Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 4 de octubre de 2009 Num: 761

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Edith Wharton,
afortunada y sola

LAURA FALCOFF

Asesinato impune
Joan O'Neill

Una zanahoria
para el desayuno

ROSALEEN LINEHAN

Las veleidades del consenso: Ibargüengoitia, Garibay y Spota
RAÚL OLVERA MIJARES

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Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
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LUIS TOVAR

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MANUEL STEPHENS

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El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
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Marco Antonio Campos

José Luis Soberanes: una vergüenza ética

Si en algo ha habido un consenso es, por una parte, en hablar de las malas cuentas que deja José Luis Soberanes en los diez años que presidió la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), y por otra, en que nadie ha salido a defender o a aplaudir su labor. En un país de leyes, en el que la justicia la mayoría de las veces es despreciada, un gran contrafuerte lo debería ser una institución como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y más aún, si se toma en cuenta que la CNDH es la que cuenta con más recursos económicos en América Latina. A la verdad, como la Secretaría de la Función Pública , la CNDH, durante los diez años de Soberanes, resultó parasitaria e inútil. ¿Adónde volver entonces la cabeza si los que imparten la justicia y los que buscan reparar las injusticias están en contra de la ciudadanía simulando todo el tiempo que la defienden?

Organismos extranjeros y organismos civiles mexicanos, ONGs y activistas de Derechos Humanos, han señalado que menos que el cumplimiento de las recomendaciones, Soberanes hacía todo por cálculo político. Nunca faltaron estos años, una y otra vez, sus declaraciones estentóreas que sólo provocaban una sonrisa porque se sabía que nadie lo tomaría en cuenta. ¿Qué hizo la CNDH, al menos en los casos más paradigmáticos, durante los diez años en que José Luis Soberanes la presidió? Se mandaban recomendaciones, que por falta de sustento se desechaban por improcedentes, o peor, no había seguimiento a las propias recomendaciones en casos gravísimos para confirmar si se cumplía o no la recomendación. “Dan pena las investigaciones de la CNDH-dijo Jorge Carpizo hace unas semanas en una mesa redonda organizada por el Consejo de Derechos humanos de la ONU (la opinión fue recogida por La Jornada)- porque [de las investigaciones] muchas no cuentan con base jurídica, inclusive ellos mismos hablan de recomendaciones light. Para que la autoridad se sienta obligada a aceptarlas necesita que el ombudsman tenga gran calidad moral y cuente con el apoyo de la sociedad, además de que debe dar seguimiento a las recomendaciones, porque de lo contrario toda la labor está perdida”. ¿Puede haber mejor resumen de lo fue la CNDH estos diez años y cómo debe ser?

Fundamentalista católico, priísta convencido desde que estudiaba la carrera de Derecho, Soberanes simuló o buscó simular no ser ambas cosas, queriendo dar la imagen de que se apegaba a la imparcialidad y a la objetividad. Si el Senado se había equivocado al aprobar su nombramiento en 1999, al ratificarlo dio la impresión de haber elegido, no al defensor de las víctimas, sino al personaje dúctil y acomodaticio que se prestaba a la manipulación.

Pero veamos al menos unos casos. El ombudsman opusdeísta estuvo en contra de la despenalización del aborto y presentó un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia, que fue rechazado, pero cuyos argumentos sirvieron de modelo a gobiernos estatales para declararlo ilegal. No menos grave fue su actuación en el asunto de las mujeres asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez: se desentendió y no dio seguimiento a los casos, pese a las exigencias desesperadas de asociaciones de mujeres. Un tercer caso: si los soldados incurrían en violaciones gravísimas de derechos (asesinatos, torturas, violación de mujeres), se emitía la recomendación, el Ejército negaba que los soldados lo hubieran hecho y la CNDH de Soberanes omitía el seguimiento. Nunca discutió, o al menos no en serio, el fuero militar. Su informe sobre Oaxaca sólo sirvió para que en el caso de la rebelión de la APPO y del periodista ultimado la justicia se hiciera… al revés. En general, su tarea sólo sirvió para legitimar las malas acciones, incluyendo crímenes, de los gobernantes y del Ejército.

Soberanes declaró en una entrevista que tenía interés en llegar a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia, y de no ser designado, volver a su tarea de investigador en la UNAM. Malas noticias. En la SCJ, de llegar a ministro, será un notable colaborador para seguir sosteniendo nuestro sistema de (in)justicia, y por tanto, será una desgracia para México; en la UNAM, su falta de ética no ayudará a la imagen del Instituto de investigaciones Jurídicas y su labor de investigador no pasará de lo que ha sido siempre: mediocre. ¿Qué libro importante se le conoce?