Opinión
Ver día anteriorJueves 12 de noviembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

El mensaje detrás de la marcha

Retorno a la cantaleta panista

L

a movilización que se vivió ayer en la ciudad de México, se quiera o no, fue más allá de la muestra de solidaridad con el Sindicato Mexicano de Electricistas. Se convirtió en la protesta de cientos, de miles, de millones de mexicanos agraviados por un gobierno que los ha hundido en la mayor crisis de la historia de este al que algunos llaman México democrático.

Los rostros de la protesta de ayer, que desfilaron por casi todo el Distrito Federal, eran los rostros del desempleo, del hambre, de la falta de seguridad social. Eran las víctimas de la impunidad, de la violencia, de la falta de oportunidades para la educación. En fin, de todo lo que este gobierno les ha significado.

Por eso, decir que sólo fue una manifestación de apoyo al SME sería quedarnos cortos o no tratar de entender lo que pasa. Desde luego hay muchos que no tienen ni la intención de comprender qué sucede, y siguen al pie de la letra la nueva letanía de se acabó la crisis para tratar de treparse en una ola sin rumbo, al suponer que se colocan para algo mejor, pero bien saben que mienten, y se mienten.

Sí, lo de ayer fue algo más. Significó el rechazo popular al gobierno de Felipe Calderón. Fue el grito que advierte que ninguna de las mentiras lanzadas desde Los Pinos podrá ser creída, así se repita todo el día por las fercuencias mediáticas de la complicidad.

La injusticia cometida en contra de los trabajadores electricistas fue el mejor pretexto para argumentar el rechazo dada la ilegalidad y el desaseo de la medida, porque a fin de cuentas encierra todas las trampas y las mentiras que el gobierno ha levantado en contra de la gente.

Tal vez por ello, en uso de la visión política tan nublada en estos días, es que el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, decidió retrasar su salida a Estados Unidos, donde dictará conferencias. Y no fue el consejo de sus asesores lo que lo hizo tomar la decisión, que en algún momento tocó el extremo de cancelar el viaje, sino la medición puntual de lo que la protesta significó.

Aunque las pancartas y las consignas nada tenían que ver con el Gobierno del Distrito Federal, el asunto era qué tanto se podría afectar a la ciudad con actos de violencia que pudieran provenir de provocadores.

Pero la marcha de ayer sirvió también, principalmente a los panistas, para volver a la cantaleta de regular las marchas, porque según ellos afectan a quienes nada tienen que ver con el conflicto, como si el desempleo, la carestía, la quiebra económica familiar y el mal gobierno federal no tuvieran que ver con toda la ciudadanía. Como si los que protestan fueran habitantes de Marte y no de este país.

Entre los panistas volvió a surgir la idea, y entre ellos mismos se hizo la promesa de presionar en la Cámara de Diputados, y en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, de lanzar iniciativas que impidan que la gente muestre su descuerdo con el gobierno, lo que de cualquier manera sería peligroso y daría el pretexto legal a un gobierno de derecha para reprimir dentro de lo que los azules suponen que es la ley.

Queda claro, entonces, que lo que ayer sucedió no parecería el fin de un movimiento popular en solidaridad con un gremio, sino el principio de algo que deberá tender a cambiar las cosas, a impedir la opresión.

Habrá que hacer pronto el balance de lo que sucedió ayer para tener una visión clara del fondo de este asunto. El Gobierno del DF pidió diálogo entre las partes, pero lo que habría que impedir es que el poder siga violando la ley para satisfacer sus caprichos políticos. De eso se trata.

De pasadita

El fracaso en la Secretaría de Cultura del DF es tan ruidoso que sólo la sordera política impide escucharlo. Pero, cuidado, el ruido podría convertirse en breve en estallido si no se hacen cambios necesarios y urgentes. Ya nos ocuparemos de este asunto.