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TOROS

Insiste en que el juez de plaza está para cumplir con las exigencias del público

El Zapata y Arturo Macías ya no son mis cuates, advierte Rafael Herrerías

Inmune al ridículo, el empresario realizó un alegre balance de la reciente temporada

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José Mari Manzanares se llevó un apéndice en SevillaFoto Reuters
Leonardo Páez
 
Periódico La Jornada
Lunes 5 de abril de 2010, p. a37

En el programa Especiales taurinos, de Heriberto Murrieta, transmitido el pasado 28 de marzo por Unicable, titulado Los personajes de la Plaza México, en una charla con el cronista Mauricio Locken, el empresario Rafael Herrerías hizo un recuento tan subjetivo como cuestionable de la temporada grande 2009-2010.

Luego de aclarar que también tiene ganadería, el promotor informó que para armar una temporada grande en la Plaza México lo primero es hablar con las estrellas o figuras, con las que creemos que son importantes para la plaza, y preguntarles qué es lo que quieren, qué fechas, toros y acompañantes (quiso decir alternantes) y que por eso prepara la temporada con tanta anticipación.

Abundó que para la siguiente temporada empieza a ver el ganado desde marzo o abril y precisó, como para justificar la falta de trapío de muchos de los ejemplares aprobados, lidiados y protestados en este y anteriores seriales: son toros de cierta conformación que exige el público; no faltan los que protestan, que es gente pagada, pero al final no pasa nada. (En efecto: ni una amonestación ni una multa simbólica por parte de la delegación Benito Juárez, que hace tiempo entendió perfectamente su tarea de no incurrir en sobrerregulaciones taurinas.)

Reconoció Herrerías que el español Cayetano, a quien nadie le pidió traer, cobró una fortuna y que él también se equivocó, que el diestro no gastó en publicidad y que al final fue un petardo. Los toreros que meten gente a la plaza son El Juli, Tomás, Ponce, Hermoso y ahora Castella. En este momento (sic) se necesitan mucho. Y confesó: de dinero no hablo, lo tengo prohibido por ellos. (Entendible luego de organizar 17 temporadas grandes teniendo como base a toreros importados ante la desunión de los matadores y la vanidad de no pocos ganaderos.)

Consideró Herrerías que la normativa de anunciar 12 novilladas para poder dar la temporada grande “es una jalada (sic) de la Comisión Taurina… Si no hay novilleros, ¿cómo voy a dar 12 novilladas?”, y afirmó: Eso lo inventaron hace tres años, ignorando que por lo menos desde 1940 el reglamento taurino del Distrito Federal ordena a la empresa en turno dar 12 novilladas (artículo 42 fracción novena).

Luego soltó una frase de muy altos vuelos filosóficos: Es abominable que reglamenten la subjetividad (con la que mal maquilló la autorregulación que el sistema político le ha permitido), y haciendo a un lado la historia del coso, ilustró: al final están demeritando (sic) la Plaza México. Hay muchas plazas en provincia para hacer novilladas. Aquí cuestan un dineral (ni tanto, según varios novilleros que han tenido que pagar por verse incluidos en un cartel).

Añadió: que los jueces atiendan las necesidades del público cumpliendo con la ortodoxia del espectáculo, pero el juez está para cumplir con las exigencias del público (que en la temporada reciente consiguió que la autoridad soltara 37 orejas en 19 festejos).

Y remató: “El Zapata vino aquí de rodillas a pedir una oportunidad. Se le repitió sin cortar orejas y ya no quiso torear más. El Cejas (Arturo Macías) no quiso torear la corrida de aniversario porque quería el triple de dinero. Lo bueno es que hubo muchos triunfos de orejas y muchas entradas buenas, lo malo la sobrerreglamentación, y lo feo, que El Zapata y Macías ya no son mis cuates”.