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La producción de esas sustancias químicas determina el temperamento, señalan expertas

Tras el enamoramiento, la relación depende de ciertos neurotransmisores

A mayor dopamina, la persona es más inquieta, aventurera; si es más la serotonina, más tradicional; en caso de la testosterona es directora, y si hay más estrógenos, negociadora, explican investigadoras de la UNAM

Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Martes 2 de marzo de 2010, p. 2

El amor es un proceso químico complejo que no entra por la vista, sino por el olfato. Los humanos –al igual que muchas especies– despiden sustancias químicas que generan atracción o repulsión hacia otros, por lo que el enamoramiento es en principio un instinto netamente animal. Sin embargo, en ocasiones no basta con hacer química para que una relación amorosa funcione. Se ha descubierto que los temperamentos (generados por la presencia de ciertos neurotransmisores en el cerebro) están ligados al proceso amoroso.

Gilda Flores, investigadora del departamento de ciencias biológicas de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que en el proceso amoroso intervienen varios neurotransmisores en el cerebro que “provocan una cascada de sentimientos.

La frase popular de hacer química es muy cierta. Todos los humanos producimos en las células de la piel, sobre todo en axila y entrepierna, sustancias (feromonas) de peso molecular muy pequeño que al ponerse en contacto con la temperatura corporal pasan al estado gaseoso. Eso es el aroma.

El olfato humano es capaz de detectarlas a 50 metros. Los receptores se ubican dentro de la nariz, en el órgano vomeronasal.

Sustancia del amor

La investigadora explicó que al recibir la sustancia adecuada, los receptores mandan una señal al sistema nervioso que llega hasta el tálamo –en el cerebro–, en el que se produce en respuesta gran cantidad de la feniletilamina, conocida como sustancia del amor.

En esta etapa también aparecen en el cerebro, en mayor medida de lo habitual, otras dos sustancias: dopamina, que provoca temblor en los enamorados, y norepinefrina, que hace reaccionar el músculo liso y se siente en estómago e intestino delgado, generando las llamadas mariposas en el estómago.

La mezcla de estas tres sustancias genera cierta inconsciencia. No se oye, ni se ve ni habla bien; por ello se perciben los latidos del corazón, se siente que falta el aire, aumenta el ritmo cardiaco y se dilatan las pupilas.

Para el primer flechazo no es necesario que una persona nos atraiga físicamente. El principio es muy biológico por las feromonas. Detectar el aroma es inconsciente, no tienen que ver el juicio, la toma de decisiones ni el aprendizaje, es completamente animal.

Una vez concluida esta fase, viene el proceso hormonal en el que los enamorados en todo momento se tocan y se olvidan del razonamiento. Cuando esto sucede intercambiamos más sustancias químicas hormonales, la química es mucho más cercana. Se producen en mayor cantidad la serotonina (neurotransmisor de la alegría) y la endorfina, que genera sensaciones de gusto y satisfacción. Es la etapa en la que hormona mata neurona. Los enamorados se abrazan y besan, y viene un desfogue que va subiendo hasta la relación sexual, punto en el que se completa el ciclo.

Foto
Los amantes, de la artista danesa Gerda Wegener, 1889, tomada del libro The Third Illustrated Anthology of Erotica, editado por Little, Brown and Company

Pero no basta estar enamorado para que una relación funcione. De acuerdo con la investigadora estadundiense Helen Fisher, cada ser humano tiene temperamento distinto debido a que en su cerebro hay mayor producción de algún neurotransmisor, que puede ser dopamina, serotonina, testosterona o estrógeno-oxitocina.

Al respecto, Beatriz Georgina Montemayor, de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que quienes tienen mayor presencia de dopamina son seres aventureros, exploradores e inquietos. Les gusta la novedad, viven el aquí y el ahora, disfrutan y están para ellos mismos. Son muy atractivos, pero es complicado seguirles el paso. También son muy afectivos, pero no se quedarán mucho tiempo en una misma relación. No es que sean malos, sólo que así es su temperamento.

En el caso de más serotonina los individuos son constructores. Son personas tradicionales, con gran aprecio a los valores y apego a las costumbres. Sólo están a gusto con otro individuo igual. Son esas parejas que tienen 30 o 40 años de casadas y prefieren todo antes que el divorcio.

Planificadores y arriesgados

A quienes tienen mayor producción cerebral de testosterona –sin importar el género– se les denomina directores: toman decisiones rápidas, asumen riesgos y hacen cálculos. Siempre piensan en el mañana, planean. Esos individuos se hacen adictos al trabajo, quieren ascender.

Con más estrógenos y oxitocina, las personas son catalogadas negociadoras: les encanta estar en familia; son simpáticos, tienen 2 mil 528 amigos; además son muy empáticos, cuando un cuate necesita algo, ahí están; son promotores de los derechos de los animales, de separar la basura, cuidar sus mascotas y a su familia; son flexibles, aguantan lo mismo estar en una reunión superseria que en un reventón.

Montemayor aseguró que la opción es buscar a la pareja con un temperamento compatible o, en su defecto, corregir el propio. Las mejores combinaciones son constructor con constructor y director con negociador. El explorador necesita otro igual, pero es difícil que su relación sea duradera; si éste hace un esfuerzo puede buscar un negociador. porque se adapta.