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Bajo la Lupa

Obama, en China: el iluso salvavidas de G-2

Alfredo Jalife-Rahme
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Después de que el presidente Barack Obama visitó China, el primer ministro Wen Jiabao impugnó las restricciones de Estados Unidos al libre comercio de productos de alta tecnologíaFoto Ap
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a agencia china de noticias Xinhua difundió la declaración del primer ministro Wen Jiabao, después de su relevante reunión con Barack Obama, bajo el título vigoroso China discrepa del llamado G-2 (18/11/09), para no dejar dudas sobre los deseos tanto de la anglósfera como del geoestratega Zbigniew Brzezinski (ver Bajo la Lupa, 26/4/09) para crear un condominio de reparto del mundo entre Estados Unidos y China.

Wen declaró que China todavía es un país en vías de desarrollo con una enorme población y tiene una larga vía por caminar antes de modernizarse, por lo que debe mantenerse serena ante los cantos de las sirenas anglosajonas.

Después de impugnar las restricciones de Estados Unidos al libre comercio de productos de alta tecnología, Wen sentenció que los temas globales deben ser decididos por todos los países del mundo en lugar de uno o dos, en clara alusión a las ilusiones estadunidenses de seguir dominando el mundo a través de un G-2.

A su juicio, una cosa es colaborar para el establecimiento del nuevo orden político (sic) y económico mundial y otra que sólo dos países determinen el futuro de la humanidad.

De Defensa (19/11/09), centro estratégico de pensamiento europeo, sopesa si la crucial visita de Obama a China dio lugar a un G-2. Se basa en el estupendo análisis de John Chan, en World Socialist Web Site (wsws.org, 18/11/09), quien proclama que la cumbre de Estados Unidos y China exhibió cismas profundos.

Más allá de la declaración conjunta que expuso los puntos de acuerdo, desde el intercambio masivo de estudiantes, pasando por la cooperación en el espacio, hasta el combate a las enfermedades, no existió arreglo en los temas cruciales de comercio, política monetaria y tasa de intercambio del dólar y el yuan, ni tampoco sobre Afganistán ni en la confrontación de Estados Unidos con Irán sobre su programa nuclear.

No ceja la vocación de dominio anglosajón mediante un G-2, primero, entre Estados Unidos y Europa, que había sido propuesto cinco años antes del colapso de la economía trasatlántica (The Financial Times, 6/10/03) por Fred Bergsten (anterior asistente de la dupla globalista Rockefeller-Kissinger, y director de Peterson Institute for International Economics), y Caio Koch-Weser (anterior viceministro de Finanzas de Alemania).

Ahora, The Financial Times (17/11/09), portavoz del neoliberalismo global, desecha a Europa y coloca en su lugar a China mediante un comité de dirección del G-2 (similar al de cinco atrás) que habrían lanzado los presidentes Obama y Hu Jintao.

El rotativo neoliberal se basa en las declaraciones de John Huntsman, anterior gobernador republicano de Utah, que han causado furor en Asia y Europa: “Solamente existen dos países en el mundo que pueden resolver ciertos (¡súper sic!) asuntos. Por lo que las reuniones realmente (sic) fueron enfocadas a coordinarse como nunca antes en los principales temas globales… No hubo tema alguno que fuera dejado fuera”.

¿Se puede ocultar a los ojos del mundo entero, ya no se diga de los afectados en Europa y Asia, la existencia de un comité de dirección del G-2, del que no estén enterados los propios chinos?

El mismo The Financial Times se encuentra plagado de contradicciones: Desde las amenazas delirantes de Martin Wolf (17/11/09), su editor económico, quien culpa puerilmente a los chinos de todos los flagelos terrestres y de la inminente guerra comercial y de divisas (que rememora la década de los 30 del siglo pasado), hasta la reseña dual de Edward Luce y Geoff Dyer, quienes señalan que la visita de Obama arrojó pocos resultados concretos (18/11/09).

De Defensa desecha el sueño guajiro del G-2 y pone en evidencia la antinomia incompatible entre China, volcada en el pacifismo defensivo, y Estados Unidos, que practica una política tradicional fundada en la coacción (sic) y la fuerza.

De Defensa y WSWS concuerdan en que “la gran cumbre fue básicamente un gran show con poca sustancia”.

A juicio de John Chan (del WSWS), en similitud con la anterior administración Bush, Obama se encuentra comprometido en el esfuerzo de rodear a China a través de una serie de alianzas estratégicas y acuerdos militares que se extienden desde el noreste de Asia hasta el sur y centro de Asia. Sabedora de las intenciones estadunidenses, China busca forjar sus propias alianzas en Asia y el mundo usando su creciente musculatura económica en forma de ayuda e inversiones. Estados Unidos solamente acepta un mayor papel para China si es en sus términos.

Suena más creíble la afirmación de Chan: Tras bambalinas, los estrategas militares en Beijing y Washington se preparan para la intensificación de su rivalidad global por influencia, ganancias y ventaja geopolítica.

En un luminoso editorial de Ding Gang, editor de People’s Daily Online (18/11/09), de entonación metafísica, queda claro que para China una cosa es mejorar las relaciones con Estados Unidos (en su acelerada etapa decadente) y otra forjar la alianza estratégica del G-2, tan anhelada por la anglósfera, la cual, en última instancia, constituye la antesala del gobierno mundial, controlado por el sionismo financiero (ver Bajo la Lupa primero y 4/11/09).

Una cosa es avanzar en la cooperación de los dos gigantes geoeconómicos globales para intentar resolver la crisis financiera (creada por la anglósfera y el sionismo financiero) –y hasta desplegar relevantes ejercicios militares conjuntos– y otra intimar en las relaciones, lo cual apremia a elevar el nivel y mirar a lo lejos, características de las que, a nuestro juicio, carece consustancialmente la teología estadunidense, fraguada en alucinógenos destinos manifiestos paleobíblicos.

Para elevar el nivel, Estados Unidos necesita asimilar el proceso evolutivo del cambio de la unipolaridad a la multipolaridad, tarea sisifiniana para sus incurables fijaciones mentales unilaterales.

Para mirar a lo lejos, Estados Unidos –el país más bélico en la historia de la humanidad (al unísono de Israel y Gran Bretaña, obviamente)– necesita asimilar el ascenso pacífico (¡extra súper sic!) de China: un gran evento de importancia vital para la humanidad en el siglo XXI.

China –una civilización milenaria frente a la ahistoricidad de Estados Unidos– no deglute los cuentos texanos edulcorados por Obama, de acuerdo con la sabia interpretación de Ding Gang: La historia ha probado (sic) que el ascenso de un gran país puede difícilmente coexistir pacíficamente con un poder dominante. A juzgar con la línea de pensamiento de la perspectiva occidental (sic) de la historia, el ascenso de una gran potencia puede significar guerra o conflicto.

Las relaciones bilaterales de Estados Unidos y China deben pasar antes una gran prueba práctica, en vista de la historia de la humanidad respecto de las diferentes civilizaciones y relaciones entre los grandes países con sistemas sociales (sic) enteramente diferentes.

Ding Gang es salubremente realista: se requieren esfuerzos meticulosos de una o dos generaciones, y aún de varias, para modular e irrumpir en las relaciones bilaterales que sufrirán altas y bajas y todavía mayores contradicciones.

Ante tanta incompatibilidad cosmogónica, ¿dónde queda el iluso G-2?

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