Opinión
Ver día anteriorLunes 28 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Premio Mata 2009, sin ganador real
D

urante la semana pasada se llevaron a cabo en la Sala Nezahualcóyotl las sesiones de la cuarta edición del Premio Internacional Eduardo Mata de Dirección de Orquesta, con la Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como conjunto residente del concurso. Al igual que en las ediciones anteriores, la convocatoria fue nula para las sesiones preliminares, a las que asistió un promedio de no más de seis u ocho personas.

En la primera sesión eliminatoria destacó el sentido del ritmo y el dominio de los matices del israelí Yaniv Dinur, así como el temperamento y personalidad del portugués Jacomo Rafael Bairos y la sobriedad y competencia del estadunidense de origen serbio Vladimir Kulenovic. Por otra parte, la segunda sesión tuvo sus mejores momentos en las participaciones del venezolano Carlos Izcaray y la estadunidense Rebecca Miller. Si bien ambos parecían encaminarse con soltura hacia las etapas posteriores de la competencia, Izcaray quedó en el camino. Después de la primera eliminatoria, disputaron la etapa semifinal el portugués, el israelí y la estadunidense, junto con Chih-Yuan Michael Chang, de Taiwán; el japonés Keitaro Harada y el lituano Vytautas Lukocius, quien también exhibió talento y facultades en la primera etapa del concurso. El único representante mexicano en la competencia, Rodrigo Elorduy, resultó eliminado en la primera etapa, lo que confirma la tendencia de los anteriores concursos, en los que nuestros participantes tampoco estuvieron al nivel de sus pares.

Una vez realizada la semifinal, el jurado (Jorma Panula, Alun Francis, Gisèle Ben-Dor) eligió como finalistas del premio Eduardo Mata a Yaniv Dinur, Vytautas Lukocius y Rebecca Miller, asignándoles respectivamente para la última fase del concurso la Segunda sinfonía de Sibelius, la Sinfonía fantástica de Berlioz y la Tercera sinfonía de Rajmaninov, con el Sensemayá de Revueltas como pieza obligatoria para los tres. Tanto en el último ensayo preliminar como en el concierto final, realizado el domingo a mediodía en la Sala Nezahualcóyotl, con buena entrada, los tres finalistas exhibieron con claridad sus características y cualidades musicales, obteniendo de la OFUNAM respuestas sonoras bastante diversificadas. En todo momento Rebecca Miller demostró conocimiento, energía y control; si por momentos su gestualidad se antojó demasiado vehemente en los ensayos, la directora estadunidense moderó este aspecto de su trabajo el día de la final. Yaniv Dinur se mostró como director sobrio, correcto y detallista, aunque con limitada capacidad de comunicación emotiva. En este sentido, podría decirse que Vytautas Lukocius resultó el más poético entre todos los concursantes, utilizando con frecuencia la palabra espressivo, instando a los músicos a que no tuvieran miedo de hacer música, y dando sus instrucciones con saludable desparpajo multilingüe. En mi opinión, el día de la final resultaron mejores las interpretaciones de Miller y Dinur a sus respectivas sinfonías, mientras que creo que Lukocius logró el Sensemayá más sabroso, y que pudo pulir algunas aristas ásperas de la Sinfonía fantástica que había trabajado el sábado con algunos tropiezos.

El momento culminante del Premio Mata 2009 resultó, por desgracia, un anticlímax; el jurado, como en anteriores ediciones de la competencia, quedó a deber mucho. Igual que en la edición 2007 del concurso, decidió otorgar un primer premio ex aequo a Lukocius y Miller, y después procedió a sacarse de la manga, literalmente, un inexistente segundo premio (más de consolación que otra cosa) para Dinur. En otras palabras, un jurado que decidió lavarse las manos, complacer a todos y no reconocer a nadie. Estrictamente, se trató de un jurado que fue incapaz de tomar una decisión clara, categórica y comprometida, trastocando así el espíritu original de la competencia, más allá de sus reglas y de su interpretación. Si a ello se añaden las quejas de algunos de los concursantes sobre el trato descortés y poco grato que recibieron del jurado, puede decirse que al premio Mata le urge replantear algunos de sus estatutos y procedimientos. Me parece que ello debería incluir otra política de divulgación y convocatoria para atraer más público a las sesiones previas a la final, que son realmente muy instructivas. Este año, además de los sospechosos usuales, un solo músico siguió con atención el proceso: Rodrigo Macías, director asistente de la OFUNAM.