DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYAN VELVER
SUPLEMENTO MENSUAL  DIRECTOR: IVAN RESTREPO  
EDICIÓN: LAURA ANGULO   5 DE ABRIL DE 2010 
NUMERO ESPECIAL


Portada

Presentación

Una reflexión global
Ahmed Djoghlaf


Correo electrónico:

cecodes@laneta.apc.org

  

Una reflexión global

Ahmed Djoghlaf
Secretario ejecutivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica

La pérdida de diversidad biológica avanza rápidamente y sin interrupción. En los últimos 50 años, los seres humanos hemos cambiado los ecosistemas con más rapidez y en mayores proporciones que en ningún otro periodo comparable de la historia de la humanidad. La superficie de los bosques tropicales, de muchos humedales y de otros hábitats naturales se está reduciendo. Se extinguen especies mil veces más que los índices históricos del pasado de la Tierra. No hay indicios de que las causas directas de la pérdida de diversidad biológica (el cambio del hábitat, la explotación excesiva, la introducción de especies exóticas invasoras, la carga de nutrientes y el cambio climático) vayan a desaparecer.

Pero cuanto más avanza la pérdida de diversidad biológica, somos más conscientes de su importancia. Porque la diversidad biológica es el elemento central del que depende totalmente la vida de los seres humanos. Los ecosistemas biodiversos no sólo proporcionan bienes esenciales (alimentos, agua, fibras, medicamentos) sino también servicios irremplazables, entre otros el control de las enfermedades y de la erosión del suelo, la purificación del aire y del agua y oportunidades de reflexión espiritual. Sin embargo, 15 de los 24 servicios examinados por los estudiosos están ya en franco deterioro.

Entre ellos, el abastecimiento de agua dulce, la producción pesquera marina, el número y la calidad de los lugares de valor espiritual y religioso, la capacidad de purificación de la atmósfera frente a la contaminación, el control de los desastres naturales y la capacidad de los ecosistemas agrícolas para luchar contra las plagas.

Por otra parte, las contribuciones de los ecosistemas a las sociedades humanas parecen hacerse más evidentes a medida que se aceleran los cambios en el medio ambiente. Los ecosistemas biodiversos tienden a tener una mayor capacidad de recuperación y, por consiguiente, tienen mejores condiciones de adaptación a un mundo cada vez más impredecible. El cambio climático ocasionará fenómenos climatológicos más extremos, contra los cuales los ecosistemas intactos pueden ofrecer protección física. Los niveles más altos de contaminación demandarán un incremento de los procesos de descontaminación, servicio que prestan los humedales sanos.

Es triste que quienes ya experimentan la pobreza vayan a ser los más afectados por la pérdida de diversidad biológica. Los pobres de las zonas rurales dependen de los ecosistemas para sus necesidades cotidianas y para que los ayude a sobrellevar tiempos difíciles. Cuando se produce una interrupción en los servicios que prestan los ecosistemas, las personas desfavorecidas no tienen medios para sustituirlos. Sin embargo, una gestión adecuada de los ecosistemas podría proporcionar una vía de escape a la pobreza. Por el contrario, la gestión indebida es la garantía de que jamás se logren los objetivos de desarrollo. El camino a seguir no es fácil. El logro de un desarrollo verdaderamente sostenible obliga a reconsiderar los actuales paradigmas económicos y a rechazar las soluciones a corto plazo que, a la larga, no llevan a ninguna parte.

Un acuerdo necesario, urgente

La preocupación por la pérdida de diversidad biológica y el reconocimiento de la función fundamental que desempeña apoyando la vida humana motivaron la creación, en 1992, del Convenio sobre la Diversidad Biológica. El convenio abarca tres objetivos complementarios y de igual importancia: la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes, y distribución justa y equitativa de los beneficios provenientes de la utilización de recursos genéticos.

La participación en el convenio es prácticamente universal, indicio de que la sociedad de nuestro planeta es plenamente consciente de la necesidad de obrar conjuntamente para asegurar la supervivencia de la vida en la Tierra. En 2002, la Conferencia de las Partes en el Convenio aprobó un Plan Estratégico, con la misión de “lograr, para el año 2010, una reducción significativa del ritmo actual de pérdida de la diversidad biológica, a nivel mundial, regional y nacional, como contribución a la mitigación de la pobreza y en beneficio de todas las formas de vida en la Tierra”.

