Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 25 de octubre de 2009 Num: 764

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El tono de la vida
ERNESTO DE LA PEÑA

Dos poemas
THANASIS KOSTAVARAS

Nicanor Parra: “Ya no hay tiempo para el ajedrez”
JOSÉ ÁNGEL LEYVA

Brandes y Nietszche: un diálogo en la cima
AUGUSTO ISLA

Treinta años de danza mexicana
MANUEL STEPHENS

Maestro Víctor Sandoval
JUAN GELMAN

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

El tono de la vida

Hace muchos años, más de medio siglo, México era un país tranquilo y seguro. Todas las clases sociales convivían de manera comedida aunque, hay que reconocerlo, las diferencias entre unas y otras estaban marcadas. Pero también hay que añadir que las formas de comportamiento no habían sido todavía pisoteadas por el abuso, la corrupción, la impunidad y los nefastos pactos que con mucha frecuencia existen ahora entre las autoridades policíacas y los miembros de innumerables asociaciones delictuosas que se reparten el botín con ellas. También es verdad que la población del país era mucho menor, particularmente en el Distrito Federal que, en la actualidad, es un conjunto urbano, social, cultural, industrial y político que se escapa de las manos de los más bien intencionados gobernantes.

La posición geográfica de México ha sido otro factor determinante para el deterioro de la vida cotidiana y la seguridad de todos nosotros: nos encontramos entre algunos países sudamericanos que son grandes productores de drogas y Estados Unidos, ávido de consumirlas, pues para nadie es secreto que ese gran país es el principal consumidor de todo género de narcóticos, psicotrópicos y otros paraísos artificiales más que tienen por única secuela, inevitable y letal, la indetenible destrucción del individuo y de cualquier sociedad. Así pues, para desgracia nuestra, el actual tono de la vida, la vivencia interna de muchísimos mexicanos, es el que puede tener un condenado a cadena perpetua o al patíbulo. Muy atrás quedaron la confianza recíproca y la tranquilidad para siquiera caminar por la calle. La lenidad de algunos gobiernos y la insolvencia moral de casi todos nos ha inducido hasta este extremo desesperado.

Pero en nuestra crisis actual, hay que distinguir los factores externos e internos. Entre los primeros figuran la importación y tránsito clandestinos de sustancias dañinas, bajo los ojos comprados y miopes de la policía; la circulación indiscriminada de aviones y avionetas que transportan drogas, armas y otros productos similares para los narcotraficantes y otros delincuentes. Los segundos son todavía más lamentables: los jueces venales, la connivencia de las autoridades competentes por la profunda corrupción que prevalece en las mismas y, quizás más que cualquier otro estímulo al crimen, la terrible, absoluta impunidad en que culmina un elevado porcentaje de arrestos y juicios.

El tono actual de nuestra vida cotidiana, las perspectivas de nuestro trabajo, el medio ambiente y la sociedad que heredaremos a nuestros hijos no ofrecen salida alguna. Nuestro legado es un puñado de desgracias al lado de indudables adelantos en la cultura, ola ciencia y la tecnología. Por este progreso (diminuto junto a lo que podría hacerse) hemos de luchar con tenacidad e inculcar principios sanos de conducta a quienes nos rodean. México necesita reaccionar, no para medro de los políticos, sino para beneficio de todos, no de una clase cuya insolvencia moral es patente en numerosísimos casos. Estas reflexiones, amargas pero verdaderas, no son sólo el lamento de un viejo por los tiempos idos: son también la expresión de un memorioso que lamenta la pérdida de un bien perdido.