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En enero de 2010 termina muestra del artista en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco

Innegable, el lugar de Renau en la cultura visual contemporánea

El propósito de la exposición es restituir al valenciano su sitio en la memoria colectiva como activista político e intelectual comprometido, afirmó Jaime Brihuega, curador

 
Periódico La Jornada
Lunes 28 de diciembre de 2009, p. 6

Tal vez el pintor y diseñador gráfico Josep Renau (Valencia, 1907-Berlín, 1982) sea más conocido por organizar, en su calidad de director general de Bellas Artes del gobierno republicano, la salvaguarda de los cuadros del Museo del Prado, amenazados por los bombardeos de los sublevados, o por encargar a Pablo Picasso un cuadro, que resultó ser Guernica, para ilustrar el pabellón español en la Exposición Universal de París, en 1937.

Sin embargo, al exiliarse en México, en 1939, tras la victoria franquista, el pintor Renau cultivó el muralismo al participar en la realización de Retrato de la burguesía (1940) en la escalera de la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas, junto con los mexicanos David Alfaro Siqueiros, Luis Arenal y Antonio Pujol, y los españoles Antonio Rodríguez Luna y Miguel Prieto.

En febrero de 1946 comenzaron a realizarse los murales del hotel Casino de la Selva, en Cuernavaca, cuya obra principal fue España hacia América, de la autoría de Renau, conjunto que fue destruido en 2001.

Uno de los propósitos de Josep Renau (1907-1982): compromiso y cultura, exposición itinerante montada en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, que concluye en enero de 2010, es contribuir a restituirle su justo lugar en la memoria colectiva como activista político, intelectual comprometido más allá de los meros principios generales, polemista infatigable y certero, grafista prolífico, pintor que se resistía a encerrarse en su interior, cartelista excepcional, fotomontador implacable e ilusionado muralista, de acuerdo con Jaime Brihuega, curador de la muestra de 250 piezas.

La noche de la inauguración, Francisco Camaño, ministro español de Justicia, expresó que Renau es el artista exiliado que llega a México y continúa fiel a su visión del arte como instrumento de la política, por eso ve en el muralismo un potente cauce de expresión que marcará en el futuro toda su obra.

Hoy venimos a rendirle homenaje a un hombre que creyó en los valores, afirmó José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Que vivió en sus valores, que tuvo el compromiso sistemático y permanente a lo largo de su historia. Un hombre que para muchos puede ser una revelación; que entendía efectivamente que en la política tenía que haber arte y que éste nunca es neutral.

Foto
La exposición en el Centro Cultural Tlatelolco se integra por 250 piezas, entre grabados, carteles y bocetos. Arriba, fotomontaje Southern Suspense, de la serie The American Way of LifeFoto tomada del catálogo

De Valencia a México

Abierta primeramente en la Universidad de Valencia, en 2007, con motivo del centenario del natalicio de Renau, la exposición se divide en cuatro núcleos temáticos: Tiempos de República: entre la formación y el compromiso (1926-1936); España en guerra (1936-1939); Cruzando el océano: el exilio en México (1939-1958), e Imágenes para atravesar el muro: en la República Democrática Alemana (1958-1982).

Cabe señalar que para su itinerancia aquí se amplió la presencia de la obra realizada durante su estadía en tierra mexicana. Esta aportación está compuesta por pinturas sobre caballete, obra gráfica de diversa índole, carteles cinematográficos, así como abundante documentación sobre las dos grandes empresas de pintura mural arriba mencionadas. La obra incorporada ha sido recogida en un segundo tomo del catálogo, subtitulado Zum sobre el periodo mexicano.

Al recorrer cronológicamente su producción, queda patente “cómo Renau sintonizaba, sucesivamente, con las propuestas comunicativas de su tiempo. El art déco, el primitivismo telúrico de la poética de Vallecas, la herencia del activismo gráfico del dadaísmo comprometido, así como su continuidad en las sucesivas poéticas visuales del radicalismo político germano y en muchos registros de la sensibilidad novo-objetivista de entreguerras, la vocación colectiva del gran muralismo de los mexicanos, el constructivismo realista de tiempos de la guerra fría, el reverso miserable de los mass-media...”, indica el curador Brihuega.

En 1949, Renau comenzó, mediante el fotomontaje, la que sería una de sus grandes series: American way of life. “Nadie puede negar hoy, y nadie lo hace –apunta Brihuega–, el importante lugar que Renau ocupa en la historia de nuestra cultura visual contemporánea. Pero tal vez por la compleja naturaleza del tiempo que nos toca vivir, la dimensión abierta y conscientemente política de su trabajo ha ido pasando a ocupar la categoría de un rasgo secundario. Lo cierto es que no se puede abordar a Renau sin anteponer, como verdadera premisa sine qua non, ese compromiso ideológico, social y explícitamente político que mantuvo a lo largo de toda su vida”.