Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de octubre de 2009 Num: 762

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Portbou
JORGE VALDÉS DÍAZ-VÉLEZ

Dos poemas
LUKÁS THEODORAKÓPOULOS

Espacio eclipsado
PORFIRIO MIGUEL HERNÁNDEZ CABRERA

El origen de las especies
ROSA BELTRÁN

El placer de la actuación
RICARDO YÁÑEZ entrevista con ANA OFELIA MURGUÍA

La resistencia estética: las desaparecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua
INGRID SUCKAER

Historia de una ecuación
RICARDO BADA

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Cuarto de Diana Ruiz Zavala, dieciséis años. Desaparecida el 23 de junio de 2003

La resistencia estética: las desaparecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua

Ingrid Suckaer

La humanidad se caracteriza por tener conciencia del tiempo: uno de sus cometidos es conocer el pasado, estar atenta al momento histórico que transita y proyectar su futuro. La conciencia se transforma a través de las experiencias y cerrando ciclos. ¿Cómo podría crecer la confianza de la sociedad mexicana en el Estado si los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial no responden de manera contundente ante una realidad que a todos concierne? Entre 1993 y 2009 cientos de mujeres de Ciudad Juárez y Chihuahua han sido asesinadas, secuestradas y desaparecidas y no hay una respuesta oficial esclarecedora de los hechos. Por el contrario, el reciente nombramiento y aprobación de Arturo Chávez Chávez como titular de la Procuraduría General de la República (PGR) demuestra una grave insensibilidad ante el terrible drama que encarnan los feminicidios cometidos en Chihuahua, donde el indolente Chávez Chávez se desempeñó como procurador de Justicia durante el gobierno del panista Francisco Barrio (1992-1998).

Con base en Estética y hermenéutica, de Hans-Georg Gadamer (considerado uno de los artífices de la concepción del arte contemporáneo), y acorde con las estéticas postmodernas articuladas por la trans­disciplinariedad, este escrito se centra en indagar de manera sucinta los tipos de conciencia que de uno u otro modo confluyen en la serie fotográfica Retrato utópico de la identidad, realizada por Mayra Martell (Chihuahua, 1979).


Carta de Ana A. Martínez a su papá


Nueve años. Desapareció el 18 de marzo de 1999

I

La conciencia –propiedad de la mente de reconocer sus atributos– y su enorme potencial de cambio elabora la ética y la estética. Toda persona vive, actúa en concordancia con su nivel de conciencia, de acuerdo con el conocimiento de sí misma y de la percepción de su entorno. La conciencia es la matriz de los signos; nada es insignificante, todo depende del sentido que se le otorga. De ahí se deriva la precisión de las decisiones y en consecuencia cómo se es. Asida al tiempo, la conciencia siempre está en movimiento: evoluciona o involuciona, y a partir de ello se define el proyecto de vida de cada individuo. Al no circunscribirse sólo al ámbito de la intrahistoria, los sofisticados mecanismos de la conciencia trascienden a la sociedad. Alimentada por la experiencia, mientras la conciencia no comprende algo tiende a propiciarlo; de ahí que haya personas y pueblos con mayor o menor conciencia.

El artista es un detonante que evidencia su propio tiempo; con su obra muestra a la sociedad cómo la conciencia se manifiesta en su afirmación meramen te particular, pero también en hechos históricos de trascendencia colectiva. Por esto, las artes plásticas, visuales y conceptuales, que en sí mismas incorporan signos y códigos –repertorio de signos que a su vez genera otros engranajes–, son ideales para explorar la conciencia desde diversos ángulos.

II

El arte fotográfico de Mayra Martell aborda la invisibilidad de las víctimas, las desaparecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua, de quienes apenas quedan las pocas pertenencias que dejaron, señal concreta de su origen social. La violencia de ningún modo exaltada a que alude Martell en Retrato utópico de la identidad encarna múltiples expresiones político-ideológicas, que van desde la marginación social en que vivían las víctimas, más la violencia en contra de cientos de mujeres que responde no a la cólera repentina, sino a brutales métodos del crimen organizado internacional, hasta la valiente respuesta de los familiares de las víctimas y la decidida condena generada en el mundo frente al fenómeno de las muertas y desaparecidas en Ciudad Juárez, que empezó a documentarse en 1993, y que en 2001 se extendió a la ciudad de Chihuahua, capital del estado.


Fotografías de Esmeralda mostradas por sus familiares

Inserta en el principio del arte contemporáneo en el que, vía la obra, el artista se reafirma críticamente ante el espejo del acaecer de nuestros días, Retrato utópico de la identidad es expresión sin cortapisas de una corriente del arte actual que, amparada en la transdisciplinariedad, busca transmitir al público los valores éticos y estéticos en que se basó el artista. La serie fotográfica realizada en negativo blanco y negro e impresión digitalizada, encamina al espectador a que entre en contacto con la situación establecida desde la realidad o introducida vía las analogías de la subjetividad.

Exhibida en Québec y Eslovenia, Retrato utópico de la identidad lleva a reflexionar sobre la tragedia de las víctimas, a la vez que devela el nivel de conciencia de la democracia en que se dan tan condenables hechos. Al reinterpretar la realidad de los objetos, la artista entrelaza con acierto forma y contenido: se adentra en la otrora realidad de quienes fueron arrancadas de su cotidianidad, pero también señala la clase de conciencia que se está heredando a las nuevas y futuras generaciones de mexicanos.