Por qué hay que preocuparse por la pérdida de la diversidad biológica

La pérdida de la diversidad biológica altera las funciones de los ecosistemas y los hace más vulnerables a las sacudidas y las perturbaciones, menos capaces de recuperarse y menos aptos para proporcionar a los seres humanos los servicios necesarios. Por ejemplo, los daños causados a las comunidades costeras por las inundaciones y las tormentas pueden incrementarse de manera espectacular cuando se pierden o degradan los hábitats de los humedales protectores.

Los pobres de las zonas rurales son los que más sufren las consecuencias de la pérdida de diversidad biológica y del colapso de los ecosistemas, ya que dependen mucho más directamente de los servicios de los ecosistemas locales para sus medios de vida y suelen tener menos posibilidad de acceso o de sufragar el costo de los sucedáneos, cuando esos ecosistemas están en franco deterioro. De hecho, la Evaluación de Ecosistemas del Milenio confirmó que la pérdida de diversidad biológica constituye un obstáculo imponente a la hora de atender las necesidades de los más pobres del mundo, que es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.

Para granjearse la voluntad política de frenar la degradación de los ecosistemas habrá que convencer a los encargados de formular políticas y a las sociedades en general, sin que quede lugar a dudas, del aporte total que proporcionan los ecosistemas a los esfuerzos por mitigar la pobreza y al crecimiento económico nacional en el sentido más amplio. Además de la utilidad inmediata que la naturaleza ofrece a la humanidad, muchos argumentarían que cada forma de vida tiene un derecho intrínseco a existir y merece protección.

También debemos reconocer el derecho de las futuras generaciones a heredar, como nos ha tocado a nosotros, un planeta pletórico de vida que continúe proporcionando oportunidades de disfrutar de los beneficios económicos, culturales y espirituales de la naturaleza.

Por qué se pierde la diversidad biológica

1  La deforestación, causada principalmente por la conversión de los bosques en tierras agrícolas, prosigue a un ritmo alarmante. Se calcula que, desde 2000, se pierden anualmente 6 millones de hectáreas de bosques primarios.

2  Los ecosistemas costeros y marinos se han visto sumamente afectados por la actividad del hombre, por lo que la degradación ha llevado a una reducción de la cubierta de algas marinas, zosteras y corales. En el Caribe, la cubierta media de corales duros disminuyó de cerca del 50% al 10% en los últimos treinta años. En los últimos veinte años se ha perdido un 35% de los manglares en países sobre los que se dispone de datos idóneos.

3  Unas 3 mil poblaciones de especies silvestres han mostrado una tendencia constante a la disminución de su abundancia media de cerca de 40% entre 1970 y 2000; las especies de aguas interiores disminuyeron en 50%, mientras que las marinas y terrestres disminuyeron por igual cerca de 30%.

4  Los estudios realizados sobre los anfibios en todo el mundo, los mamíferos africanos, las aves de tierras agrícolas, las mariposas británicas, los corales del Caribe y el Indo-Pacífico y las especies de peces que se capturan habitualmente muestran descensos en la mayoría de las especies estudiadas.

5  Es cada vez mayor el número de especies en peligro de extinción. La situación de las especies de aves ha mostrado un constante deterioro en todos los biomas en los últimos veinte años y los resultados preliminares en relación con otros grandes grupos, como los anfibios y los mamíferos, indican que su situación probablemente sea peor que en el caso de las aves. Entre 12% y 52% de las especies de los grupos taxonómicos superiores mejor estudiados están en peligro de extinción.

6  Se observa una creciente fragmentación de los bosques y otros hábitats naturales, que afecta su capacidad para conservar la diversidad biológica y proporcionar los bienes y servicios de los ecosistemas.

7  En los 292 grandes sistemas fluviales evaluados por los especialistas, por ejemplo, sólo 12% de la superficie de las cuencas fluviales se había librado del impacto de los embalses.

