Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 25 de octubre de 2009 Num: 764

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El tono de la vida
ERNESTO DE LA PEÑA

Dos poemas
THANASIS KOSTAVARAS

Nicanor Parra: “Ya no hay tiempo para el ajedrez”
JOSÉ ÁNGEL LEYVA

Brandes y Nietszche: un diálogo en la cima
AUGUSTO ISLA

Treinta años de danza mexicana
MANUEL STEPHENS

Maestro Víctor Sandoval
JUAN GELMAN

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


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Núm. anteriores
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Maestro Víctor Sandoval

Juan Gelman

Es un honor inmenso y alegre participar en este homenaje que hoy se rinde al Maestro Víctor Sandoval. Pero no nos hagamos ilusiones: no estamos celebrando sus ochenta años, sino al par de mellizos de cuarenta cada uno que Víctor es. “Este olor a viejo no se quita”, dice en uno de sus poemas más recientes. Lo que no se quita es el olor a joven que emana de toda su obra.

“De mí sale un galope hacia los llanos/ donde se tambalea el horizonte/ y resplandecen todos los caminos” –anunció en El viento Norte–, su primer libro. “Los aviones van y vienen/ en la madrugada; un claxon suena insistentemente./ La música desfallecida en el burdel/ y el negro que hace un rato/ dejó el fagot/ en la sinfónica”, dice en “La vida sigue” cuatro décadas después. En ese largo lapso don Víctor ha recorrido caminos de despojamiento que nunca le han quitado claridad a su palabra. Le han sumado magia.

Fraguas es una de las cumbres de su escritura, no la única. Fraguas, el lugar donde cito “Dejó en la acera/ su sombra/ sus orígenes/ su fuente/ su imposible retorno”, casi no existe ya, sólo vive y resplandece en los poemas de ese libro único en la literatura en lengua castellana. Mejor así, mejora así, erigido sobre una emoción auténtica que tiembla y seguirá temblando en los telones amarillos del otoño.

Víctor es el poeta de Fraguas, pero no sólo. “Habla de tu aldea y será universal”, apuntó una vez el viejo Tolstoi. La universalidad de ese libro y de este Maestro asoma en la transparencia del lenguaje y la transparencia del hallazgo. Bajo esas transparencias otra lengua se mueve, la del silencio del poema que es sostén debido del poema. Como la de San Juan de la Cruz, la escritura de Víctor dice lo que dice y dice lo que calla.

Al tiempo lineal donde todo es posible, él prefiere una espiral que no termina nunca y jamás vuelve a su punto de partida. Así es la espiral de su obra. A la vez apuesta “a los que viven en su laberinto/ prefiero al Minotauro”. Esa referencia ¿no alude acaso a los oscuros corredores interiores que el poeta-Minotauro recorre a oscuras desbrozando sus malezas, desechando la palabra impuesta, para cumplir su mester? La gran poeta rusa Marina Tsvetáieva supo recordar que el poeta no vive para escribir, escribe para vivir.

La extraordinaria labor de promotor cultural que Víctor llevó y aún lleva a cabo ha dejado a la grandeza de su poesía en las sombras de un segundo plano. Pero me pregunto yo: ¿quién, sino un poeta como él, podría llevar adelante con tanto empeño, con tanta pasión, una labor que ha difundido la cultura y abrigado el nacimiento de tantos jóvenes poetas y artistas en todo México? Él siempre ha creído que la democracia no puede ser simplemente una selva bien administrada, sino que debe transformar a cada miembro de la sociedad en beneficiario intelectual del sistema democrático. Y a eso consagró su vida. Es probable que en este trayecto haya visto más de lo que es prudente ver, pero de cualquier infierno que quizá atravesó siempre ha salido en busca de la palabra aún no nacida. Como la de estos versos: “Amantes en penumbra/ diamantes en reposo”. Esto es voz y no la de ciertos poetas de esta época que padecen afonía.

Permítaseme intentar una aproximación al rostro espiritual del Maestro con fragmentos de sus versos. Su amor reside sobre la amarga tierra, pero madruga rumbo a la vida. La noche entera lo acompañan poemas que se van borrachos al alba. La poesía nunca lo dejó tranquilo, pero él tampoco ha dejado tranquila a la poesía, trabajándola hasta hacerla pan del alma con un poco de esfuerzo y de ternura. Él busca calles antiguas, nombres de mujer, ruidos que se fueron y se aferra al sueño para remontar la noche. Comparte su esqueleto con la lluvia y la mañana es un toro entre deslumbres. Se le humedecen los ojos cuando le preguntan por su patria, pero su patria también son las tardes donde llueven pájaros y pétalos. Desencadena un vendaval de preguntas sobre el ser: ¿por qué el agua es de todos? ¿Por qué hay herrumbres en la noche? ¿Por qué el aire cargado de recuerdos opaca los vidrios? Sabe que todo ángel es terrible y su palabra poética hace durar a la palabra. No hay palabras gastadas, hay seres gastados.

Volviendo a nuestra época: hace unos días, el Maestro Sandoval aludió al desastre económico que hoy se vive día con día. “El mundo está angustiado –dijo– y todos estamos angustiados por la situación.” No es para menos. Hay mil millones de desnutridos en el planeta, cada cuatro segundos muere un niño menor de cinco años por enfermedades curables, por hambre, por pobreza, pero los poderosos siguen acumulando oro, no a pesar de la crisis, sino gracias a la crisis.

Hay más cosas que hacen sufrir a la poesía y al poeta y a la humanidad entera. La llamada globalización fabrica gente que ha perdido la capacidad de hablar, de palabrear, la propaganda, los medios al servicio de los amos sirven mentiras diariamente, que interfieren las vetas más hondas de la subjetividad con el fin de infantilizarnos y convertirnos en tierra abonada para el autoritarismo. Están manufacturando el espíritu a escala mundial. Todo esto cesa en mí cuando el maestro Sandoval pule las sombras con un mensaje de besos temblorosos. Querido Víctor, ruega por nosotros.