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Ofrece disculpas a deudos por haber calificado de pandilleros a jóvenes masacrados

Exigen juarenses la salida del Ejército; se queda: Calderón

Ante fuertes reclamos, el Ejecutivo presenta la estrategia integral contra la violencia

Cuestionan varios puntos de la propuesta; el mandatario ofrece regresar para seguir afinándola

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Jóvenes que exigían dialogar con el presidente Felipe Calderón, durante el foro Todos somos Juárez, fueron reprimidos por agentes de la Policía Federal fuera del Centro de Convenciones CibelesFoto Ap
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Calderón en Ciudad JuárezFoto Ap
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Foto: Reuters
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Foto: Reuters
Enviada
Periódico La Jornada
Viernes 12 de febrero de 2010, p. 3

Ciudad Juárez, Chih., 11 de febrero. Ante las severas protestas de representantes de la sociedad civil, que demandaron la salida de los militares de esta localidad, el presidente Felipe Calderón subió la voz y, golpeando el atril con el puño, respondió tajante: El Ejército no se retira de Ciudad Juárez, exigió pruebas de los mil abusos denunciados y ofreció sus sentidas disculpas por haber llamado pandilleros a 15 jóvenes asesinados.

En una reunión que se prolongó más de cuatro horas, a la que tuvo acceso un selecto grupo de invitados, dadas las fuertes medidas de seguridad aplicadas por la visita presidencial, tanto Calderón como el gobernador de Chihuahua, el priísta José Reyes Baeza, terminaron por reconocer su responsabilidad por la violencia que se vive aquí y prometieron jalar juntos.

Al foro llamado Todos somos Juárez. Construyamos la ciudad, el Presidente acudió acompañado por cinco secretarios de Estado; Arturo Chávez, procurador general de la República, y Jorge Tello Peón, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, para presentar la denominada estrategia integral contra la violencia, que plantea seis ejes: combatir la pobreza, mejorar seguridad, salud, educación, desarrollo económico y empleo, así como la creación de espacios recreativos.

Rechazo a más de lo mismo

Varios puntos de ese plan fueron cuestionados, por ser más de lo mismo, por líderes comunitarios, defensores de derechos humanos, universitarios y representantes religiosos, por lo cual el mandatario federal anunció que se trata de una propuesta que deberá ser corregida y ofreció regresar el miércoles próximo para seguir afinándola.

Once días después de la matanza de 15 jóvenes, Calderón y los integrantes de su gabinete viajaron a Ciudad Juárez, convertida en búnker.

A su llegada al aeropuerto había francotiradores apostados en la torre de control, y luego de sostener una reunión con el gobernador Reyes Baeza fue escoltado por decenas de patrullas y motociclistas por las calles, en las que militares armados hacían rondines e instalaron retenes.

Al Centro de Convenciones Cibeles, Calderón llegó con su esposa Margarita Zavala y su comitiva con unas dos horas de retraso, porque se prolongó la charla que tuvieron antes con los familiares de las víctimas.

Relató que ante los deudos reconoció el malestar y la irritación que provocaron sus declaraciones acerca de que los adolescentes ejecutados formaban parte de un grupo criminal y corrigió: aseveró que eran estudiantes ejemplares.

Pero cualquiera que hubiera sido el sentido de mis palabras, les dije a aquellos padres de familia que les presentaba y les ofrecía la más sentida de las disculpas, si cualquiera de esas palabras hubiera ofendido a ellos o a la memoria de sus hijos.

Asumió que todos son responsables de esta situación, y sostuvo que si esas muertes tienen sentido, será para rectificar y reforzar lo que se está haciendo.

Después de escuchar exigencias de que los militares abandonen las tareas de seguridad pública en esa ciudad, el Presidente emplazó a los juarenses a presentar pruebas de los mil casos de desapariciones forzadas y de otros delitos atribuidos al Ejército.

Porque así como no se vale que haya abuso de ninguna autoridad, tampoco se vale denostar a soldados mexicanos que están arriesgando su vida por otros ciudadanos, expresó. Entonces se escucharon algunos aplausos.

Reconoció que seguramente ha habido abusos de los soldados en Ciudad Juárez e hizo una férrea defensa de la institución castrense, a la cual le hemos cargado unas tareas que abnegada y lealmente ha desarrollado.

Puso como ejemplo el trabajo realizado aquí por el general Felipe de Jesús Espitia, comandante de la quinta Zona Militar, mención que generó algunos abucheos.

Ofreció que gradualmente se reconstruirán las policías, pero el Ejército no se retira de Ciudad Juárez; seguirá realizando apoyo subsidiario, porque si se va, provocaría un golpe terrible más grave aún para la seguridad de Juárez. Su labor, manifestó, será establecer perímetros de seguridad y trabajar en otros municipios, como Guadalupe, Praxedis y Palomas.

Interrumpido frecuentemente por los cuestionamientos de los asistentes al foro, Calderón reconoció con franqueza que las reticencias, desconfianzas y las diferencias políticas han sido obstáculo para trabajar con eficacia en seguridad. En ello todos somos responsables y yo también asumo la responsabilidad que corresponde al Ejecutivo federal, afirmó.

Prometió trabajar con el gobernador Reyes Baeza, con quien dijo que sostuvo una plática franca en el aeropuerto de Ciudad Juárez, y concluyeron que tenemos que jalar juntos con el ayuntamiento, gobierno del estado y la Federación.

Ayúdeme, señor Presidente

Reyes Baeza recordó que este es un año electoral; planteó que quienes deben debatir son los candidatos y no es tiempo de imputarse culpas, porque todos son responsables. Si empezamos por el reconocimiento, yo soy el primer responsable de lo que pase en Chihuahua y le pido que me ayude, señor Presidente.

A lo largo de las intervenciones de Calderón y de los secretarios de Estado varios asistentes plantearon su escepticismo. Uno de ellos dijo que si transcurrían 15 días más se multiplicaría el número de muertes.

Yo no quiero ser irresponsable al decirle que lo vamos a arreglar en 15 días, respondió Calderón, e insistió en que el problema va a tomar tiempo, dinero y vidas humanas de soldados y de gente inocente.

Las dudas planteadas por los ciudadanos juarenses se debían a que las medidas sociales son similares a las del anterior plan, como el fortalecimiento del programa escuela segura, becas educativas y planes de empleo.

En la lista de promesas, el secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix, incluyó hasta construir una cancha de futbol en memoria de los jóvenes asesinados, crimen que llevó a los funcionarios a encarar por primera vez las protestas de la población.

Cercado por estas impugnaciones, Calderón señaló: Ustedes conocen mejor Juárez que nosotros, esa es la verdad, y propuso la creación de un consejo que vigile el cumplimiento de los objetivos planteados.