8  La intensificación de la pesca ha provocado la pérdida de grandes peces de alto valor como el atún, el bacalao, la corvina y el pez espada, que figuran en los primeros eslabones de la cadena alimentaria. En el Atlántico Norte, el número de grandes peces ha disminuido en dos terceras partes en los últimos 50 años.

9  Los seres humanos aportan más nitrógeno reactivo a los ecosistemas a nivel mundial que todos los procesos naturales juntos.

10  En los últimos años ha aumentado extraordinariamente el ritmo de introducción de especies exóticas y el riesgo que representan, algo que se mantendrá como resultado del aumento de los viajes, el comercio y el turismo.

11  En general, el consumo insostenible no ceja, como indica nuestra creciente huella ecológica mundial. La demanda mundial de recursos rebasa ahora en un 20% la capacidad biológica de la Tierra para renovar estos recursos.

Pero no todo es negativo. Así, aumentó el número y la superficie de las áreas protegidas, aunque la mayoría de las ecorregiones están por debajo de la meta de proteger el 10% de su superficie. Los ecosistemas marinos en particular son los menos representados, pues sólo aproximadamente 0.6% de la superficie oceánica y un 1.4% de la plataforma costera están bajo protección.

Dificultades para lograr la meta 2010 sobre diversidad biológica

Pese a todas las medidas que se tomen, todo apunta a que continuará la pérdida de diversidad biológica y, en particular, la pérdida de diversidad de especies y la transformación de los hábitats. Y esto se explica, en gran medida, a la inercia en los sistemas ecológico y humano y al hecho de que se pronostica que la mayoría de los impulsores directos de la pérdida de diversidad biológica como son el cambio del hábitat, el cambio climático, la introducción de especies exóticas invasoras, la explotación excesiva y la carga de nutrientes, permanezcan constantes o aumenten en el futuro inmediato.

Lo anterior no quiere decir que sea imposible avanzar en el logro de la meta sobre diversidad biológica de 2010. Para ello, es necesario realizar esfuerzos adicionales nunca antes hechos para lograr la meta sobre diversidad biológica, tal y como se plantea en este año internacional. Lo anterior es posible si se toman las medidas necesarias a nivel nacional, regional y mundial. Medidas que, por otro lado, los gobiernos bien conocen y, en algunos casos, se han comprometido a cumplir.

Lo que pasa con la agricultura y la alimentación

Estos dos rubros ejercen presiones sobre la diversidad biológica primordialmente por medio del cambio del uso de la tierra, que se prevé siga siendo el principal impulsor de la pérdida de diversidad biológica por lo menos hasta 2050, aunque también lo hace mediante la carga de nutrientes y la explotación excesiva de los recursos silvestres. Cinco aspectos fundamentales deben considerarse para minimizar la pérdida de diversidad biológica: a) aumentar el rendimiento agrícola; b) planificar con más eficacia la expansión agrícola para evitar invadir hábitats biodiversos de alto valor; c) moderar la demanda de alimentos, en particular de carne entre los sectores más adinerados; d) poner fin a la pesca excesiva y a las prácticas pesqueras destructivas, y e) proteger ecosistemas y hábitats de importancia vital.

Una diversidad incalculable de fauna y flora

Nuestro planeta es el hogar de millones de especies (los cálculos fluctúan de dos a más de 10 millones en total), la mayoría de las cuales todavía no se han clasificado. Sin embargo, la diversidad biológica abarca también las variaciones y características genéticas específicas dentro de las especies, así como la imbricación de estas especies con los ecosistemas.

A nivel genético, las diferencias en los códigos del ADN dentro de las especies dan lugar a tipos únicos, incluso a variedades diferentes de plantas y razas de ganado. El arroz cultivado, por ejemplo, pertenece sólo a dos especies, sin embargo consta de más de 120 mil variedades genéticamente distintas. A nivel de ecosistemas, la diversidad biológica tiene que ver con la variada colección de especies que caracterizan los desiertos, los bosques, los humedales, las praderas, los lagos, los ríos y los entornos agrícolas y de otra índole. Cada ecosistema está integrado por criaturas vivientes que interactúan entre sí y con el aire, el agua y el suelo que les rodea. Esta multiplicidad de interconexiones dentro de los ecosistemas, y entre ellos, forma la trama de la vida, en la cual los seres humanos somos una parte integrante y de la que dependemos totalmente.

