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No van a vencernos, ratifican despedidos de Luz y Fuerza

Electricistas trasladan su huelga de hambre a Reforma
 
Periódico La Jornada
Lunes 7 de diciembre de 2009, p. 12

Pedro Lino Galicia se quedó sin empleo de vigilante en Luz y Fuerza del Centro antes de comenzar a trabajar. Estudiante del primer semestre de sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), iba a presentarse a su puesto el lunes 12 de octubre, pero mientras hacía su tarea, el sábado 10, recibió una llamada telefónica. Era para informarle que la Policía Federal había tomado las instalaciones de la compañía.

Con su padre, Juan Lino Luna, y su tío José, así como Rolando Moreno y Sergio Vallejo Suárez, cumplió ayer 13 días en huelga de hambre, de los cuales 12 los pasaron frente a la Cámara de Diputados, ante la indolencia de los diputados federales. Esporádicamente sólo los visitaron y refrendaron su solidaridad algunos legisladores de los partidos de la Revolución Democrática y del Trabajo.

Ahora, los cinco trabajadores del organismo trasladaron su campamento junto al de las diez mujeres que ayunan desde hace 15 días en el cruce de Reforma e Insurgentes. Allí también colocaron dos enormes cruces a las que se atan para simular estar crucificados.

Sergio Vallejo confía: Vamos a ganar. Creo que la justicia divina imperará, porque el egoísmo y el materialismo de los que están en el gobierno no nos van a vencer.

Los cinco hombres forman parte de familias que históricamente han llevado el uniforme con el escudo del rayo entre las letras L y F. Ese símbolo prácticamente lo tenemos tatuado y sentimos sus colores. Desde niños lo traemos, asegura Rolando Moreno, quien durante 27 años fue tomador de lectura de las cuentas especiales, las de los grandes consorcios y los edificios públicos.

Él encabeza la tercera generación de electricistas en su familia. Y sus hijos, uno que aún estudia y otro casado, serían la cuarta. Para nosotros fue un golpe muy fuerte, contundente, lamenta. En el local sindical él y su familia, junto con otros trabajadores despedidos, montaron un espacio con recuerdos, comida y, en esta época, nochebuenas y arbolitos que les trajeron de Necaxa.

Pedro Lino es de San Andrés Tomatlán, Iztapalapa. El daño que el decreto presidencial causó en su entorno fue tal, asegura, que ayer uno de sus tíos, que visitó el campamento, les avisó que el pueblo estuvo vacío, a pesar que fue la fiesta del santo patrono.

No es justo lo que nos hicieron, porque no somos sólo nosotros y nuestras familias. Es toda una cadenita. En mi colonia casi todos somos electricistas o trabajábamos para Luz y Fuerza, relata.

Pedro tiene una hermana que requiere un aparato auditivo para escuchar. Necesita ir a una escuela especial para sus terapias y cuatro días después que cerraron la empresa se le descompuso el dispositivo y mi papá se vio obligado a vender algunas cosas para pagar las terapias, porque a los despedidos ya no les dan atención médica en el Seguro Social. No somos sólo 44 mil trabajadores, cuéntele cuatro o más en promedio por cada uno de nosotros, cuestiona Juan Lino Luna, de 41 años, y antigüedad de cuatro en Luz y Fuerza como vigilante en el campamento Belem de las Flores.

Ahora dicen que vivíamos con lujos. ¿Es un lujo tener seguro para una niña que necesita terapia del lenguaje? Para mí no. Seguimos sosteniéndola, porque tampoco podemos apartarla del mundo. Por eso nos aferramos y estamos aquí.

Su esposa y la niña lo visitaron ayer. Ahora su pareja vende carteras y gomas artesanales para borrar. Fuimos por unas chácharas al centro para ir saliendo, porque esto de la protesta es de equipo.

José Lino es su hermano, tiene 35 años y estaba asignado a registro de servicios, área que hacía contratos a domicilio en las colonias marginadas y que, de acuerdo con el pacto de calidad, debía levantar el censo e instalar el medidor a más tardar en cinco días hábiles. Es soltero, pero él se encarga de sus padres. Su mamá sufre de artritis reumatoide, está en silla de ruedas y ya no recibe atención del Seguro Social.

Yo estoy aquí para que la sociedad abra los ojos, que haga conciencia. Que se den cuenta de que la campaña contra nosotros no es cierta. Aquí estoy hasta la victoria, exclamó.

Sergio Vallejo es de Necaxa. Empezó a trabajar como electricista a los 16 años y a los 40 estaba asignado a cables subterráneos. Iba a ese municipio cuando recibió la noticia de la extinción de la empresa. Dijo: Una de mis luchas es por rencontrar el trabajo. Estoy seguro de que siempre gana la razón y la razón la tenemos nosotros.