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Obama se compromete, en un videomensaje, a forjar un consenso bipartidista este año

Reforma migratoria integral, el grito de miles en Washington

Trabajadores, líderes sindicales, del clero y defensores de indocumentados colman el Mall

Los inmigrantes nutren este país con su trabajo y por ello ya son ciudadanos: Jesse Jackson

Lázaro Cárdenas Batel, Porfirio Muñoz Ledo y Martín Esparza, entre los manifestantes

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Procedentes de Dallas, Illinois, Oregon, Carolina del Norte, Georgia, Arizona, California y otros puntos estadunidenses, miles de trabajadores indocumentados exigieron ayer en Washington una reforma migratoria integral, prometida por Barack Obama durante su campañaFoto Ap
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 22 de marzo de 2010, p. 28

Washington, 21 de marzo. La primavera llegó este año aquí con el grito bilingüe de sí se puede de decenas de miles de inmigrantes y sus defensores para demandar al presidente Barack Obama y a los líderes legislativos que cumplan con su promesa de impulsar una reforma migratoria integral.

En lo que fue la primera manifestación masiva de las bases que ayudaron a Obama a llegar a la Casa Blanca, más de 100 mil (los organizadores calcularon 200 mil) inmigrantes y sus defensores llegaron de unos 35 estados de la unión para inundar el Mall –enorme parque central frente al Capitolio–, con el objetivo de presionar a la cúpula política de este país a promover una reforma migratoria integral este año.

Obama, en una maniobra de última hora, transmitió un videomensaje a la enorme concentración, donde recordó que él mismo se había sumado a una marcha y manifestación con la misma demanda hace cuatro años en Chicago, y reiteró que nunca ha abandonado su compromiso de reformar un sistema migratorio descompuesto. Agregó que una reforma es crítica para la seguridad y la prosperidad del país, y se comprometió a hacer todo lo que esté en mi poder para forjar un consenso bipartidista al respecto este año, lo cual le valió una ovación y elogios de los congregados.

Sin embargo, muchos reconocieron que el presidente no se comprometió a impulsar una ley de reforma este año, y ante las condiciones económicas del país, más la dinámica política de un año de elecciones legislativas intermedias, todos saben que con cada día que pasa se reducen las perspectivas de lograr una reforma integral en 2010.

Las palabras son bonitas, pero se las lleva el viento. Queremos acciones, exigió María Rodríguez, dirigente de la Florida Immigrant Coalition, desde el podio poco después del mensaje de Obama.

En demanda de acciones, y no de palabras, que unas 400 personas viajaron 20 horas en autobús desde Dallas, y otros cientos más de lugares tan lejanos como Oregon. Decenas de autobuses llegaron desde Nueva York, Carolina del Norte, Illinois, Georgia, Arizona, California y más. No bla, bla, bla. Queremos la reforma ya, coreaba un contingente.

Por otros lados se escuchaban coros de Obama, escucha, estamos en la lucha y Queremos amnistía para tu tía, y amnistía para la mía. Pasaban mantas en las que se leía: ningún ser humano es ilegal y educación sí, deportación no junto a las siempre presentes imágenes de la Virgen de Guadalupe.

Los grandes protagonistas de este día fueron los trabajadores inmigrantes y sus familias, aunque en el podio se turnaban una infinita lista de políticos, líderes sindicales, del clero y profesionales de las agrupaciones latinas y de derechos inmigrantes de Washington que tras casi cuatro horas de discursos lograron agotar al mosaico que representa el futuro de este país. Sin embargo, la presencia del cardenal Roger Mahoney, de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, con varios presidentes nacionales de sindicatos, líderes de las principales organizaciones latinas como LULAC, Southwest Voter Registration and Education Project, Consejo Nacional de la Raza, Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas y NALEO, y diversas comunitarias, y por primera vez, de organizaciones como MoveOn.org (con cinco millones de miembros), fue muestra de la existencia de una coalición amplia, como pocas, en torno a una demanda política. Por ello Obama envió su mensaje y por ello varios legisladores federales acudieron al acto.

El representante federal Luis Gutiérrez demandó acción de la cúpula política al hablar ante los manifestantes (fue el primero en proponer esta movilización). En declaraciones a la prensa y a preguntas sobre si será posible lograr una reforma este año, dijo: si el proceso legislativo no rinde fruto, nosotros tendremos que salir a las calles.

Además de la infinita variedad de organizaciones migrantes de todas las esquinas del país –la abrumadora mayoría latinoamericanos, y de ellos gran parte mexicanos, pero también coreanos, irlandeses y más–, fue notable la presencia de organizaciones y líderes afroestadunidenses en esta ocasión.

El reverendo Jesse Jackson, en declaraciones al inicio de una marcha que se sumaría a la gran concentración y después con periodistas, enfatizó que somos la coalición del pueblo, somos la coalición del futuro, al hablar de la alianza entre afroestadunidenses e inmigrantes. Subrayó que los inmigrantes nutren este país con su trabajo, y que por ello ya son ciudadanos, y es obligación del gobierno reconocerlo.

El cardenal Mahoney, quien habló en inglés y en español, denunció la continuación de redadas contra inmigrantes y dijo que los niños quedan separados de sus padres. Por ello, esta manifestación obliga a los líderes de Washington a escuchar las historias cotidianas de los inmigrantes, y afirmó que no cesaremos de defender los derechos de los inmigrantes.

La amplia gama de fuerzas y personalidades también ofreció mezclas sorpresivas. En el podio coincidieron, junto a dirigentes latinos, sindicales y religiosos, figuras como Lucía Méndez, Eddie el Piolín Sotelo, Juan Hernández, ex consejero de Vicente Fox y después asesor de la candidatura presidencial de John McCain, y el representante Lincoln Díaz Balart.

Y entre quienes acompañaron a los manifestantes estuvieron políticos y dirigentes mexicanos, entre ellos el ex gobernador de Michoacán Lázaro Cárdenas Batel, quien fue repetidamente saludado por paisanos – yo soy de Apatzingán, y mi hijo tiene corazón de Michoacán, pero nació aquí, le comentó una mujer.

Dirigentes del Sindicato Mexicano de Electricistas, entre ellos su secretario general Martín Esparza, asistieron a la marcha. Viajaron a Washington para hacer una visita a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y para dialogar con representantes de la Organización de Estados Americanos, así como con contrapartes sindicales estadunidenses. Esparza declaró a La Jornada que estaba en esta manifestación de trabajadores inmigrantes porque la lucha obrera no tiene fronteras; la lucha aquí es la misma que en México.

Porfirio Muñoz Ledo también andaba en la marcha, después de concluir una reunión interparlamentaria, recordando su trabajo en el asunto migratorio desde hace décadas.

Todo concluyó, por fin, con un poco de música: la banda texana Los Lonely Boys, ganadora del Grammy, cerró con un rock para reanimar y dar fuerza a quienes ahora vuelven a todas las esquinas del país, muchos ya decididos a regresar a las calles para demandar justicia. Unas playeras lo afirmaban: indocumentado, pero sin miedo.