Los cambios en la diversidad biológica

Apenas ahora estamos empezando a comprender la situación en que nos encontramos en cuanto a pérdida de genes, especies y hábitats. La primera evaluación exhaustiva de la situación de los recursos naturales del mundo (2005), concluyó que, en los últimos 50 años, se estaban produciendo cambios en la diversidad biológica causados por las actividades humanas con más rapidez que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Y de que las causas directas (o los impulsores) de esta pérdida o bien permanecían constantes, sin dar muestra de disminuir con el transcurso del tiempo, o aumentaban en intensidad con el tiempo. Actualmente, somos responsables del sexto periodo de extinción más importante de la historia de la Tierra y el mayor desde que desaparecieron los dinosaurios hace 65 millones de años.

Todo lo que está ocurriendo en cuanto a la rápida pérdida de diversidad biológica y el hecho de habernos percatado de la función fundamental de apoyo a la vida humana que desempeña la diversidad biológica motivaron la creación del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que entró en vigor en 1993 y al que se han adherido 187 países. El convenio abarca todos los aspectos de la diversidad biológica, y es el primer tratado internacional en que se reconoce el papel de la diversidad biológica en el desarrollo sostenible. El convenio abarca tres objetivos fundamentales: 1) la conservación de la diversidad biológica, 2) el uso sostenible de sus componentes y 3) la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados del aprovechamiento de los recursos genéticos. Estos tres objetivos se basan en el reconocimiento de que los seres humanos que, por sí mismos, exhiben una diversidad de culturas, son uno de los componentes de los ecosistemas. Todos los pueblos y naciones, sean ricos o pobres, comparten el mismo planeta y dependen de la misma reserva de diversidad biológica.

La deforestación y los huracanes en el Caribe

En 2004, la tormenta tropical Jeanne azotó la isla La Española, y dejó un saldo de cerca de 3 mil muertos en Haití y sólo 18 a lo largo de la frontera con la República Dominicana. Se ha vinculado esta diferencia en el sufrimiento humano a la extensa deforestación de Haití, donde la agitación política y la pobreza extrema han llevado a la destrucción de prácticamente todo, salvo un 2% de la cubierta forestal original del país. La restauración de los ecosistemas forestales de Haití ayudaría a demorar y reducir el flujo máximo de las crecidas a nivel local, y protegería a las comunidades de los torrentes de agua que ahora suceden a las precipitaciones normales.

Los manglares y el tsunami en Asia

En los últimos tiempos, los manglares de las costas de Asia meridional han ido desapareciendo para dar paso a inmensos criaderos de camarones y centros turísticos.

El tsunami que azotó a Asia en diciembre de 2004 reveló las devastadoras consecuencias de esta pérdida. Si bien la vegetación de las costas no pudo haberlas protegido contra la destrucción catastrófica en las zonas de máxima intensidad del tsunami, el análisis de las imágenes de satélite reveló que las zonas con manglares o cubierta forestal tuvieron muchas menos probabilidades de experimentar una gran devastación. Esto pone de relieve la función protectora de la vegetación costera en la reducción de los daños azotan a Filipinas todos los años. Se están haciendo gestiones para volver a plantar los manglares, pero hay que vencer la oposición de los urbanizadores de las zonas costeras.

Los humedales costeros y el huracán Katrina

Este huracán afectó a una región costera de los Estados Unidos sometida a presiones ambientales durante más de un siglo. El nuevo trazado del curso del río Misisipí (mediante un sistema de canales y embalses), ha desviado el flujo de la sedimentación natural erosionando los humedales costeros. Louisiana pierde más de 65 km 2 de marismas costeras todos los años. El desarrollo ha destruido también las islas de contención y los arrecifes de ostras que servían de amortiguadores en la costa.

Durante el huracán, la pleamar pudo viajar sin obstáculos por los canales de navegación y romper los diques que rodeaban a Nueva Orleáns. Pese a que los daños producidos por la tormenta habrían sido considerables en cualquier caso, se abrieron muchas más brechas que de costumbre en zonas donde los humedales habían sido destruidos y los diques quedaron expuestos al oleaje en diverso grado.

