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Disquero
Feliz año 2010, Feliz Año Chopin
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Pablo Espinosa
disquero@jornada.com.mx
Periódico La Jornada
Sábado 2 de enero de 2010, p. a12

Entre las efemérides para 2010 no hay duda que los grandes reflectores enfocarán a Chopin, cuyo bicentenario se traducirá en ediciones especiales (en unos días aparecerá la del sello alemán Deutsche Grammophon), festivales, conciertos de gala, recitales únicos y toda la parafernalia para un compositor cuya popularidad es fastuosa.

Es previsible que no sucederá lo mismo con Robert Schumann, quien también es bicentenario este 2010, porque su éxito entre las masas no se compara con Chopin, así se trate de un binomio representativo, arquetípico del artista/músico del romanticismo en estado puro.

Capítulo aparte será el de Gustav Mahler, cuyo sesquicentenario se cumple este año y en 2011 el centenario de su fallecimiento. Es uno de los autores dilectos del Disquero, seguramente habrá ediciones conmemorativas también, y es un músico ya consolidado en el gusto del público. Pasó de autor de culto a exquisitez de multitudes.

Por lo pronto, ocupémonos del gran Chopin.

La primera pregunta es: ¿por qué si a Chopín le dicen Chopán, a Agustín no le dicen Agustán?

Era broma, cortesía de don Dagoberto Silva.

Mientras aparecen las ediciones conmemorativas, pongamos en el aparato reproductor algunas de las joyas discográficas que pueden conseguirse por doquier, porque son consideradas de catálogo.

Una opción estupenda es Sala Margolín (Córdoba 100, casi esquina con Álvaro Obregón), donde el maestro Luis Pérez comparte sus inmensos conocimientos sobre todo tema musical.

¿Los mejores pianistas especializados en Chopin?

Los hay a mares. Destaquemos por lo pronto a unos cuantos, en ejemplares cuyas portadas aquí mostramos.

Claudio Arrau es un portento en Beethoven, Mozart, Schubert y Chopin, entre otros autores. Hace años salió al mercado un disco que es una delicia: Chopin & Champagne, con un subtítulo incitador: Preparándose para el romance, en una de esas series producto de la imaginación de quienes luchan a brazo partido para sostener el mercado de la música clásica.

(A manera de divertimento, solacémonos con algunos subtítulos de esa serie, de la marca Philips: Mozart a la medianoche, pequeña serenata para desvelados; Barroco en la tina, relajante serenata para lavar penas; Vivaldi para enamorados, interludios para ti y el amor de tu vida; Bach para bebés, jugando y afinando cerebritos; Rachmaninoff romántico, pasión, romance, amor y erotismo; Mozart para futuras madres, canciones de cuna para bebés in utero; Mozart al despertar, para acompañar el primer café del día.)

El disco Chopin & Champagne inicia con el movimiento lento del Concierto 2 de Chopin y siguen nocturnos, berceuses, valses, preludios, para concluir con el movimiento lento del Concierto 1. Una delicia, con champán. Y luego, lo que sigue.

Otro gigante del pianismo, Arthur Rubinstein, ejecuta 14 valses, 4 improptus y el Bolero de Chopin. Este material es un tesoro discográfico, remasterizado bajo el sello RCA Victor/ BMG Classics.

Hay una caja, de la firma Opus 111, con dos discos, en el primero 23 mazurkas y en el segundo nueve polonesas. El pianista es Janusz Olejniczak, pero pueden ser otros maestros los protagonistas: Barenboin, Ashkenazy, Lang Lang, Nadia Reisenberg, Evgeny Kisin o el que quiera o mande usted.

Un pianista exquisito en Chopin es el maestro Arturo Benedetti Michelangeli y una de sus grabaciones óptimas se consigue bajo el sello Deutsche Grammophon en su serie Legendary Recordings. The Originals, donde esplende en 10 mazurkas, la Balada opus 23 y el Scherzo opus 31. Un bombón.

También la Deutsche Grammophon reunió en un álbum de dos discos a tres grandes pianistas chopinianos: Maurizio Pollini, Martha Argerich y el ruso Anatol Ugorski, quien por cierto se presentó recientemente en la Sala Nezahualcóyotl con gran éxito interpretando precisamente a Chopin, además de Scriabin y Mussorgsky.

Pero no pasa nada si no consigue el lector ninguno de los discos aquí mencionados. La discografía chopiniana es tan inmensa como rica en posibilidades, prácticamente no hay grabación que no resulte extraordinaria y llega a confines tan finos como versiones con músicos polacos haciendo Chopin en jazz.

Chopin, o Chopán (no se llamaba Agustín ni Agustán, sino Federico), escribió océanos de solfas: dos conciertos para piano y orquesta, por lo menos dos sonatas inmortales, 19 nocturnos, 24 estudios, 26 preludios, 13 valses, cuatro baladas, cuatro fantasías, 11 polonesas, 54 mazurkas...

Feliz Año Nuevo. Feliz Año Chopin (y Schumann y Mahler et al).