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Tras largas esperas en sedes establecidas para recibir el finiquito, salen con las manos vacías

Irrita a electricistas el bajo monto que les ofrece el gobierno como liquidación

Incesante peregrinar de las ex esposas de trabajadores que dependen de la pensión alimentaria

 
Periódico La Jornada
Miércoles 21 de octubre de 2009, p. 12

Los días transcurren y los electricistas están lejos de conformarse con el importe del finiquito que, telefónica o personalmente, les notifican que recibirán. Hacen y rehacen cuentas, pero no les cuadran. En todos los casos y sacando sus cálculos a través de todos los métodos, la cantidad ofrecida es inferior y anticipan su determinación de acudir ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje para interponer una demanda por esa razón.

Es que en las sedes donde el Sistema de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) ha enviado a sus representantes para la entrega de los cheques no atinan a dar respuesta a esa y otras interrogantes que la información oficial les ha despertado, ante lo cual es común presenciar escenas de molestia e irritación de quienes luego de permanecer largo rato en las oficinas liquidadoras salen con las manos vacías.

El comportamiento de los electricistas frente al proceso de liquidación se ha vuelto, en cierto modo, impredecible. Ayer, quinto día de los 23 hábiles otorgados por el gobierno federal para recoger, además del finiquito, un bono adicional, la asistencia disminuyó de nuevo en forma considerable.

Cerca de las 13 horas, en Puente de Piedra prácticamente ya no había solicitantes. Lo mismo ocurría a esa hora en Iztacalco y en San Juan de Aragón.

La escena de ayer contrastaba con lo ocurrido el lunes, cuando la demanda se incrementó considerablemente respecto de los primeros días del proceso. Pero también hay quienes no han cejado ni un día en su labor de tratar de disuadir a los que acuden a las oficinas: Tu cobro debilita nuestro movimiento, y es lo que quiere el gobierno, se leía ayer en una pancarta.

Entre las charlas interminables de los sindicalistas, cuando llevan ya casi dos semanas sin trabajar, surgen dudas que más tarde se transforman en interrogantes insalvables: ¿por qué en los cheques de liquidación no se incluye el pago del salario de las dos semanas ya devengadas cuando se ordenó la extinción de Luz y Fuerza del Centro? ¿Por qué la liquidación sólo incluye años trabajados cerrados y no los meses y días, sobre todo cuando hay muchos a los que les faltaban apenas unas semanas o menos para sumar un nuevo año en la empresa?

A otros les han dicho que tienen riesgo de ser requeridos por la Secretaría de Hacienda para el cobro de impuestos, porque entre el finiquito y los sueldos ya cobrados hasta la desaparición de la paraestatal la suma los coloca en la condición de presentar la declaración anual.

También han empezado a conocerse casos de electricistas que no han podido cobrar los cheques por errores en su nombre o en la elaboración por parte del SAE.

Caso aparte son las ex esposas de electricistas que perciben una pensión alimenticia. Su peregrinar no cesa. Las llevan de un lado a otro; lo mismo las envían a las oficinas de Tlalpan donde cobró el trabajador, que de ahí las remiten a Ciudad Azteca. Y de ahí, de nuevo al primer punto.

Ellas se han vuelto presencia recurrente en las oficinas, lo mismo que los empleados de los bancos y los fondos de inversión, que desde el primer día rondan a los electricistas buscando convencerlos de las bondades de sus firmas.

Pero ayer incluso se presentaron enviados de autofinanciamiento Conauto de la marca Ford para ofrecer a los nuevos desempleados que vivan con auto el regreso a clases y sus planes de cómodos pagos de 48 y 60 meses. Y con otra ventaja, según la publicidad impresa: si no puedes comprobar ingresos, tenemos un plan para ti.

Mientras transcurren las horas, la señora que desde hace 15 años vende periódicos y revistas afuera de una sucursal al sur de la ciudad enumera los eslabones de una cadena que se rompió por un decreto presidencial: el señor que vendía libros y enciclopedias aquí y se las dejaban guardar en las oficinas de LFC, no ha podido sacarlas y por tanto no ha podido trabajar ni cobrarle a quienes le debían; la señora de la cafetería me debe a mí y tampoco pagó el gas porque de pronto nadie le pagó a ella y no puede sacar sus cosas de la cocina. Yo he tenido que pedir ya muy pocos periódicos, porque los trabajadores me pagaban por semana y ya no viene gente. Y así está el de los dulces, el de los tamales... todos. Nos dejaron sin empleo a todos.