Sociedad y Justicia
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El especialista de la UNAM plantea conformar una alianza entre academia, IP y gobierno

Ordorika: universidades públicas, opciones para rescatar al país

Destaca la importancia de estas escuelas, pues generan más de 90% de la investigación nacional

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El investigador Imanol Ordorika en entrevista con La JornadaFoto Guillermo Sologuren
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Lunes 22 de marzo de 2010, p. 39

En una situación de crisis ocasionada por el agotado modelo económico y la falta de credibilidad en la clase política, las universidades públicas deben refrendar su compromiso social. Para ello deben ofrecer diagnósticos y propuestas que construyan verdaderas alternativas de solución a los graves problemas nacionales, considera Imanol Ordorika, especialista del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la UNAM. En estas instancias se deben trazar los caminos para el rescate del país, afirma.

Subraya que en México permea cada vez más la desconfianza en las instituciones: desde la Presidencia de la República o el Poder Legislativo hasta el Ministerio Público o la policía. Lo mismo la Iglesia. En contraparte, las escuelas de enseñanza superior tienen credibilidad y, por tanto, la obligación de desempeñar un papel protagónico en la sociedad.

En entrevista con La Jornada, en torno del Explorador de Datos del Estudio Comparativo de las Universidades Mexicanas (Execum), elaborado por la Dirección General de Evaluación Institucional de la UNAM de la cual es titular desde 2007, Ordorika explica que hay una tendencia natural a tomar a las universidades, sobre todo las públicas, como referentes importantes para orientar, comprender y dar solución a las graves problemáticas de México.

El investigador sostiene que las instituciones públicas aventajan a las particulares porque en ellas se generan las ciencias –exactas, médicas, sociales y humanísticas– y se potencian proyectos sociales y comunitarios.

Sin embargo, acota que en los pasados tres sexenios presidenciales las primeras no han podido colocar a sus cuadros de egresados entre los altos dirigentes de la nación, como en el pasado, con lo que su peso en las políticas públicas nacionales se ve coartado.

Desde la llegada al poder de los gobiernos panistas y en el último del PRI, los egresados de escuelas públicas han sido relegados de puestos directivos en algunas áreas como las relacionadas con la economía o la política, en las que se recluta gente de centros privados. Aunque si se revisan sectores como el de salud, la presencia de universitarios de instituciones públicas tiene un papel relevante.

Desde su perspectiva, la crisis económica representa una oportunidad para que las instituciones públicas, en particular la UNAM, propongan condiciones necesarias para enfrentar las demandas de la sociedad. Plantea que dichas instancias realicen diagnósticos que expongan las bases para el desarrollo del país.

Nuestra responsabilidad social siempre ha existido, pero al hacer el diagnóstico del contexto actual mexicano, es evidente, se ha acrecentado. Tenemos que aprovechar y enfrentar la avalancha que azota a la sociedad mexicana.

Con datos duros, el Execum asienta que por cada 10 investigaciones (de cualquier área) realizadas en universidades públicas, las privadas desarrollan una. Dicho análisis –elaborado con base en cifras oficiales– muestra que del total de la producción científica nacional, poco más de 90 por ciento surge en entidades públicas: 70 en universidades federales y estatales y 20 en organismos descentralizados como los institutos nacionales de salud. Mientras, de 9.9 por ciento que se genera en el sector privado, 5.5 corresponde a 15 instituciones de educación superior y el resto a empresas, laboratorios médicos y otros.

El estudio revela que la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana generan casi 50 por ciento de la investigación del país. El Tec de Monterrey es la única escuela particular que destaca en el desarrollo de la investigación.

Ordorika, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias, reitera: si se habla de ciencia, tecnología, innovación y desarrollo (los tomadores de decisiones) tienen que ver a las universidades públicas; es en ellas donde se hace la ciencia. Si se discute la redefinición del sistema político, estas instituciones son las depositarias de las mejores tradiciones de laicidad; los nuevos requerimientos para transitar a la reforma del Estado deben discutirse en estos espacios; el análisis de problemas epidemiológicos, de salud y económicos debe pasar por sus académicos.

Investigadores y egresados de instituciones públicas deben romper con la idea de trabajar en grupos de su especialidad o área de conocimiento. Es necesario, dijo, que colaboren en equipos multidisciplinarios que desde diferentes ángulos analicen las problemáticas nacionales.

La riqueza de la UNAM, reconocida internacionalmente, tiene que responder a los requerimientos que la sociedad hace. Se deben crear conexiones entre las diversas instancias de esta institución: que la Facultad de Economía y los Institutos de Biotecnología e Investigaciones Económicas trabajen coordinadamente. Al igual que lo deben hacer todas las universidades.

Para que el trabajo de las instituciones públicas tenga más impacto, añade, es necesario que sus investigadores presionen a los tomadores de decisiones, a niveles estatal y federal, para que modifiquen la percepción de que el sector privado es el único capaz de generar el desarrollo tecnológico y la innovación para el país.

Considera que se necesita impulsar una alianza entre la academia, la iniciativa privada y los diferentes órdenes de gobierno para generar el desarrollo que México requiere.