Economía
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El crecimiento de los precios al consumidor será de 6% en 2010: Moody’s Economy

Es inminente el repunte de la inflación por el paquete fiscal

Una mayor restricción monetaria del BdeM pondría en riesgo la recuperación de la economía, advierte

Sólo el impuesto de 2% generará un incremento inflacionario de la misma proporción

 
Periódico La Jornada
Jueves 15 de octubre de 2009, p. 27

El inminente repunte inflacionario que se anticipa para finales de año, derivado del nuevo programa fiscal, generará presiones para que la política monetaria del Banco de México (BdeM) se endurezca y ponga en riesgo la recuperación económica del país, ya que deprimiría innecesariamente la ya debilitada demanda interna, advirtió Alfredo Coutiño, director para América Latina de la consultora Moody’s Economy, subsidiaria de Moody’s Corporation.

Es indudable que la inflación no será de 3 por ciento el próximo año, como tampoco existe duda de que el programa fiscal tendrá impacto en la inflación, dijo el especialista, quien prevé un crecimiento en los precios de 6 por ciento para 2010.

Explicó: simplemente el nuevo impuesto de 2 por ciento sobre las transacciones a las ventas de bienes y servicios va a generar un incremento de precios al consumidor en la misma proporción, con lo cual la inflación resultante estaría en alrededor de 5 por ciento, a lo que hay que agregar el efecto potencial de los otros impuestos, así como el alza de precios y tarifas del sector público, con lo que la elevación fácilmente puede llegar a 6 por ciento.

La decisión de política monetaria que dará a conocer mañana el Banco de México no tendrá sorpresas, vaticinó, ya que las condiciones se mantendrán sin cambio ante la ausencia de razones de peso para modificarlas. Pero hacia comienzos del próximo año el mayor crecimiento de los precios, generado por los nuevos impuestos, modificará las expectativas.

Alfredo Coutiño razonó que una inflación del doble del objetivo oficial no solamente no sería del gusto de los mercados, sino que muy probablemente activaría la artillería monetaria, dado que al banco central se le evalúa con base en su mandato constitucional antinflacionario. Pero, precisó, dado que el repunte inflacionario no será causado por un fenómeno monetario, con la subsecuente presión de demanda, sino mayormente por un efecto tributario, entonces la restricción monetaria resultaría inefectiva.

Por lo mismo, agregó el especialista, sería cuestionable si la política monetaria inicia un ciclo restrictivo a partir del próximo año sólo en reacción al impacto inflacionario de los impuestos. Si ello sucede así, previene, “entonces la política monetaria estaría respondiendo más a las presiones de un mercado miope y cortoplacista, y no a las raíces reales del fenómeno inflacionario”.

En ese contexto manifestó: Esta acción monetaria no solamente no evitaría que la inflación fuera mayor, sino que además atentaría contra la recuperación de la economía, ya que deprimiría innecesariamente la ya debilitada demanda interna.

El responsable para América Latina de la consultora Moody’s Economy consideró que el objetivo de llegar a una inflación de 3 por ciento anual en 2010, como ha propuesto el Banco de México, posiblemente resulta muy ambicioso, cuando se tienen evidencias de que en la última década se ha enfrentado una resistencia inflacionaria para que el crecimiento de los precios al consumidor se coloque por abajo de 4 por ciento.

De hecho, precisó, la inflación promedio se ha mantenido en el nivel de 4 a 5 por ciento. Esto lleva a cuestionar si el objetivo inflacionario de 3 por ciento (del banco central) es el adecuado para una economía con rigideces estructurales como la mexicana.

La existencia de sectores protegidos, la falta de competencia, los precios regulados y administrados que no se ajustan a la oferta y la demanda ni con base en sus referencias internacionales, hacen que se presenten rigideces en el sistema de formación de precios y, consecuentemente, que la inflación presente resistencias, explicó Coutiño.

Concluyó: esta falta de flexibilidad en el sistema de formación de precios hace que la economía mexicana sea más consistente con una inflación estructural de entre 4 y 5 por ciento, por lo que el objetivo de 3 por ciento posiblemente resulta muy ambicioso. Combatir una inflación estructural, cuyas raíces no son monetarias, no solamente resulta ineficaz, sino incluso impone un alto costo en términos de crecimiento económico para el país.