Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de noviembre de 2009 Num: 766
 

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Los testigos declararon
ORLANDO ORTÍZ

Tres poemas
SARANDOS PAVLEAS

Berlín, ciudad abierta
ESTHER ANDRADI

La calle era una fiesta
YURI GÁRATE

Ossis, Wessis y döner kebab
CUINI AMELIO ORTIZ

La ciudad que más cerca queda de Berlín
LUIS FAYAD

Todo pasaba tan rápido
LUIS PULIDO RITTER

Hombre mirando al este
MARIO VÁZQUEZ

9/XI/1989: Berlín se me hizo cuento
RICARDO BADA

Lo Increible había pasado
TELMA SAVIETTO

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Alonso Arreola
labalonso@yahoo.com.mx

Subiendo la colina

Insistió durante días. Nos hicimos del rogar. Evitamos sentarnos con ella frente a la computadora para que no volviera a la carga. Incluso logramos despistarla por varias semanas, pero la reticencia fue inútil. Se había prometido mostrarnos la canción y no cejaría en su intento. Decía que era una obra maestra. Nosotros, entre ocupados e incrédulos, pensábamos que exageraba. Aunque claro, se trataba específicamente de la versión en vivo de Placebo, trío inglés que normalmente convierte en oro los covers (piezas de otros) que interpreta, y que en estudio la había registrado con éxito.

Total que una noche nos tomó por sorpresa. Estábamos medio mareados por un tinto venido en manos amistosas, y ya no pudimos soslayar su ímpetu. Accedimos a buscar en la web –en Youtube para más información– la susodicha versión de Placebo a “Running Up That Hill”, original de Kate Bush, buena cantante y mejor compositora (un tiempo esposa de Peter Gabriel), cuyo éxito abarcara gran parte de los ochenta y los noventa.

Quedamos apabullados. Ahora que la volvemos a escuchar nos produce la misma sensación de tren bajo la lluvia. Sí, Brian Molko y compañía hicieron de una gran obra, una obra maestra. La volvieron más lenta, de alguna forma le quitaron la redundancia; la desgarraron y evisceraron. Repetimos que se trata de lo plasmado en su álbum de hace tres años Sleeping With Ghosts, pero la interpretación en vivo resulta muy superior (¿la tocaron en México en su última visita? Ojalá que algún lector lo corrobore y nos lo haga saber, para que nuestro coraje sea doble por no haber asistido).


Kate Bush

Así las cosas, no quisimos que la historia terminara allí. Ya encarrerados buscamos la versión original de Kate Bush, también en concierto. Queríamos recordarla tal como la conocimos hace veinticuatro años, pues estaba más que empolvada en la memoria. Entonces nos topamos con la sorpresa de algo que, si supimos en su momento, olvidamos por completo. David Gilmour, legendario guitarrista de Pink Floyd, fue acompañante y aliado de escenario de Kate Bush durante aquellos días (reconocemos también al bajista Guy Prat de bajo de ese enorme copete ochentero… más tarde sería socio de Gilmour en Floyd; seguro que allí se conocieron).

Con mayor ingenuidad y aliento oceánico, con los sonidos típicamente procesados de tarolas, guitarras y teclados, la pieza en voz de su autora suena como un airado reclamo al destino prestado a la multitud, mientras que en manos de Placebo se trata de una resignación con olor a despedida, de un abrirse el pecho frente a la masa que sólo atestigua. Ello nos hizo continuar la expedición “sobre la colina” para averiguar quiénes más abordaron esta carta de amor espiritual cuyo deseo de alteridad es un hermoso lamento: “Si tan sólo pudiera hacer un trato con dios para cambiar nuestros lugares.” Encontramos así todo tipo de arreglos provenientes de muy distintas partes del mundo. Por lo menos veinte de ellos en discos de géneros diversos. Igualmente hallamos multiplicada la versión original, pero como banda sonora de películas, juegos de video y series de televisión, muchas veces ensambladas por simples melómanos.

Estamos de acuerdo en que esto no es tan curioso, pues basta con profundizar en el recorrido de una canción importante del pop para hallar resultados semejantes. Lo difícil, creemos, es que muchas canciones tengan el nivel poético de “Running Up That Hill”, y que al paso del tiempo hayan mejorado tanto en otras voces. Placebo superó a Kate Bush, pero también lo hicieron, por citar dos ejemplos notables, los de Spleen Uni ted & The William Blakes (qué buen nombre ¿no es cierto?) y los Chromatics. Ahí la razón de que hoy no quisiéramos editar una entrevista, ni hablar sobre un nuevo lanzamiento discográfico, ni recomendar un concierto. Hay veces que, simplemente, es bueno revisitar un “clásico extraviado” para saborear su huella al paso del tiempo; para detener momentáneamente la vorágine que tan sin filtro llega a nuestros oídos. Nos referimos sobre todo a composiciones que yacen en esa zona intermedia, entre los duros contornos de estatuas como “Hotel California” y la pasajera simpleza de un hit cualquiera en labios de Britney o Madonna.

Sirvan así estas líneas para acercarse a los muchos reflejos de “Running Up That Hill”, pero sobre todo para sembrar la semilla de una duda: ¿qué habrá pasado con tal o cual canción que nos gustaba hace cinco, diez, quince o más años? ¿Cuántas veces y quiénes la habrán pulido y renovado? ¿Era tan buena como creíamos? Innegable ventaja de internet: reconocer antiguas raíces en el follaje del presente.