Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de diciembre de 2009 Num: 770

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Al pie de la letra
ERNESTO DE LA PEÑA

Anochecer
ATHOS DIMOULÁS

Vivir más allá de los libros
JUAN DOMINGO ARGÜELLES entrevista con ALÍ CHUMACERO

La ciudad letrada y la esquizofrenia intelectual
ANDREAS KURZ

Augusto Roa Bastos y el cuento
ORLANDO ORTIZ

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
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La Jornada Virtual
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A Lápiz
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Acapulco, el FICA y otras cuestiones (I DE II)

Las cuatro ediciones anteriores del Festival Internacional de Cine Acapulco, el FICA, se llevaron a cabo en el respectivo segundo trimestre de cada año. Este 2009, la presencia real e imaginaria del virus de la influenza AH1N1 impidió la realización del evento en las fechas acostumbradas y lo ubicó en noviembre, mes en el cual, según informan sus organizadores, ha de quedarse el festival de ahora en adelante.

Ojalá que la reubicación cronológica implique todo aquello que el festival se ha planteado. Por lo pronto, es innegable que la involuntaria pospuesta le sentó definitivamente mal, en dos aspectos tan insoslayables como indispensables, y que tienen que ver con presencias –o, de seguro mejor dicho, con ausencias: en primer lugar está la ausencia, el vacío que las instancias gubernamentales tanto de nivel municipal –en Acapulco– como estatal, acabaron haciéndole al FICA.

Desde sus inicios, éste ha sido un evento impulsado y sostenido, más que por cualquier otra cosa, por la saludable terquedad de Víctor Sotomayor, cabeza y origen, pero desde luego no bastan el tesón ni los recursos materiales de una sola persona para mantener con vida algo tan complejo y tan costoso como un festival cinematográfico. Este juntapalabras ignora en qué medida los gobiernos local y municipal aludidos habían apoyado anteriormente al FICA; el punto es que lo habían apoyado, y que esta vez sencillamente actuaron como si ningún evento estuviese llevándose a cabo en su suelo.

Las carencias del pueblo guerrerense son de las que uno jamás acaba de enumerar; por ende, aquella sociedad vive sometida, entre muchas otras anorexias, a una de carácter cultural que no hará sino agudizarse, en virtud de “decisiones” como dejar el Centro de Convenciones Acapulco en manos privadas –y que la Orquesta Filarmónica de Acapulco, por ejemplo, que ahí tenía oficinas y sitio para ensayar, y ahí daba sus conciertos, se vaya con sus atriles a otra parte–, o como dejar al FICA colgado de la brocha.

La otra ausencia contra la cual el FICA sigue luchando es la del público en las salas. Uno de los haberes conceptuales del festival consiste en ser, aunque no directo, heredero de otros tiempos, no muy lejanos, que cinematográficamente tuvieron en Acapulco una sede propicia, de la que muchos guardamos una memoria grata. No es que hayan sido hordas las que, en aquellos ayeres del Tour de cine francés y de la mítica Muestra, se apersonaban frente a las pantallas, pero de ninguna manera había que lamentarse, como sucede hoy, por proyecciones frente a las cuales languidecen una o dos decenas de personas, y en ocasiones hasta menos. Cabría pensar, pues, en el acapulqueño como en un público al menos medianamente afín, o como mínimo familiarizado con la presencia de un puñado de filmes que en otras circunstancias –las habituales de cartelera mediocre y colonizada hasta el tuétano– sería imposible ver, pero el caso es que las salas donde el FICA se exhibió fueron, la mayoría de las veces, auténticos páramos de ausencia.

Hay aquí, como bien puede verse, una serpiente que se muerde la cola: un público que no acude, masivamente hablando, a un evento cultural que las autoridades de su demarcación no auspician o auspician de mala gana o con flojera, autoridades que pueden ver en una baja convocatoria el pretexto ideal para no apoyar, de buena gana y sin flojera, un evento cultural que mucho bien le haría a un público que, como se dijo antes, padece de una anorexia cultural tan crónica como la que, por lo demás, puede percibirse en otras treinta y un entidades del país.

De perfil(es)

Nada de lo anterior debe hacer que se soslaye lo que quizá sea, entre todos los aspectos a mejorar, la necesidad más grande del FICA: darse a sí mismo un perfil bien definido, en estrictos términos de propuesta cinematográfica. Si Guanajuato es cortometraje internacional, Guadalajara es largometraje mexicano e iberoamericano, Morelia es documental/ cortometraje nacional y michoacano/ largo mexicano/presencia de Cannes, ¿qué es Acapulco?

Al respecto, tiene visos de buen comienzo el hecho de que en esta ocasión se haya instaurado un premio al cortometraje universitario. Algo que organizadores y programadores del FICA pueden preguntarse ahora es si basta con eso, o de qué manera el festival puede adquirir unos rasgos particulares de los que hasta ahora no ha gozado. Eso permitirá, entre otras ventajas, la no menor de que el público asistente, poco o mucho, tenga una expectativa en particular y no, como parece estar sucediendo, ninguna en general.

(Continuará)