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Reúne a miles en la Alameda del DF

Debemos seguir siendo rebeldes, exhorta AMLO

Jóvenes, con una pregunta sin respuesta

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Miles de personas escucharon a López Obrador en el Hemiciclo a JuárezFoto Carlos Ramos Mamahua
Jaime Avilés
 
Periódico La Jornada
Lunes 22 de marzo de 2010, p. 7

Tal como se esperaba, Andrés Manuel López Obrador reiteró ayer, ante miles de personas reunidas en la Alameda capitalina, las líneas generales de su proyecto político, de cara a las elecciones presidenciales de 2012, en un discurso que dejó satisfechos a los militantes de la tercera edad, no así a los jóvenes que se retiraron del mitin con una gran pregunta que no encontró respuesta.

En una mañana soleada y festiva, que desde el estallido violeta de las jacarandas proclamaba el inicio de la primavera, la resistencia civil pacífica celebró el aniversario número 204 del nacimiento de don Benito Juárez, alzando banderas y pancartas que exigían la renuncia de Felipe Calderón y confirmaban su apoyo al gobierno legítimo.

Antes de López Obrador hubo otros dos oradores de fondo. Rocío Nahle, especialista en el tema de los energéticos, habló de la crisis que sufre Petróleos Mexicanos. A su vez, el poeta y analista político Pedro Miguel presentó a Benito Juárez un informe acerca del estado desastroso que guarda la nación mexicana.

“El cártel de los banqueros y empresarios, tan nocivo como los demás”, denunciaba un hombre desde una humilde pancarta, mientras extrañas banderas rojas, con una calavera a guisa de escudo, pasaban lista de presentes a nombre de los jóvenes de Tulyehualco.

Una mujer vestida como Sor Juana Inés de la Cruz cargaba una inmensa cartulina que parodiaba un clásico poema, alusivo a los levantacejas electrónicos: Hombres necios que acusáis a la resistencia civil sin razón..., y por aquí y por allá, entre grandes fotografías de López Obrador impresas en los talleres gráficos del PT y banderas del PRD, pululaban personas vestidas con camisetas del golpeado y reprimido Sindicato Mexicano de Electricistas.

Procedente del estado de Jalisco, donde recorrió varias regiones para supervisar la organización de los comités municipales afiliados al gobierno legítimo, el máximo dirigente opositor de México leyó una eficaz pieza oratoria, en la que logró encandenar, sin aburrir a nadie, 15 frases que empezaban con las mismas tres palabras: Hay crisis porque...

Hace 27 años la oligarquía gobierna en beneficio de unos cuantos. En las dos décadas pasadas un pequeño grupo ha saqueado al país. Ha privatizado los bienes de la nación. El petróleo, el gas y la electricidad han sido explotados irracionalmente en provecho de trasnacionales y políticos y empresarios corruptos.

Y porque de 1988 al día de hoy (de Salinas a Calderón) el gobierno ha entregado 12 por ciento del territorio nacional a tres consorcios: Grupo México, Peñoles y Carso y a mineras canadienses asociadas con políticos del PRI y del PAN. En este punto, la mención de Carso, propiedad de Carlos Slim, provocó en el gentío gritos en contra del hombre más rico del mundo.

El ex jefe del Gobierno del Distrito Federal continuó: hay crisis porque la economía nacional permanece estancada, se abandonaron las actividades productivas del campo y la ciudad, los potentados no pagan impuestos, se protege a los monopolios vinculados al poder, el presupuesto se destina a mantener los privilegios de los altos funcionarios, (y porque) no se garantizan los derechos constitucionales al trabajo, a un salario digno, a la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social y el bienestar del pueblo.

Y además porque se ha marginado a los jóvenes, y porque imperan la corrupción y la impunidad, y porque un grupo secuestró las instituciones, y porque en suma, en México domina la oligarquía y no hay una auténtica democracia.

El experimentado político tabasqueño abordó por último los temas más candentes de la agenda política nacional –el naufragio del gobierno calderónico en los estados de la República controlados por el narcotráfico, y la visible injerencia del gobierno de Estados Unidos en los asuntos internos del país–, pero antes puso todo el énfasis de su discurso en lo que llamó las tres tareas básicas de nuestro movimiento.

A saber, que los comités municipales, estatales (y) distritales, que se han constituido, se encarguen de crear comités territoriales en todos los barrios, pueblos y colonias de México.

Dos, tenemos que seguir convenciendo a más ciudadanos, hombres y mujeres libres, a adherir a nuestro movimiento que, como dijo Pedro Miguel, ya cuenta con 2 millones 500 mil. Pero no se trata, agregó, de un asunto cuantitativo sino cualitativo, porque cuando se convence a otro, éste se compromete a luchar junto con nosotros por la transformación del país.

Y, tres, “ayudar a distribuir casa por casa el periódico Regeneración”, siguiendo el ejemplo de los hermanos Flores Magón que, un siglo atrás, fundaron un órgano con ese nombre que representa “lo que hoy necesita nuestro país, y si no le hubiéramos puesto así, se habría llamado El Despertador, porque eso es lo que queremos, despertar al pueblo”.

Una vez que hubo precisado las tres tareas básicas, y sin proponer medidas concretas contra la reforma laboral presentada al Congreso por el PAN la semana pasada, rechazó explícitamente las alianzas del PRD-PT-Convergencia con la ultraderecha gobernante (no perdamos el tiempo en estar viendo lo que hace la llamada clase política), y dedicó los últimos párrafos de su arenga a la inminente intervención de Estados Unidos en la vida pública de México, debido a los catastróficos resultados de la guerra contra el narcotráfico, y llamó a sus simpatizantes a hacer política para hacer historia y a seguir siendo rebeldes ante la opresión.

El acto culminó cuando la cantante Denise Villuendas entonó el Himno Nacional, y lo hizo con tan buena voz que al terminar algunos pidieron a coro ¡otra, otra!, cosa que por desgracia no era posible, así que entonces la muchedumbre se descompuso en miles de pequeñas partículas que echaron a andar por las calles del Centro Histórico para metamorfosearse en paseantes dominicales, muy complacidos, como ya se dijo, los adultos mayores, de los conceptos que acababan de oír, y más bien insatisfechos los jóvenes, preguntándose si en verdad vale la pena apostarle todo a la lucha electoral cuando, como el propio López Obrador reconoció, aquí no hay una auténtica democracia.

Ésa, en realidad, fue la gran pregunta que se quedó sin respuesta.