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Esculturas e instalaciones de Carissa Rodríguez, en galería Gaga

Busque el ghost registra el consumismo y el supuesto estatus que dan las marcas
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Domingo 28 de febrero de 2010, p. 4

Una réplica en bronce de una bolsa de papel del restaurante Nobu, favorito de las celebridades, yace en el piso de la galería Gaga (Durango 204, colonia Roma). Se ve tan real que inclusive sus asas son de cuerda negra, sin embargo, su autora, la artista y escritora estadunidense Carissa Rodríguez (Nueva York, 1970), pide no levantarla de forma acostumbrada por lo pesado de la pieza.

La escultura forma parte de Busque el ghost (Busque el fantasma), primera exposición individual de Rodríguez, de ascendencia filipina, en la ciudad de México. Dice la entrevistada que una mañana, al despertar, encontró en su refrigerador una bolsa del emporio. Como ésta tiene un acabado metálico, a la artista se le ocurrió darle forma en bronce, y así hablar de la pesadez de la vida, no sé, como una manera de identificar el nombre y como la comida japonesa a veces es traducida en forma instantánea de posición social o conocimiento, la posibilidad de consumir otra cultura.

Busque el ghost es el segundo capítulo de un proyecto más amplio que se inició con la exposición Cherchez La Ghost en New Jersey y Basilea, Suiza, en 2009. En ella, Rodríguez quiso registrar la aparición de tipo fantasmal en las mercancías y superficies del mundo material, por ejemplo, en espectáculos populares, como los videoclips de YouTube, así como la iluminación en la moda y cómo la luz, al proyectarse sobre ciertas telas o superficies, vuelve los objetos más deseables y, por ende, más vendibles.

La muestra también tiene que ver con el consumo conspicuo y una cierta identificación con nombres de marca que pueden incrementar la posición social propio, o por lo menos eso piensa uno.

Aparte del bronce, la muestra comprende un letrero iluminado, una instalación consistente en una pantalla y un video, y seis impresos que son escaneos de encaje.

El video, explica Rodríguez, es la pista sonora de clips de YouTube de celebridades –Madonna, Mariah Carey, Paris Hilton o Britney Spears– saliendo de Nobu. La pantalla originalmente era la marquesina del local antes de ser galería, y anunciaba la venta y el mantenimiento de impresoras, escaners, proyectores de video. Lo que hizo fue “quitar el letrero y transformarlo en una pantalla al emplear una pintura llamada tv white, con la que se puede pintar la mayoría de las superficies y convertirlas en una pantalla de proyección. La instalación se llama Estrella distante.

En lugar del letrero quedó una pizarra blanca, con los bulbos fluorescentes vueltos a colocar, cuyo título es Stellet licht, o Luz silente, en referencia a la película de Carlos Reygadas.

Chantilly es el nombre de la serie de impresos escaneados de muestras de encaje, pero sin cerrar la cubierta, de allí que se ven reflejados colores de la luz ambiental. Rodríguez explica: Aquí me interesó la relación entre la producción mecánica textil y la programación de computadoras. Estuve en Saint Gallen, Suiza, donde hay una de las fábricas más antiguas. Para producir encajes en el medievo existían condiciones específicas respecto de la luz. A veces los ojos de las trabajadoras se dañaban al intentar hacer este pedazo de lujo para la clase aristócrata o la realeza, así que había una relación laboral. Me gustó la idea de aplicar luz al encaje.

Aunque Rodríguez no se considera innovadora en la tecnología, le gusta trabajar con las superficies, o formas de comunicación, producto de ella. Señala que existe una especie de sintaxis o mecanografía verbal, como el envío de textos, en la medida en que el lenguaje se ha abreviado por el uso de correo electrónico y el mensajeo, es decir, la computación electrónica. Me gusta ver dónde queda la narrativa personal en esa forma de comunicación.