Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de noviembre de 2009 Num: 766

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Los testigos declararon
ORLANDO ORTÍZ

Tres poemas
SARANDOS PAVLEAS

Berlín, ciudad abierta
ESTHER ANDRADI

La calle era una fiesta
YURI GÁRATE

Ossis, Wessis y döner kebab
CUINI AMELIO ORTIZ

La ciudad que más cerca queda de Berlín
LUIS FAYAD

Todo pasaba tan rápido
LUIS PULIDO RITTER

Hombre mirando al este
MARIO VÁZQUEZ

9/XI/1989: Berlín se me hizo cuento
RICARDO BADA

Lo Increible había pasado
TELMA SAVIETTO

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
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LA ACTUALIDAD DE EUGENIA

RICARDO GUZMÁN WOLFFER


Eugenia (Esbozo novelesco de futuras costumbres),
Eduardo Urzaiz,
1ª edición, de autor, en Talleres Gráficos Manzanilla,
Mérida, Yucatán, México, 1919.

Con Eugenia (Esbozo novelesco de futuras costumbres), novela de Eduardo Urzaiz publicada en 1919 en Mérida, Yucatán, comienza para muchos la ciencia ficción mexicana.

La ciencia ficción, entre otros rasgos propios, tiene el de hablar del presente, trasplantándolo al futuro. Cualquier texto sigue vivo si ese problema sigue sin resolverse y si la solución que plantea la novela es viable o así lo parece. En lo literario, la verosimilitud deriva de la cohesión interna del argumento y aceptamos las cosas más insólitas.

Eugenia..., más allá de su valor histórico, merece ser releída no sólo por los divertidos rasgos sexistas y discriminatorios que emanan de algunas partes del texto: que se esterilice a los defectuosos. En el mundo de Villautopía sólo los bellos y sanos procrean, pagados por el Estado. Ahí surge la relación de un joven, Ernesto, y una mujer mayor que él, Celiana. Luego de ser mantenido por años, él decide trabajar como reproductor. Después de la monogamia feliz, entra en contacto con las jóvenes reproductoras que apenas prestarán el útero: gracias a las técnicas del futuro, ese embrión germinará en el estómago de un hombre. Celiana, a pesar de ser una literata e intelectual, no soporta la pérdida del amado. El andamiaje fantástico nos lleva a aceptar a Ernesto y sus desenfrenos: sólo hace bien su trabajo, hasta que se enamora de otra trabajadora. El texto cierra con la revelación para Ernesto de querer retener al hijo de su amada.

Una novela de amor, bajo la óptica de unas condiciones novedosísimas hace noventa años que siguen funcionando, a pesar de la ficción inherente.

Eugenia... es el antecedente de la ciencia ficción mexicana actual. Esa literatura es visual, con imágenes desarrolladas en lenguaje corto y contundente. Las novelas de Bef, Gerardo Porcayo, Gabriel Trujillo, entre muchos otros, lo muestran. Urzaiz, por el contrario, explica sus propuestas: la necesidad de que el Estado supervise los nacimientos, la forma en que los bloques regionales se han organizado en el mundo, los mercados como fundamento de los Estados, entre otros. Explica a la par que desarrolla la trama.

La educación se hace mediante hipnosis; también de ese modo se obtienen las capacidades de cada persona. No hay sindicatos, ni liderezas permanentes. Las banquetas son giratorias y se evita así la fatiga a los peatones. Y, quizá el más importante, es el consumo libre de marihuana. Una vez que Celiana sabe su pérdida amorosa, se dedica a fumar marihuana con notable empeño. Tanto, que termina por perder la conciencia: “era uno de aquellos despojos que, en su marcha triunfal, el amor y la vida van arrojando a los lados del camino”.

La novela es una sátira sobre los intelectuales de pacotilla y los vividores. Mientras los de las altas clases sociales se reúnen a platicar de los más diversos temas, el representante de obreros (que incluso lleva un martillo en lugar de paraguas, como si algún día lo hubiera usado) “Miajitas”, por aquello de nunca dejar de comer “migajitas”, se hace presente y los obliga a darles de comer y beber, so pretexto del deber de unas clases con otras.

