Opinión
Ver día anteriorMartes 9 de marzo de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Juárez: hacia la autonomía
Marco Rascón
L

a violencia en la frontera norte ha creado condiciones semejantes a las que se dieron por la insurrección indígena en 1994 en Chiapas: la demanda de autonomía.

La incapacidad para dar respuesta integral al problema indígena extiende sus consecuencias hasta el delta, donde se unen el río Bravo y el fin del territorio. La violencia sin adjetivos, los visos de paramilitarismo y la incapacidad gubernamental frente a la violencia comprometen la unidad territorial de la República y han creado condiciones para que surja en el norte del país la demanda de una salida autonómica.

Si la máxima institución de seguridad de la República, es decir, el Ejército, no ha sido capaz de detener la violencia y, por el contrario, empieza a generarse que su presencia de guerra no es parte de la solución, sino del problema, esto ha debilitado la conciencia de los ciudadanos de Ciudad Juárez como parte de la integridad territorial y la soberanía.

La definición de guerra que el mismo gobierno dio al combate al narcotráfico y a las organizaciones criminales implica una definición de territorio y economía que ahora se proyecta como un conflicto de seguridad nacional, y ya se ha demandado la presencia de los cascos azules de la Organización de Naciones Unidas para mediar entre el Ejército y el enemigo fantasmal que combate, mientras mueren decenas diariamente en números de guerra.

Los acontecimientos de la violencia irracional, rayana en el terror y sólo a la altura de los conceptos de limpieza étnica en los Balcanes, dejó claro que la población de Juárez no piensa que el Ejército Mexicano le brinde seguridad y que ante ello asuma la posición de neutralidad, que abre el camino hacia la conciencia de autonomía.

Esta salida tiene su fuente histórica en el norte. En Ciudad Juárez, entre 1983 y 1986, el Partido Acción Nacional promovió el separatismo después de la lucha electoral que dio por aquellos años y de su ascenso estatal. Igualmente, impulsó el rechazo al centro y la animadversión al sur. Con la expansión de la industria maquiladora y el aumento de la migración, la sociedad juarense en particular se refugió en el deslinde y fue socavada su situación por una violencia sin prisa, pero sin pausa.

Si se va más al pasado, el sentimiento autonómico proviene de Texas y su vía de anexión a Estados Unidos, vía la autonomía y la independencia local llevada a cabo por Lorenzo de Zavala. Se podría recordar también que bajo la bandera del liberalismo y en nombre de la República restaurada, se realizó la lucha contra las tribus indias en el norte, mismas que fueron justificadas como luchas contra la barbarie. Todavía en la capital de Chihuahua engalana la estatua a Joaquín Terrazas, héroe de tres Castillas, que celebra el final de los apaches y la muerte de Victorio y otros jefes apaches. En el parte de Terrazas al gobernador se reportan 78 cabelleras de indios, entre ésas seis de mujeres y niños, y las otras de guerreros que combatieron hasta el final y desgarraron la ropa para no dejar nada ante el despojo que sobrevino. Esto explica por qué los indios de la frontera se declararon antimexicanos y por qué se pasaron al norte y al final aceptaron el esquema de las reservaciones indias, aún existentes, que apoyaron el separatismo y el anexionismo, vía la autonomía.

Ante la incapacidad del gobierno central y local para integrar y otorgar seguridad en los territorios azotados por la violencia, se abren condiciones inéditas para Ciudad Juárez, donde no hay sustento fiscal ante instituciones que no garantizan el trabajo y la seguridad de los habitantes. Se desmorona no solamente la seguridad, sino la sustentabilidad de la integridad territorial, más cuando la vecina ciudad, El Paso, Texas, se hace cada día más boyante en términos económicos y presume de ser una de las más seguras de Estados Unidos. La fuerza del comparativo y las realidades extremas contribuyen al crecimiento de la idea de la autonomía.

Hoy, ante la guerra definida sin repliegues, con una estrategia confusa; ante un enemigo inmenso, por su número de muertos, que no se desalienta ante el poder y el uso frontal de la fuerza del Estado, nace la opción autonómica en Ciudad Juárez y otras regiones de la frontera norte. ¿Habrá México del norte y México del sur?

¿Tendrá conciencia el gobierno de Felipe Calderón de las consecuencias de una guerra mal declarada? ¿Cuál es el balance preciso de esa guerra respecto de las fuerzas del enemigo que enfrentan; cuál es su situación y hasta dónde puede prolongarse el conflicto? ¿Para qué tanto aparato de inteligencia si no pueden reportar la dimensión del enemigo? ¿Quién declarará la rendición en nombre de ellos? ¿Qué pasará con la guerra al término del gobierno que la defiende? ¿Habrá continuidad o un pacto secreto?

La prolongación y la insistencia en sostener una guerra mal definida y la violencia sin adjetivos han llegado a un límite. Si no acaba, los ciudadanos, en busca de seguridad, optarán como salida por una demanda: la autonomía a costa de la integridad territorial y la soberanía.