberto Andrade, muy cómodo y seco en su palco, tardó largos minutos en conceder.

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La novillera Lupita López da vuelta al ruedo tras cortar el apéndice a Cuate, este domingo en la Plaza MéxicoFoto Notimex

Ante el quinto y último de su lote, un rumiante flaco y feo al que se le doblaban las patas a cada paso, Lupita, de nuevo torerísima, lo embarcó por verónicas recostando la cabeza y bajando las manos como Luis Procuna, pero luego ya no tuvo nada que hacer porque el animalito era un fiasco. Sin embargo, a la hora de la verdad volvió a matar entregando el pecho al volapié, y por lo tanto las capas de plástico y los pañuelos reclamaron otra oreja en petición abrumadoramente mayoritaria, pero Andrade, violando el reglamento, se negó a otorgarla, de modo que el público se hizo justicia por su propia garganta, gritando repetidas veces así: Una, dos, tres, ¡que chingue a su madre el juez!, en tanto la triunfadora de la tarde daba la vuelta al anillo devolviendo sombreros y lanzando besos.

Por su parte, Vanesa Montoya, a pesar de su afición, su valor y su gitanería, se fue casi en blanco, luego de sufrir un maromón y un golpazo, al saludar de capa al cuarto de la tarde, con el que nunca se entendió. Para fortuna de todos los que aún permanecían tiritando en los tendidos, con el sexto del encierro volvió a mostrar su gran calidad muleteril, por la derecha y por la zurda, pero una vez más perdió la oreja al fallar con el estoque.

Esta crónica agradece al historiador taurino José Francisco Coello Ugalde el valioso material que le proporcionó acerca de los mano a mano entre mujeres en México, tema que en otro momento abordaremos con la amplitud que amerita. ¡Enhorabuena, Lupe! ¡Qué gran tarde!