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TOROS
¡Animalistas y taurinos del mundo, uníos!
Lumbrera Chico
 
Periódico La Jornada
Lunes 5 de abril de 2010, p. a37

No pocos aficionados a la fiesta brava se encontraron este fin de semana en el Teatro de la Ciudad, para presenciar el espectáculo A escena... de los hermanos Atayde, pioneros y pilares del circo mexicano, que por primera vez salen a la pista acompañados de magos, payasos, acróbatas, malabaristas, equilibristas y músicos, sin utilizar animales, apoyando así una tendencia mundial, impulsada hace tres décadas por el Cirque de Soleil, que algunos estudiosos denominan ya el nuevo circo.

Realizado con modestia, pero cargado de nostalgia, el espectáculo se remonta a los orígenes del circo en lo que ahora se llama México, donde la primera función de este género se dio en la agonizante Nueva España de 1808; además, exhibe dos telones pintados por el escenógrafo Julio Castellanos en los años 40, que representan carpas de circo típicas de la primera mitad del siglo XX.

La ausencia de leones, tigres, osos, elefantes, caballos, monos, aves, conejos y otros especímenes animales no fue resentida en ningún momento por el público; al contrario, se sentía un gran alivio al saber que tras bambalinas no había fieras domesticadas por medio del terror, ni condenadas a cadena perpetua para ser explotadas de la manera más impía.

Llamó la atención, sin embargo, la inasistencia de los pequeños grupos de defensores de animales que protestan, de tanto en tanto, frente a la Plaza México, antes de alguna corrida importante o más bien, importadora de ases extranjeros. La verdad es que los animalistas podrían llegar a acuerdos estratégicos con los taurinos si se unieran para luchar por la abolición del viejo circo, el que esclaviza a las fieras, un movimiento que todavía es incipiente en nuestro país.

En el contexto de una tolerante y respetuosa polémica, taurinos y animalistas podrían poner a un lado sus diferencias y marchar juntos en pos de objetivos más ambiciosos y sensatos, que no se limitaran a la abolición del viejo circo sino que movilizaran a la opinión pública para exigir y lograr la clausura de los antiguos parques zoológicos, como los de Chapultepec y San Juan de Aragón, donde las fieras se pudren de amargura en celdas cuya estrechez física reproduce la estrechez mental de quienes las mantienen en servicio.

Quizá no esté lejano el día en que, sobre los muros virtuales de Internet, aparezca un manifiesto que pida: ¡Animalistas y taurinos, uníos por un nuevo circo y un mundo libre de presidios zoológicos! ¿Por qué no?