Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de noviembre de 2009 Num: 765

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Una vida en la actuación
RICARDO YÁÑEZ entrevista con MARTHA OFELIA GALINDO

Nota de presentación
MARCO ANTONIO CAMPOS

Bonifaz Nuño, universitario de excepción
JUAN RAMÓN DE LA FUENTE

Poema
RUBÉN BONIFAZ NUÑO

(Boceto de) mi trato con Bonifaz Nuño
FERNANDO CURIEL

Rubén Bonifaz Nuño
JUAN GELMAN

Un universitario llamado Rubén Bonifaz Nuño
JORGE CARPIZO

Un universitario paradigmático
DIEGO VALADÉS

Lowry: el que fue volcán
PAUL MEDRANO

Leer

Columnas:
Galería
SALOMÓN DERREZA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Manuel Stephens

Bailar en Nueva España

Con los intensos preparativos para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución viene a colación cómo la historia oficial en cierta manera ha minimizado los tres siglos de vida del Virreinato de la Nueva España. Parecería que la historia de México se inicia con el movimiento independentista y se deja de lado el tiempo que perteneció a la corona de Castilla, en el cual los territorios del “México español” llegaron a extenderse desde Nicaragua y se perdían en el norte del continente más allá de nuestras fronteras actuales.

Ciudad de México era “rica, cosmopolita y mutirracial”, de acuerdo con la investigadora Maya Ramos Smith, especialista en las manifestaciones dancísticas de la época. En “De la fiesta teatral barroca al ballet de acción: profesionalización de los artistas del espectáculo y danza teatral durante el Virreinato”, ensayo incluido en La danza en México, visiones de cinco siglos (Escenología/Conaculta), Ramos Smith logra un profundo y esclarecedor estudio en el que establece que, tanto en el Virreinato de Nueva España como en el de Perú “las artes escénicas tuvieron un desarrollo profesional temprano y continuo, manifestaron rasgos y artistas propios, y recibieron influencias y estilos de una Europa que, unificada culturalmente, expandía su civilización al mundo, en lo que podía vislumbrarse como ya un proceso de globalización”.

El texto es profuso en datos y da una visión especializada sobre la actividad escénica virreinal. Los géneros dancísticos imperantes en la época fueron variados; por un lado estaban las danzas indígenas que fueron resemantizadas por los evangelizadores con motivos y temas cristianos; existían las danzas populares y cortesanas, que servían de entretenimiento al pueblo y a la aristocracia, respectivamente, y la danza teatral, que al igual que las demás, era practicada por profesionales.

Según Bernal Díaz del Castillo, los primeros maestros de danza llegaron en las naves de los conquistadores, y Ramos Smith recupera una solicitud al Cabildo de la Ciudad debida a maese Pedro y Benito de Bergel, fechada en 1526, para abrir una escuela; poco después, Ortiz el Músico inaugura la suya, con lo que se tienen las primeras escuelas de este tipo documentadas en el continente americano.


Corral de Comedias de Almagro

Recordemos que todas las artes convivían en el escenario y se pedía a los intérpretes que actuaran, cantaran y bailaran; la separación entre las artes se da hasta el siglo XVII. Las representaciones se hacían en espacios al aire libre o cerrados. Al crearse los primeros “corrales de comedias” –a finales de 1580 y 1590– se multiplicaron los grupos de comediantes y se intensificó la competencia entre ellos. Las representaciones seguían un orden común: comenzaba con una loa, a continuación venía la obra dramática –llamada indistintamente “comedia”–, en la cual se iban intercalando bailes, canciones o piezas cortas, para finalizar con un “ fin de fiesta o mojiganga […] Aunque la comedia constituía el núcleo de la función, la música, el canto y la danza tenían un papel preponderante, tanto en los intermedios o los fines de fiesta como dentro de las comedias cuando éstas lo requerían”.

Ramos Smith afirma que la actividad teatral se institucionaliza con el espacio fundado a principios del siglo XVII que sería conocido como Real Coliseo de México. Éste se constituyó como una empresa y dependía de los ingresos en taquilla. Asimismo, se reglamentó la profesión actoral, estableciendo derechos y obligaciones, y surgió la censura. Los maestros llegaron a ser numerosos en la Nueva España , debido no sólo a la necesidad de crear espectáculos teatrales para esparcimiento de la población, sino porque la(s) danza(s) constituían un importante medio de socialización y tenían un efecto “civilizador” en quienes las practicaban.

Con el surgimiento del ballet de acción la danza adquiere autonomía y prescinde de la palabra o el canto para contar una historia. Este nuevo género, que llega a América debido a maestros europeos en las últimas décadas del siglo XVIII, tiene una buena acogida entre las y los coreógrafos novohispanos, quienes empiezan a formarse en una incipiente técnica clásica.

Ramos Smith concluye su ensayo cuestionando las posturas –en todas las disciplinas– que sugieren que lo novohispano no es “mexicano” . El Virreinato es parte de nuestra historia y la información que sobrevive sobre la danza teatral nos da una perspectiva que alumbra la realidad actual.