Las modas entonces consideradas futuristas resultan en un gran guiñol fársico. Los sesudos divagadores usan “gorro de terciopelo rojo” y mantas casi romanas. Las referencias son de aquellas épocas: alguno tiene “voz de tiple”; se lanzan “pullas y cuchufletas”; los mantenidos son “sabrosos” o “entretenidos” y los burguesitos son “simiente de muérdago”. Y, de una vez, algunos inventos peculiares: “aerocicletas de motor de nitroglicerina coloidal”.

Innecesariamente, en su prólogo Urzaiz ofrece disculpas aludiendo a que la locura y la cordura suelen confundirse y que él, como médico de locos, puede haberse contagiado, pues el texto funciona con esa lógica interna que es imprescindible en cualquier literatura de ficción.

Quizá lo único que podríamos reclamar de la primera edición es la falta de crédito para el ilustrador de la portada y de los interiores. Hermosos dibujos emparentados con el art déco, unos, e ingenuos trazos sobre temas trillados, otros, que refuerzan la sensación de un humor involuntario que se mezcla con la imaginería desenfrenada del autor, que aún hoy tiene mucho que decir.


DECIDIR ACERCA DE LA VIDA

RAÚL OLVERA MIJARES


La construcción de la bioética. Textos de bioética,
Volumen I,
Ruy Pérez Tamayo, Rubén Lisker y Ricardo Tapia,
FCE,
México, 2008.

La capacidad de sostenerse, crecer y reproducirse es característica esencial de todo lo vivo, aunque no es la única, hay otras funciones correlativas más básicas, como son nutrirse y excretar o bien nacer y morir. El principio y el fin de algo son, si no los puntos torales sí los más visibles, pues definen los extremos de todo proceso vital y muy en particular el del ser humano. No es de extrañar, por tanto, que las llamadas consideraciones bioéticas se dieran precisamente en el campo de la salud humana, extendiéndose luego hacia la salud de los animales y, en última instancia, la salud del medio ambiente.

Fue en 1971 que Van Rensselaer Potter, bioquímico estadunidense, escribió en su libro Bioethics. Bridge to the Future, que la humanidad necesita urgentemente de una nueva sabiduría que le proporcione el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia del ser humano y la mejora de su calidad de vida. La definición más aceptada desde 2004 es que la bioética se refiere al estudio sistemático, pluralístico e interdisciplinario de las cuestiones morales, teóricas y prácticas, surgidas de las ciencias de la vida y de las relaciones de la humanidad con la biosfera. En esta amplia perspectiva, que engloba a usuarios finales (beneficiados o víctimas en potencia), técnicos, científicos e incluso expertos en materia de moral y filósofos, la bioética se ha convertido en una de las ramas más vigorosas y florecientes del pensamiento humanístico. Objeto de interés para la bioética son problemas como la eutanasia, el suicidio asistido, la interrupción del embarazo, el consentimiento informado, la investigación con pacientes humanos, la clonación de seres vivos, la manipulación de células troncales las más de las veces extraídas de fetos, el trasplante de órganos, el mejoramiento de la raza y la modificación de las capacidades de la mente a través de fármacos.

Cuestiones tan ríspidas y actuales como la eutanasia o muerte clemente, tan debatida en Holanda donde, bajo ciertos criterios, se ha autorizado, la cual es posible caracterizar como el acto o método que aplica un médico para producir la muerte sin dolor de un paciente, a petición de éste, para terminar con su sufrimiento. La eutanasia positiva reviste dos formas: la abstención terapéutica –no se inicia el tratamiento– y la suspensión terapéutica –se suspenden los tratamientos iniciados. Temas tan moralmente controvertidos como éste, o bien el más aceptado del trasplante de órganos, donde se ha de comenzar removiendo las partes vitales cuando el paciente aún no está totalmente muerto, con el consabido debate de cuál es el criterio para declarar a alguien muerto: ¿el cese de la función cardiopulmonar, la ausencia de actividad cerebral mesurable o bien la pérdida permanente de conciencia?.



Eclipses,
Ana María Jaramillo,
Ediciones Sin Nombre,
México, 2009.

Poco más de una veintena de piezas componen este que es el más reciente cuentario de Jaramillo, que en 1993 obtuviera el colombiano Premio Nacional de Cuento Colcultura por Crímenes domésticos. Dueña absoluta de su oficio y de su estilo, la autora propone diversos acercamientos al infinito femenino, lo mismo desde el amor que desde su opuesto, ya sea tomando como punto de partida la pasión, la locura o la belleza, como facetas de una misma gema o caras de un astro súbitamente eclipsado.