Opinión
Ver día anteriorJueves 10 de diciembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Todo queda en familia

Prevalecerá la ineficiencia de los cuates

L

ento, pero seguro, al ahora inquilino de Los Pinos le llevó 11 años cobrar la factura. Finalmente se le hizo: mandar a paseo a Guillermo Ortiz, aunque ello implique trasladar de Hacienda al Banco de México la probada ineficiencia del doctor catarrito, Agustín Carstens, el aplicado soldado del señor presidente que, si el Senado lo ratifica en el cargo, a partir de ya se encargará de la autonomía del banco central. Y para redondear el numerito, Felipe Calderón decidió mover al electorero Ernesto Cordero, con sus 6 millones de pobres adicionales durante su estancia en Sedesol (y lo que acumule en 2009), a la Secretaría de Hacienda, y encargar el asistencialismo oficial (que ellos llaman política social) a un empresario sinaloense –senador panista con licencia– que hasta ayer se dedicaba –versión oficial– a promover pequeñas y medianas empresas en la Secretaría de Economía, junto al eficiente Gerardo Ruiz Mateos.

Todo queda en familia, en el círculo íntimo y con perspectiva para 2012, con el único mensaje claro: la fracasada política económica no se moverá un milímetro, se mantendrá la ineficiencia de los cuates, y de paso se perfila la sucesión, aunque quede claro que es verdaderamente misérrima la caballada del calderonismo, cuando su jamelgo es el itamita Ernesto Cordero, uno de los responsables del vertiginoso crecimiento de la pobreza en México, cuya única virtud es ser amigo del amigo, a quien debe todo tipo de huesos: el puesto en Banobras (director de Administración Integral de Riesgos), en la Secretaría de Energía (subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico), en la campaña electoral (coordinador de Políticas Públicas), y ahora en lo que llaman gobierno (subsecretario de Egresos en Hacienda y Crédito Público, titular de la Sedesol). Todos los cargos y virtudes de la mano de Felipe Calderón (la misma historia de Juan Camilo Mouriño).

A este amigo íntimo le ha encargado la diezmada Secretaría de Hacienda, mientras públicamente presume estar convencido de presentar al Senado la mejor candidatura para gobernar el Banco de México, es decir, la de Agustín Carstens, el fallido doctor catarrito, hasta ayer titular de la SHCP, quien deja su voluminoso cuan indeleble sello: devaluación, subejercicio presupuestal, vertiginoso endeudamiento interno y externo, raquitismo fiscal, quiebra de las finanzas públicas y desplome de entre 7 y 8 por ciento del producto interno bruto en 2009, entre tantos otros elementos, virtudes que no parecen sustentar la referida presunción calderonista.

Así es. Si el Senado de la República le hace el favor a Calderón, aunque sea en contra de los intereses nacionales, el doctor catarrito despachará en la oficina que por 11 años ocupó Guillermo Ortiz, desde la cual fortalecerá la tesis autonómica del banco central y su independencia de Los Pinos, según ha dejado en claro el propio Carstens: yo estoy para ayudarle al señor presidente, y si quiere que me vaya al Banco de México lo haré.

El hasta ayer titular de la Secretaría de Hacienda tiene una virtud: conoce muy bien el funcionamiento del Banco de México. Tanto, que, por ejemplo, fue pieza importante en uno de los incontables asaltos a la nación perpetrados por la familia financiera del sector público: como director de Investigación Económica (1994-1998) de esa institución colaboró decididamente en el armado y operación del rescate bancario, vía Fobaproa, con los dos gobernadores del banco central (Miguel Mancera Aguayo y Guillermo Ortiz, éste primero como secretario de Hacienda de Zedillo) que a los mexicanos sólo les costó –les cuesta– 20 por ciento del PIB (sin considerar la extranjerización del sistema de pagos).

Se supone que el citado atraco provocó el arrebato público de Felipe Calderón de exigir (1998) la decapitación de Guillermo Ortiz como gobernador del Banco de México, aunque lo cierto es que en privado no sólo avaló el uso de dineros públicos para fines privados, sino que, como presidente panista, instruyó a su bancada en San Lázaro para que votara favorablemente por la legalización de la voluminosa deuda producto del referido rescate. De hecho (Foro Económico Mundial, Davos, Suiza, febrero de 2009), el doctor catarrito reivindicó el Fobaproa, al destacar que en el rescate bancario se hizo lo mejor que se pudo. Y lo celebró mientras Felipe Calderón compartía el pan y la sal con Ernesto Zedillo –ahora te comprendo mejor, le dijo tiernamente al ex mandatario– y proponía un Fobaproa mundial para salvar la crisis. También por esas fechas el actual inquilino de Los Pinos presumía a su muy buen equipo económico, probablemente uno de los mejores del mundo.

Eso sí, los amigos reacomodados por el amigo no pararon en compromisos. Agustín Carstens dijo que si el Senado lo palomea retomará (¿?) la senda del crecimiento económico acelerado, multiplicar los empleos y abatir la pobreza, algo que se supone tenía que haber hecho desde la Secretaría de Hacienda, independientemente de que ninguno de esos elementos se cuenta dentro de las funciones del Banco de México. Algo similar pronunció Ernesto Cordero, especialmente lo relativo a la pobreza, algo que le correspondía como titular de Desarrollo Social, pero su paso por esa dependencia (cifras oficiales) le costó al país 6 millones de pobres adicionales.

Por si fuera poco el tino, a Felipe Calderón se le ocurrió designar titular de la Secretaría de Desarrollo Social a Heriberto Félix Guerra, ex integrante del Consejo Sinaloense de Hombres de Negocios, fallido candidato panista a gobernador de Sinaloa en 2004, senador blanquiazul con licencia y hasta ayer subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa de la Secretaría de Economía. Es de suponer que su padrino es el siempre atinado cuan efectivo Gerardo Ruiz Mateos, otro amigo del amigo.

Como siempre, surge una duda cuando se dan este tipo de movimientos de piezas. A la hora de los discursos, el funcionario removido (Carstens, en este caso) resulta el mejor de todos, el más valioso y exitoso del equipo, el de mayores logros, el que promovió avances históricos, etcétera, etcétera, lo que de ser cierto invitaría a no moverlo de la posición de la que precisamente se le desplaza. Si el doctor catarrito tuviera todas las virtudes, las capacidades inmejorables, resumidas por Calderón en su perorata matinal de ayer, ¿para qué cambiar la pieza, la joya del gabinetazo? ¿A quién se le ocurre?

Las rebanadas del pastel

¿Qué no fue el propio inquilino de Los Pinos quien planteó la alternativa de seguir en la inercia o impulsar cambios de fondo para transformar el país? Pues bien, con los nombramientos de ayer optó por la primera.