Cabe señalar también que el Caribe mexicano sufre por la ocupación no planeada de sus áreas costeras. Es el caso de la franja litoral de Quintana Roo, y muy especialmente su infraestructura hotelera y turística. El caso más relevante es Cancún, edificado en zona de manglares que servían de protección en tiempos de huracanes. Igualmente, la costa turística del estado de Yucatán se erosiona cada vez más. El agua del mar avanza tierra adentro en el Caribe mexicano afectando lo mismo infraestructura pública como privada.

Las inundaciones en Europa central

Las intensas lluvias de agosto de 2002 y de 2005 desencadenaron inundaciones catastróficas en toda Europa central.

Durante el siglo pasado se habían construido diques y enderezado y profundizado el cauce de la mayoría de las corrientes fluviales y, por consiguiente, quedó alterado su curso. También se ha visto reducida la capacidad natural de la tierra para retener y almacenar agua debido a la pérdida de marismas y bosques de llanuras antaño extensos y al uso de métodos de cultivo intensivo. La inmensidad de los campos fomenta la escorrentía y la erosión y la maquinaria pesada compacta el suelo, lo que limita la capacidad de la tierra para absorber el exceso de agua. Se están estudiando opciones para mejorar la gestión de las cuencas fluviales a fin de reducir los riesgos derivados de las inundaciones.

Ni los glaciares se escapan

Durante el siglo pasado se observó un repliegue de los glaciares de montaña en las regiones no polares, mientras que la extensión de la cubierta de nieve disminuyó desde finales del decenio de 1960 hasta un 10%. En el Ártico, la extensión media anual de la banquisa se ha reducido en cerca del 8% en los últimos 30 años, mientras que en el verano se perdió un 15 a 20% durante el mismo periodo.

Los cultivos de camarón en Tailandia

Los ecosistemas de manglares intactos a lo largo de la costa de Tailandia proporcionaban beneficios considerables a la sociedad como fuente de productos madereros y no madereros, en la producción de carbón y el fomento de la pesca frente a las costas y mediante la protección contra las tormentas.

Pero cuando se produjo la transformación de esos manglares en criaderos de camarones, los beneficios para la sociedad disminuyeron prácticamente a cero. Aun así, se siguió transformando el ecosistema natural, en parte porque los partidarios de obtener beneficios privados inmediatos no tenían que sufragar los gastos ocasionados por la pérdida de servicios del ecosistema.

Diversidad biológica, hambre, desnutrición, salud…

Las cifras del Banco Mundial indican que los países de más bajos ingresos han experimentado descensos per cápita tanto en su capital total como en el natural, lo que ha puesto en peligro no sólo el crecimiento económico sino el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por otra parte, los estudios de la seguridad alimentaria y la nutrición han demostrado la importancia de la diversidad biológica agrícola para la eliminación del hambre y la desnutrición. Y en cuanto a la salud humana, se reconoce también el papel de la diversidad biológica en la lucha contra las enfermedades transmitidas por vectores y porque proporcionan las fuentes naturales de muchos medicamentos tradicionales y de los fármacos modernos.

No debe olvidarse que las especies que viven hoy tienen miles o millones de años y cada una ha transitado por senderos de evolución exclusivos, que no se han de repetir jamás, hasta llegar a su forma actual. También hay que reconocer el derecho de las futuras generaciones a heredar, como nos ha tocado a nosotros, un planeta pletórico de vida que continúe proporcionando oportunidades de aprovechar los beneficios económicos, culturales y espirituales de la naturaleza.

El desafío del milenio

No está por demás recordar los ocho objetivos de desarrollo, aprobados en el 2000 en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas y con metas específicas para el 2015. Son los siguientes:

1. Erradicar la extrema pobreza y el hambre;

2. Lograr la enseñanza primaria universal;

3. Promover la igualdad entre los sexos y empoderar a la mujer;

4. Reducir la mortalidad infantil;

5. Mejorar la salud materna;

6. Luchar contra el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades;

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y

8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Actividades humanas no depredadoras

La industria del turismo basada en la fauna y flora silvestres figura entre los sectores más importantes y de más rápido crecimiento, especialmente a nivel internacional. En Kenya, este tipo de turismo actualmente atrae unos 200 millones de dólares al año, y es la principal fuente de divisas del país. Anualmente, en las Islas Galápagos del Ecuador, el turismo recauda unos 60 millones de dólares, y es la fuente de ingresos de al menos el 80% de los residentes de las islas. En Costa Rica, asciende a más de 800 millones de dólares.

