Opinión
Ver día anteriorMartes 16 de marzo de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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En la búsqueda de alternativas
L

o que podría llamarse la oligarquía mexicana sólo es posible porque la oposición política a ella está subordinada, dependiente, y son eslabones de la misma cadena que le sirve y apoya.

La principal característica de la oposición formal es su falta de independencia y lo que haría diferente una opción de opereta como la que existe, de una verdadera, no es la agresividad del lenguaje, los insultos y la descripción de que la oligarquía existe, sino la capacidad y madurez para proponer caminos distintos, construir opciones y definir cuál es el enemigo principal.

Una tarea fundamental de los que sustituyeron al PRI en los gobiernos era construir y defender como responsabilidad histórica la imposibilidad de regreso al viejo régimen. Esto no significaba ni eran necesarias alianzas electorales, pues en 2006 el viejo régimen se fue a un lejano tercer lugar, sino solamente establecer las nuevas reglas de la gobernabilidad para sustituir la vieja estructura por un funcionamiento moderno del Estado mexicano y sus instituciones. Para ello era necesario que las dos fuerzas principales, que en un momento gozaron de 70 por ciento de la representación legislativa, se pusieran de acuerdo en las reformas fundamentales para el cambio y la estabilidad, arrasando las viejas reglas escritas y no escritas que constituyeron la cultura priísta, anidada tanto en el Estado como en la sociedad.

El peligro central para la oligarquía era que uno de sus pilares políticos –sostén de los monopolios, proteccionismos, discrecionalidad, contratismo, exención fiscal, privilegios, control social y concesiones– estaba debilitado electoralmente y por tanto en la representación legislativa.

Frente al juego de tres, los dos de mayor fuerza se enfrentaron y convirtieron al PRI en el fiel de la balanza, regresándole la fuerza con el poder de veto, pues en esas condiciones la fuerza política del viejo régimen no podía unificar al país, pero sí impedir que se hiciera gobierno sin ellos.

Tras el repunte priísta en 2009, lo que no se hizo se convierte ahora en alianza electoral pragmática, en lucha ciega por el poder y reparto de los presupuestos. ¿Por qué hoy lo que se considera fundamental para derrotar al PRI en las gubernaturas no se hizo en 2006 bajo el concepto no de gobiernos, sino de un proyecto consecuente de transición?

Los pactos secretos y el intercambio de posiciones son el aborto de las reformas del Estado. Contra el PRI se alían PAN y PRD en lo electoral para disputar territorios en la carrera presidencial, pero hay pactos permanentes entre todos para defender el sistema de partidos, las concesiones, las exenciones y monopolios como ha sido el caso.

Las alianzas entre PRD y PAN no significan cambios cualitativos, sino salidas pragmáticas para que votemos por el menos peor. Es una competencia de clientelas y estructuras corporativas, no de democracia. Para la izquierda en lo particular, ha sido la claudicación en la lucha por la democracia y los derechos ciudadanos y una contribución al retraso del país y su descarrilamiento.

Ya no basta y no es posible seguir bajo los mismos términos de la oposición política subordinada a las encuestas, el barajar de personajes en pos de candidaturas, midiendo en mítines lo que significa vacío de programas y propuestas. La construcción de una opción verdadera debe ser colectiva, de ideas y programas, trabajando por la unidad conceptual y la integridad política. Son tiempos de empezar de nuevo, de sembrar, y no de reconocimientos o posicionamientos personales, que bajo estas reglas no significan cambio de nada, sino sustitución de un mal por otro.

Hoy, la oligarquía se mantiene sólo por la falla intelectual de la oposición crecida, pero ineficiente; capaz de cuestionar, pero incapaz de unificar al país, definiendo un rumbo distinto. La oposición simulada, funcional para el sistema de partidos, es ya inservible para resolver la cuestión nacional.

La búsqueda de alternativas pasa por definir en lo conceptual el significado de progresismo, democracia, cambio, reformas, diagnóstico y propuestas en las condiciones actuales. Impugnar siglas es fácil; deslindar en los hechos intereses particulares de los generales es difícil. Reivindicar la política necesariamente pasa por sujetar la práctica a la ética y los principios.

Si del sectarismo se pasó al oportunismo; si de la polarización se fue al pragmatismo, y hoy se hace política sobre las cenizas de las posibilidades quemadas, la opción es regresar a una política de principios, pensando un nuevo país, haciendo de las reglas y condiciones actuales una crisis.

La liberación nacional es una necesidad en todos los sentidos. La reconstrucción es ya exigencia táctica y estratégica, o salida autoritaria.

El próximo 18 de marzo, fecha de logros y definiciones nacionales, más la llegada de la primavera tras el largo invierno de enfrentamientos y violencia, es el momento para hacer pronunciamientos de fondo ante la crisis que vive el país.