Opinión
Ver día anteriorSábado 20 de febrero de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los ojos del Gran Hermano
D

entro de nuestro trasnochado nacionalismo nos acomoda muy bien el rechazo a cualquier juicio que provenga del exterior. Cualquier opinión o señalamiento es tomado como una violación a nuestra soberanía. Esto tiene varios efectos, quizá uno de los importantes es aislarnos en forma cognoscitiva del universo, cada vez más interdependiente, comunicado y participativo que es el de este siglo. De ello se deriva la incapacidad para hacer correcciones de rumbo, trazar nuevos destinos y sobre todo identificar riesgos y oportunidades que están situados en el exterior.

Esa idea que podría ser auténtica y hasta inobjetable se verifica con casos como el de una publicación hecha en el Daily Telegraph, periódico londinense de prestigio, en el que publican un reporte del US Joint Forces Command, organismo del Pentágono creado hace 10 años, que está especializado en escrudiñar el futuro mundial y sus efectos sobre Estados Unidos.

En él se destaca que para el futuro mediato dos países colapsarán con singulares efectos sobre la seguridad nacional de esa nación, Pakistán y México, y que ambos derrumbes deberán ser menguados en sus efectos con la intervención de diversas fuerzas estadunidenses: financieras, comerciales, migratorias, etcétera, sin descartar, y por eso el encargo hecho a un estamento militar, la intervención de las fuerzas armadas.

En los pasillos de Washington suena cada vez más la idea de que el vecino mexicano es lo que algunos teóricos denominan Estado fallido y ven con suma preocupación que tal situación aumente la inseguridad regional. El escenario de que México y Pakistán pudieran sufrir un colapso rápido se encuentra considerado dentro del reporte en el capítulo denominado Estados débiles y fallidos.

El increíble informe del Departamento de Defensa considera a los dos países como susceptibles de una intervención armada estadunidense. El informe y su juicio consideran un Estado fallido a aquel que por débil ha perdido el control práctico y real sobre su territorio, de manera literal, lo que se expresa por el hecho de que no hay en él un gobierno efectivo

Con lo anterior se quiere decir que un gobierno tiene éxito si es capaz de mantener el monopolio del uso legítimo de la fuerza de la ley y de la fuerza física. Cuando este monopolio se quebranta por la presencia de elementos insólitos, como fuerzas guerrilleras, terrorismo, corrupción extrema, ineficacia judicial, interferencia militar en la política o alta criminalidad como la del narcotráfico, la misma existencia del Estado es puesta en duda, ya que el gobierno ha fallado en su misión fundamental: proteger los más altos intereses de su población.

Aunque dichos elementos insólitos en nuestra realidad resultan inobjetables, tanto que tienen al gobierno contra la pared y han marcado ya su registro histórico, se ha decretado por su parte que su discusión resulta inaceptable. Sencillamente no existen.

Todos estos juicios son coincidentes, salvo matices, con aquellos que han producido otros departamentos, como el de Estado, de Energía, etcétera, y es la suma de ellos lo que priva en la mente de los altos dirigentes estadunidenses.

El gobierno, como la opinión pública informada, está al tanto de estas consideraciones. Lo están sólo porque con el tiempo todas ellas han acabado por nutrir las páginas de múltiples publicaciones.

No estaría enterado sin esas filtraciones, ya que sus órganos de integración e interpretación de información de este rango sencillamente o no existen o no lo consideran su deber, y más bien, como definición existencial, son repelentes a todo aquello que se sepa o se diga en el exterior y que no cuadre con la visión divina del gobierno. Así nos ve el Gran Hermano, ante la ceguera nuestra, la del que no quiere ver.