Las exportaciones de plantas medicinales tienen un valor de 8.6 millones de dólares anuales para el Nepal, donde se utilizan unas mil 500 especies en medicamentos tradicionales.

La pesca marina de Islandia sirve de modelo de ordenación responsable. Los productos marinos representan por su valor más del 60% de las mercancías exportadas por el país. La demanda de artículos producidos a partir de ecosistemas que se explotan de manera sostenible crean, cada vez más, nuevas oportunidades económicas; las ventas de granos de café orgánicos con certificación de origen (por ejemplo en México), que generalmente provienen de cafetos cultivados en condiciones más tradicionales, a la sombra y sin dañar a la diversidad biológica, están aumentando a un ritmo más rápido que las ventas de cualquier otra variedad especializada de café.

La suerte de la selva y los bosques

Cuando la presencia del ser humano todavía no se hacía sentir, las selvas y las áreas forestales ocupaban aproximadamente la mitad de la superficie de la Tierra. Pero miles de años de actividad humana han reducido su extensión a cerca del 30% de la original. De esta superficie, sólo la tercera parte se considera bosque primario; es decir, bosque de especies autóctonas donde los procesos ecológicos no han experimentado alteración de importancia debido a la actividad humana. La deforestación (fundamentalmente la conversión de bosques en tierras de cultivo, pastizales y plantaciones) prosigue a un ritmo alarmante: todos los años se pierden cerca de 13 millones de hectáreas, superficie equivalente al tamaño de Grecia o de Nicaragua. Paralelamente, la siembra de árboles, la restauración del paisaje y la expansión natural de los bosques han compensado en gran medida la pérdida de esos bosques primarios.

África y América del Sur siguen siendo los continentes donde se registra la pérdida neta máxima de bosques. En Oceanía, América del Norte y Centroamérica se registra también una pérdida. La superficie forestal de Europa siguió expandiéndose, aunque más lentamente. Asia, que en el decenio de 1990 registró pérdidas netas, informó de una recuperación neta de bosques en 2000-2005, primordialmente gracias a un plan de forestación en gran escala llevado a cabo en China.

Los ecosistemas costeros y marinos

Ambos se han visto seriamente afectados por las actividades humanas, ya que la degradación ha provocado una reducción de la cubierta de algas marinas, zosteras y corales. En el Caribe, la cubierta media de coral duro disminuyó entre 50% y 10% en los tres últimos decenios, lo que equivale a una pérdida del 7% aproximadamente de la superficie restante cubierta de corales vivos cada año desde el decenio de 1970. En los últimos veinte años se ha perdido cerca del 35% de los manglares en países sobre los que se dispone de datos idóneos, lo que equivale a una pérdida anual del 2% de la superficie restante.

No debemos olvidar que los océanos cubren más de 70% del planeta. La fuente primordial de alimentos que se obtienen de los océanos es la actividad pesquera. Hay preferencia por los grandes peces depredadores más preciados, como el atún, el bacalao, la lubina y el pez espada. La intensificación de la pesca ha reducido el número de estos peces de gran tamaño, que figuran entre los primeros eslabones de la cadena alimentaria. Por ejemplo, en los últimos 50 años se ha registrado una disminución en dos tercios del número de peces de gran tamaño en el Atlántico norte. A medida que se eliminan los depredadores aumenta el número relativo de peces pequeños y de invertebrados en los eslabones inferiores de la cadena alimentaria, y disminuye el nivel trófico medio de la producción pesquera.

La calidad del agua

Las actividades humanas están influyendo en la calidad del agua dulce disponible, debido a la contaminación, el aumento de la sedimentación y el cambio climático. Por ejemplo, la contaminación de las vías de navegación fluvial con nitrógeno inorgánico se ha duplicado con creces desde 1960 y se ha decuplicado en muchas zonas industrializadas del mundo.