Jazmín Chavarría, veintiún años. Desapareció el 20 de febrero de 2007

Desaparecer a una persona y hacer que su memoria se torne invisible socialmente es una de las expresiones más rudas de transgredir la conciencia humana. El secuestro y desaparición de mujeres en Ciudad Juárez y Chihuahua ha sembrado dolor e incertidumbre en decenas de familias que, en medio de la realidad que sus limitaciones económicas les impone y pese a las hostilidades que han vivido, no cejan en la búsqueda de datos que les permitan saber de ellas: mujeres, adolescentes e incluso niñas cuyo paradero se desconoce. El anhelo de encontrarlas, así sea muertas, no decae; el amor y el compromiso se imponen. No olvidemos que el grado de compromiso se determina por el tiempo y la profundidad con que se manifiesta.

Según las noticias, “de acuerdo con las autoridades, las investigaciones acerca de las desaparecidas...” Nada. Nada. Nada. Afligidas, las palabras se agotan. En respuesta a ello, la fotógrafa Mayra Martell realiza desde hace tres años Retrato utópico de la identidad, proyecto que documenta las habitaciones, objetos personales y contextos sociales de las desa­parecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua. Con una sólida respuesta ética de resistencia civil, estéticamente el discurso de la autora subvierte al arte convencional que responde, muchas veces, a la creación políticamente correcta. Ante el silencio y el olvido oficial, Martell propone la indisciplina estética, ésa que obliga a que los especialistas del arte contemporáneo consideren la reflexión de Ernst Jünger: “Es en los residuos donde hoy en día se encuentran las cosas más provechosas.”


Retrato de una sala en Ciudad Juárez. Erika Nohemí Carrillo y su mamá

El sentido de la memoria es resistir ante el paso del tiempo. Retrato utópico de la identidad es un penetrante acercamiento al vacío dejado por las desaparecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua: trabajadoras de las industrias maquiladoras, camareras, empleadas en la economía informal, estudiantes e inclusive inmigrantes que tenían por meta cruzar la frontera con Estados Unidos y conseguir allá el empleo que les permitiría subsistir.

Con un alto grado de conciencia ética y estética, sin dulcificar estéticamente la tragedia, Martell está resuelta a rescatar la memoria de las desaparecidas. Ajena a la espectacularización que exalta la violencia e indiferente a las propuestas artísticas que van más allá de los límites –pues precisamente los límites fueron rotos–, Martell reconstruye la sencilla vida de las desaparecidas y, apartada de cualquier poética opresiva, apela a los valores humanistas y a la solidaridad, máximo escalón a que puede aspirar toda sociedad responsable y consciente de sus circunstancias.

El más alto nivel de conciencia es la creatividad desplegada en cualquier ámbito, como lo acentuara Gadamer, para quien el arte, más que una comprensión del mundo, es una declaración ante el mundo. En respuesta a la tragedia, las familias de las desaparecidas aprendieron a darle significado al vacío y con sus acciones desgarradoramente creativas salieron del anonimato. Muchos artistas han concurrido a su llamado de auxilio; Martell, quien reside en Chihuahua, sigue de cerca ese fenómeno social que por su terrible complejidad atrae la atención mundial. Mayra Martell vive la realidad que campea en aquel bolsón territorial mas no la traslada a su obra, la desconstruye para mostrarla desde nuevos ángulos.


Metas de la estudiante Erika Nohemí Carrillo, diecinueve años. Desaparecida en 1999

En su inacción, los objetos comprendidos en Retrato utópico de la identidad redoblan el vacío: atestiguan pertenecer a quienes no están presentes, pero cuya ausencia no obedece a un deseo propio. El vacío suspendido en el tiempo que dejaron las decenas de desaparecidas golpea la conciencia, apela a la integridad que es la capacidad de discernir sobre sí mismos y lo que nos rodea.

Las fotografías de Mayra Martell devienen en manifestaciones de su conciencia entretejida con la conciencia de las desaparecidas, con la conciencia de los familiares, pero también con la conciencia del espectador, quien, al observar la obra y completarla, es interpelado. He ahí que con este proyecto la autora contribuye a la vertiente del arte contemporáneo que tiene en la comunicación su punto central. Ajena al arte que alude a la crueldad como fantasía, en términos sociales las fotografías de Martell constatan la resistencia física, moral, psíquica y espiritual de las familias de decenas de desaparecidas cuya cifra, según la fuente, varía. Sí, por increíble que parezca, esa es la realidad. Y para pena y vergüenza nuestra, en lo que va de 2009 en Ciudad Juárez y Chihuahua, como en otros puntos de la República , se siguen registrando más casos de mujeres asesinadas y desaparecidas.


Recámara de Elena Gudian Simental,diecinueve años. Desapareció el 22 de marzo de 1997

III

“El arte tiene un deber social que es el de dar salida a las angustias de su época. El artista que no ha ocultado en el fondo de su corazón el corazón de una época y que ignora que el artista es un chivo expiatorio, cuyo deber consiste en imantar, atraer, echar sobre sus hombros las cóleras errantes de la época para descargarlas de su malestar psicológico, ése no es un artista”, sentenció Artaud en Mensajes revolucionarios. Con su labor, Mayra Martell deja claro qué tipo de artista es. Retrato utópico de la identidad no es una afirmación en la marginalidad, es una obra centrada ya no en las personas, sino en su mundo; es una narrativa visual construida como proceso arqueológico, puesto que lo material reafirma a las otras, las desaparecidas, cuya memoria a muchos incomoda porque confirma las relaciones de poder y la consecuente impunidad que esto genera, así como la injusticia, la discriminación, la desigualdad social, la explotación y la represión en sus distintas maneras de operar.