Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de octubre de 2009 Num: 762

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Portbou
JORGE VALDÉS DÍAZ-VÉLEZ

Dos poemas
LUKÁS THEODORAKÓPOULOS

Espacio eclipsado
PORFIRIO MIGUEL HERNÁNDEZ CABRERA

El origen de las especies
ROSA BELTRÁN

El placer de la actuación
RICARDO YÁÑEZ entrevista con ANA OFELIA MURGUÍA

La resistencia estética: las desaparecidas de Ciudad Juárez y Chihuahua
INGRID SUCKAER

Historia de una ecuación
RICARDO BADA

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Foto: Edgar Bahena

El placer de la actuación

Ricardo Yáñez
entrevista con Ana Ofelia Murguía

Ana Ofelia Murguía, actriz total, como la denominara Carlos García Agraz, ha participado en alrededor de setenta películas y setenta puestas en escena, y se ha hecho acreedora a no pocos premios y nominaciones. Pero quizá su premio mayor, a más del enorme cariño y la franca admiración que suelen mostrarle y demostrar en los hechos sus compañeros, es su propia carrera, en la que, confía, ha gozado momentos maravillosos en los que no se cambiaría por nadie.

 

–Como Damiana Cisneros se dice de usted que realizó una actuación etérea, mágica.

–Como Pedro Páramo son puros aparecidos, todos están muertos, quise sentirme un poco como espíritu, como aparecida, como fantasma , no un ser vivo. Sería maravilloso que lo hubieran visto así en la película, porque una cosa es querer hacer algo, pero una cosa tan difícil quién sabe.

–Asocio esto con su apreciación de que el cine es mágico y misterioso: Damiana Cisneros, actuar…

–Pues podrían ser las dos cosas, los dos asuntos. La actuación es un poco como mágica. Seki Sano, que fue mi maestro, decía que la actuación debía ser como el juego candoroso de los niños. Pero ojalá tuviéramos la facultad de entregarnos tan fácilmente a un juego como hace un niño, porque es necesario meterse y olvidarse de lo demás. La profesión es disciplina, requiere técnica y experiencia: a la vez tiene uno que concentrarse, estar dentro del personaje y estar alerta a cualquier cosa que pase en el escenario.

–Creo recordar también que no trabaja caracteres, sino crea paradigmas o arquetipos.

–Me voy a poner como guajolote ahorita de tanta alabadez.

–Según yo, que no la he visto tanto, usted no hace que uno centre la atención en usted, sino primero en el personaje y, segundo, en la historia.

–Pues fíjese que lo que dice usted es de los mejores elogios que me han hecho, pero uno no se da cuenta… Amo mi carrera, es una pasión. Si volviera a nacer volvería a ser actriz. Y como trabajo de dentro para fuera nunca estoy viendo cómo caracterizarme físicamente. Lo que me imagino es qué personaje sería, cuál es su circunstancia, su problemática, sus orígenes, su ámbito. En los parlamentos veo qué tipo de carácter tiene. Cómo sentiría o reaccionaría yo si fuera ese personaje. Y eso es lo que hago. Claro que imagino cómo se vestiría, qué traería, si se arregla o si no se arregla. A lo que me refiero con que es mágico es que a veces los actores nos sorprendemos haciendo cosas que no estudiamos, que no son premeditadas, y llega un momento en que si de veras cacha uno un personaje de pronto salen gestos que no son de uno, que no los premeditó, que no los buscó. Salen. Mucho es intuición. Esta profesión necesita obviamente de mucha intuición, pero también inteligencia. Cuando uno empieza a preparar un papel, pues sí interviene la cabeza. Pero a la hora de estar actuando –tiene que ser– se deja uno llevar, y lo inspira el personaje. Es una forma de decir, porque hay que trabajar mucho. Pero si uno trabaja, de pronto como que empieza a agarrar pistitas y a conformar el personaje. Cuando se lo empieza uno a imaginar, ya va llegando. En la televisión no espera uno hacer los grandes papeles ni los grandes trabajos, no hay tiempo y no hay material. Es negocio y, como tal, va uno a la maquila. Pero es lo que deja para hacer un guardadito. Porque el teatro es como para comprar el diario, y eso mientras está uno en temporada, y el cine peor, casi siempre nos la pasamos subvencionándolo.

–¿Cómo ve la situación actual del teatro y el cine mexicanos?

–Igual que todo el país. No debería quejarme, pero el recorte que hicieron a la cultura es tremendo. Parece que Bellas Artes no tiene ni un quinto. De por sí ya estaba muy difícil para el cine, para el teatro, porque es caro, y cada vez hay menos público. Y se quedan muchos compañeros sin trabajo. Hay gente que quiere hacer cosas, pero de aquí a que pueda conseguir cómo ponerlas y dónde... Hay un movimiento teatral muy grande, gente con mucho talento, muchos jóvenes talentosos. Cada vez a las autoridades les interesa menos la cultura.

–Tom Mix…

–Mi querido Tom Mix es una de las películas que más he disfrutado. La historia es muy linda; el papel, precioso. Pensé: “N'ombre, yo me pasaría las 24 horas del día frente a la cámara.” Hay cosas que me molestaron, porque la imagen, la cara de uno en una pantalla de cine es inmensa, y entonces abre uno los ojos un poco más de lo debido y ya parece loco. Siempre pasa: ve uno su trabajo y dice: ay, hubiera hecho esto, esto no. Los actores de teatro tenemos que cuidar nuestros gestos. En teatro, como el público está en vivo allí, y uno arriba del escenario, uno tiene que ampliar sus movimientos. Y en cine al contrario. La cámara le lee a uno el pensamiento y prácticamente uno no necesita hacer nada. Siempre y cuando uno traiga al personaje y esté en lo que tiene que estar, la cámara lo capta. El teatro es la prueba de fuego, allí no hay trampa de ninguna especie.

–¿Y la entrada al escenario?

–Siempre se sienten nervios, sobre todo en el estreno. Cuando se deja de tenerlos ya no hay caso. Pero uno tiene que estar preparado antes de entrar; saber de dónde viene, a dónde va, a qué, por qué va a estar allí, y entonces es una experiencia maravillosa. Es como entregarse al juego, sí, entregarse al juego, y es arte vivo. El público tiene que ver muchísimo. Hay intercomunicación. Y cada vez el público es diferente. A veces sorprende, sobre todo el día del estreno, o al otro día, cuando ya es con público-público. Uno piensa que se van a reír en algo y para nada, y de pronto se ríen en algo que uno siente que es tremendo, y al contrario. Y hay ocasiones, por lo menos en mi vida de profesionista han pasado –pocas, pero…–en que no me cambio por nadie. Es un gozo muy, muy fuerte, que siente uno que está comunicando, siente uno esa cosa de estar metido en el personaje y a la vez estar pensando en el afuera. Sí, hay veces en que no me cambiaría por nadie. Es un disfrute maravilloso, maravilloso, es un placer, como llegar a algo que uno quería y que lo pudo hacer.