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René Drucker Colín, director de Divulgación de la Ciencia, inauguró este espacio

Dedica Universum una sala al cerebro y a sus miles de secretos

Mediante equipo interactivo, el visitante podrá explorar y comprender el funcionamiento de las neuronas, qué es el sueño y cómo ocurren las enfermedades neurológicas y degenerativas

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René Drucker Colín, Juan Ramón de la Fuente y José Narro, rector de la UNAM, durante el recorrido inauguralFoto Carlos Cisneros
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Jueves 25 de febrero de 2010, p. 2

El cerebro es uno de los principales retos para la ciencia de este siglo, pues aún guarda una enorme cantidad de secretos. Conocer su funcionamiento, el origen de las enfermedades degenerativas y neurológicas, sus alcances y cómo reintegrar la red neuronal debe ser objeto de estudio de los especialistas. Este órgano representa la última frontera de la ciencia.

Con la finalidad de difundir lo que hasta ahora se sabe del cerebro, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mediante la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC), inauguró ayer la sala El cerebro, nuestro puente con el mundo, en el Museo de las Ciencias Universum.

Al recorrer el espacio el visitante encuentra elementos que le ayudan a comprender el funcionamiento de las neuronas, los sueños, el lenguaje del sistema nervioso, cómo funcionan los sentidos, y otras funciones de éste. el órgano más importante de los individuos, el gran organizador, el director de la orquesta, aseguró René Drucker, titular de la DGDC e impulsor del proyecto.

La sala permanente, primera en su tipo en América Latina y una de las pocas a escala mundial, incluye la serie Paisajes neuronales, conformada por imágenes microscópicas de las neuronas basadas en el trabajo de Santiago Ramón y Cajal, médico e histólogo español que obtuvo el premio Nobel en 1906 por su trabajo sobre el cerebro.

¿De qué hablarían dos cerebros? La pregunta encuentra respuesta en un par de representaciones interactivas de este órgano que platican; una explica a la otra cómo hace el cerebro para desarrollar los cinco sentidos.

Otra de las secciones de la sala tiene que ver con la relación entre el cerebro y el ambiente. En ella tratan de resolverse varias interrogantes: ¿Cómo reacciona el cuerpo ante los estímulos?, Las estrategias del cerebro para resolver problemas, ¿Qué es la memoria y el aprendizaje?, ¿Cuáles son los principales trastornos del sueño?, ¿Cómo entiende el cerebro el tiempo y el espacio? y ¿Cómo construye ideas?, entre otras.

A la mitad de la sala hay un túnel de 30 metros de longitud totalmente oscuro. Al atravesarlo, el visitante explora el entorno, siente, toca y olfatea para saber dónde se encuentra.

También se incluye una exposición con cerebros reales de aves, reptiles, peces y mamíferos y la materia gris humana, así como una cadena del tiempo con la evolución de este órgano.

Una mirada a las funciones del sistema nervioso

Drucker Colín explicó que en la sala las personas aprenderán cómo trabajan las neuronas, el impulso eléctrico y la transmisión química entre ellas; cómo ocurren las enfermedades neurológicas; qué es el sueño, qué es el reloj biológico y cientos de funciones más del sistema nervioso.

El científico señaló que este órgano aún encierra miles de misterios que la ciencia tendrá que resolver. Se sabe mucho de cómo funciona la neurona a nivel celular, pero falta entender cómo se integra la red neuronal, pues existen 100 mil millones de neuronas que interactúan y se comunican.

Otra de las incógnitas es cómo el cerebro trae a la mente información que pareciera perdida. Drucker Colín puso un ejemplo: Encuentro a una persona que no veía desde hace 20 años; charlamos y de repente me pregunta si me acuerdo de Juan López; de inmediato lo recuerdo, viene a mi mente su imagen en cuestión de un milisegundo. La pregunta es cómo hace el cerebro para traer información a tal velocidad de algo que estaba fuera de mi pensamiento.

Drucker, también investigador del Instituto de Fisiología Celular, informó que el proyecto se montó gracias a la colaboración del equipo de Universum y con recursos propios de la UNAM, que ascendieron a 13 millones de pesos, pues aun cuando se buscó el apoyo de empresas farmacéuticas y químicas no hubo interés en patrocinarlo.

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