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Cumple 93 años, pero desea olvidarlo

Hago lo que quiero: Leonora Carrington

Dibujar no es algo que se hereda, advierte

Foto
Leonora Carrington, en la entrevista de ayer con La JornadaFoto Cristina Rodríguez
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Lunes 5 de abril de 2010, p. a13

La pintora surrealista Leonora Carrington, quien mañana cumplirá 93 años, aún dibuja cosas provenientes de la imaginación. Aclara que nadie sabe qué es (la imaginación), yo incluida.

–Si alguien la llamara para encargar una pintura, un dibujo, un diseño, ¿le interesaría?

–Depende qué ofrecen.

–¿En qué sentido?

–En el sentido de que (a) hago lo que quiero, y (b) depende cuánto pagan.

Doña Leonora accedió a conversar en su casa con La Jornada en vísperas de su onomástico, aunque en realidad quisiera olvidarlo. Su proyecto principal en estos momentos es estar sana. Agrega, vivo una vida muy tranquila, aunque fumo. Hay mucha publicidad acerca de los horrores de fumar. Cualquier médico le pediría dejar de hacerlo, pero rara vez veo doctores.

No se vislumbra una cercana exposición de su obra –no tengo suficientes cuadros, expresa–; sin embargo, en el Museo José Luis Cuevas se exhibe una muestra de su hijo Pablo Weisz, a quien Carrington considera un artista natural aunque es médico patólogo en Estados Unidos. Recuerda que prácticamente todos los niños dibujan, pero, en el caso de Pablo no dejó de hacerlo, continuó.

–¿Cómo motivar a los niños?

–Ellos se motivan solos.

En su momento Leonora Carrington también se manifestó como una artista natural: Mis padres fueron personas sin ningún conocimiento ni interés artísticos. Mi madre era irlandesa y mi padre inglés. Dibujar, apunta, no es algo que se hereda. De hecho, desconoce de dónde viene su motivación: Eso lo dejo a gente como Freud y Jung, no soy sicoanalista.

–¿Cómo educó a sus hijos?

–Pues, uno les enseña a no hacerle daño a nadie, ni a los animales. Mi esposo (Emérico Chiki Weisz) les enseñó modales y otras cosas.

–Hay quien dice que la obra de Pablo está muy influenciada por usted.

–No tomo en cuenta esas opiniones. No creo que esté influenciado por mí, hace lo suyo. También es médico (su otro hijo, Gabriel, escribe y tiene publicaciones).

Educada primero en un convento, de adolescente la escultora fue enviada a una escuela para niñas en Florencia, Italia, donde tuvo oportunidad de visitar muchos museos, también en Roma y Venecia. Quedaron en su memoria la obra de Giotto y mucha pintura renacentista.

–Para su escultura, ¿hace primero un dibujo?

–Por lo general sí. A veces modelo en plastilina, luego, la hago fundir en bronce.

Para Carrington el acto de crear no es doloroso, de otro modo no lo haría. Existe suficiente sufrimiento en lo ordinario sin tener que llevarlo a las artes.