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Los británicos se alistan para recordar los 250 años de la muerte del músico alemán

Tras décadas de olvido, reviven la obra de Händel por toda Gran Bretaña
Adrian Hamilton
The Independent
Periódico La Jornada
Sábado 2 de enero de 2010, p. 4

Venga la estación, venga el Mesías. Por toda Gran Bretaña, coros de aficionados y orquestas profesionales se aprestan a ejecutar la imperecedera obra de Händel en el 250 aniversario de la muerte del sajón que se vino a vivir entre los anglos.

¿Por qué este singular amor por la obra de un alemán? El propio Handel no tenía dudas. Cuando el compositor Christoph Gluck, a quien le habían encargado una ópera para Covent Garden, le pidió un consejo sobre lo que le gustaba al público inglés, es fama que Händel contestó: Ah, eso es muy sencillo: les gusta la música de la que puedan llevar el compás.

Y sí, la dama que estaba sentada a mi lado en el concierto en el Barbican, la semana pasada, llevaba el ritmo con los pies. Más aún, el público, para mi sorpresa, todavía se puso de pie para el coro del Aleluya, que es el clímax, no de la pieza, sino de la segunda de sus tres partes. Sólo Handel pudo atreverse a poner el más magistral de sus coros en medio de la obra y salirse con la suya.

Pero la popularidad del Mesías, al contrario de sus críticos, no obedece a que sea una colección de tonadas que se puedan tararear. Lejos de ello. Lo que asombra, por muchas veces que se escuche, es la forma en que se va construyendo conforme coro, solista y orquesta, y las secciones del coro, se rebotan unos a otros los temas con sus expresiones de fe y plenitud. Aunque al parecer el compositor sajón parece tenía una inamovible convicción protestante, jamás fue abiertamente religioso ni sentimental al respecto.

Más bien era humano: un artista que amaba las flaquezas y fantasías de hombres y mujeres, y que entendía que los británicos somos un pueblo singularmente enamorado de las puestas en escena.

Nuestro humorismo deriva de ese amor, sea que asumamos el papel del cínico observador, el participante apasionado o cualquier otro. Y ese rasgo británico de expresar cariño o intimidad mediante las puyas deriva de una afirmación de complicidad. Toda la vida es una actuación. Cada uno de nosotros lo sabe y nos caemos mejor por eso, siempre y cuando no nos tomemos demasiado en serio.

Ese sentido de desempeñar un papel, la adopción de una postura y la emoción, se presta en particular para la ópera barroca, con sus largas arias estáticas, y es lo que impulsa las óperas de Händel, que ahora se reviven con tal profusión luego de décadas de olvido. Él entendía absolutamente la vanidad, los berrinches y los cambios de humor de la diva, el castrato o la soprano.

El Mesías, escrito en Dublín y estrenado en 1742, pertenece al principio de la gran secuencia de oratorios de Händel, forma a la cual se volvió después que la ópera pasó de moda en Londres. Con ella creó una tradición singularmente británica de dramas de sala de conciertos.

Händel jamás perdió el sentido de lo operático en lo bíblico. Pero tampoco perdió la calidez de su humanidad. Puede que su contemporáneo JS Bach haya sido más mesurado y espiritual, y que Joseph Haydn haya tenido más inventiva musical, pero Händel estaba de nuestro lado, actores que somos. Por eso en toda Gran Bretaña seguimos tocando su canción.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya