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Un militar argentino se apropió de él tras nacer durante el cautiverio de su madre

Presentan Abuelas de Plaza Mayo al nieto número 101
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Abel Pedro Madariaga (izquierda) posa junto con su hijo Francisco, recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo. Su madre, la doctora Silvia Quintela, fue secuestrada por la dictadura militar. A la derecha, aplaude la presidenta de la organización humanitaria, Estela de CarlottoFoto Ap
Stella Calloni
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 24 de febrero de 2010, p. 27

Buenos Aires, 23 de febrero. La presidenta de Abuelas de Plaza de mayo, Estela de Carlotto presentó hoy a Francisco Madariaga Quintela como el primer nieto del bicentenario, el último joven que recuperó su identidad y que fue robado a su madre al nacer en un centro clandestino de detención durante la pasada dictadura.

En realidad es el nieto recuperado número 101 ya que el pasado lunes, por un error de información en un primer comunicado de organismos humanitarios, se hablaba del nieto número 100.

Entre lágrimas y sonrisas, el joven Madariaga Quintela, hijo de la doctora Silvia Quintela, secuestrada por la dictadura militar el 17 de enero de 1977, cuando estaba embarazada de cuatro meses, apareció junto con su padre Abel Madariaga y rodeado por sus familiares y las abuelas.

Abel es secretario de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, organización a la que acudió en 1983 para la búsqueda de su hijo, y ha participado en infinidad de búsquedas de más de 400 niños apropiados por los militares de la pasada dictadura.

Carlotto también relató que Madariaga fue detectado en este caso por propia iniciativa del joven, que tenía serias dudas sobre su identidad y se acercó a la institución. El trámite fue muy rápido. No imaginaba que en ese lugar estaba su padre que había recorrido muchos caminos para encontrarlo.

También destacó que las autoridades hicieron un trabajo excelente por el riesgo de vida que corría el joven e incluso la propia familia biológica, debido a la alta peligrosidad del militar que se lo había apropiado, que aunque está detenido por otra causa es un hombre en extremo violento.

Quien se lo apropió recién nacido, después de ser arrancado a su madre, fue el capitán retirado del ejército y ex carapintada Víctor Alejandro Gallo, que fue condenado en 1997 a 10 años de prisión por su participación en la llamada masacre de Benavides.

“Yo sentía que no pertenecía a esa familia porque eran muy violentos (…) Fueron 32 años de angustia, de vivir mucha violencia y maltratos. Ha sido una historia oscura que por fin terminó”, dijo el joven al resumir el momento del rencuentro con la frase tener identidad es lo más lindo que hay, mientras abrazaba a su padre en un día luminoso y esperanzador para las abuelas.

Muchas de ellas festejan cada recuperación como si fueran sus propios nietos, mientras esperan una señal que los lleve hacia los suyos, ya que no saben dónde ni en manos de quién están.

Por otra parte, el Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad se presentó hoy ante la justicia para exigir que se impida el uso de las pistolas Taser por parte de la Policía Metropolitana, creada por el gobierno de Buenos Aires que encabeza el derechista Mauricio Macri, al considerar que constituyen un elemento de tortura.

El amparo solicitado por ese organismo humanitario está basado en la Convención contra la Tortura de Naciones Unidas, que afirma que estas armas constituyen elementos de tortura.

Recuerda además que la convención de Naciones Unidas forma parte de los tratados internacionales incorporados con rango constitucional a la Carta Magna de la nación y a la ciudad de Buenos Aires, y se hace la presentación para evitar “situaciones de impunidad policial ante un uso abusivo de las armas Taser, que producen una descarga eléctrica de 50 mil voltios y no dejan marcas en el cuerpo de una persona.