En los últimos treinta años se ha estado analizando la demanda de oxígeno biológico (DOB), un indicador de la contaminación orgánica del agua dulce, a partir de los datos de 51 países. Si bien la calidad del agua de los ríos de Europa, América del Norte y de América Latina y el Caribe ha mejorado desde los años ochenta, durante el mismo periodo se deterioró en África y en la región de Asia y el Pacífico.

Las amenazas a la diversidad biológica

Cinco son las principales amenazas a la diversidad biológica que se reconocen comúnmente en los programas de trabajo del convenio: 1) las especies exóticas invasoras, 2) el cambio climático, 3) la carga de nutrientes y contaminación, 4) el cambio de hábitats y 5) la explotación excesiva. Si no se logra mitigar los impactos de estos impulsores directos del cambio en la diversidad biológica, se estará contribuyendo a la pérdida de componentes de la diversidad biológica, que menoscabará la integridad de los ecosistemas y frustrará las aspiraciones al uso sostenible.

Hay algunos impulsores indirectos que interactúan de manera compleja para causar cambios antropogénicos en la diversidad biológica. Entre ellos figuran factores demográficos, económicos, sociopolíticos, culturales, religiosos, científicos y tecnológicos que influyen en actividades humanas y cuyo impacto se hace sentir de manera directa en la diversidad biológica.

Recursos genéticos ¿en beneficio de quién?

La distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos es uno de los tres objetivos del convenio. Estos beneficios proporcionarían incentivos para conservar y utilizar de manera sostenible la diversidad biológica. Algunos países han aplicado una legislación que controla el acceso a los recursos genéticos, y hay algunos casos de disposiciones sobre distribución de los beneficios. Pero no existe un depositario central fiable de la información sobre las medidas nacionales de acceso y distribución de los beneficios.

En las medidas de distribución de los beneficios pueden participar algunas o todas las siguientes entidades: gobiernos, comunidades locales e indígenas, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales e institutos de investigación científica. De todas formas, lo principal es asegurar una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos

Desarrollo y erradicación de la pobreza

Los dos grandes problemas del siglo XXI son la erradicación de la pobreza y la protección de la diversidad biológica. De los dos, sin embargo, la erradicación de la pobreza, y el desarrollo económico y social concomitante, es la prioridad primordial y preponderante de los países en desarrollo. En general, se atribuye a la conservación y al uso sostenible de la diversidad biológica menos importancia política que a las políticas y medidas destinadas a promover el desarrollo y a luchar contra la pobreza. Por eso, la diversidad biológica no suele reflejarse en los planes nacionales de desarrollo. Por eso también con frecuencia se pierden oportunidades de que la diversidad biológica contribuya a la erradicación de la pobreza y se dediquen muy pocos fondos o recursos humanos a la conservación y al uso sostenible de la diversidad biológica. Cuando la experiencia muestra que la biodiversidad es aliada, componente indispensable para obtener un verdadero desarrollo.

Siete caminos rumbo a la conservación

Para evaluar los adelantos logrados en la consecución de las metas sobre diversidad biológica de 2010, y ayudar a dar a conocer al público esos progresos, la comunidad internacional de naciones estableció un marco de siete esferas de atención que orientará la adopción de medidas. Son:

•  Reducir el ritmo de la pérdida de los componentes de la diversidad biológica, en particular: a) biomas, hábitats y ecosistemas; b) especies y poblaciones y, c) diversidad genética;

•  Promover el uso sostenible de la diversidad biológica;

•  Atender las principales amenazas a la diversidad biológica, entre ellas las derivadas de especies exóticas invasoras, cambio climático, contaminación y cambio de hábitat;

•  Conservar la integridad de los ecosistemas, y el suministro de bienes y servicios proporcionados por la diversidad biológica en los ecosistemas para apoyar el bienestar humano;

•  Proteger los conocimientos, innovaciones y prácticas tradicionales;

•  Garantizar la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de recursos genéticos; y

•  Movilizar recursos técnicos y financieros, especialmente para los países en desarrollo, en particular los menos adelantados y, entre ellos, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países con economías en transición, con miras a la aplicación del Convenio y del Plan Estratégico.

Una población que no cesa de crecer

El impacto de los seres humanos en el medio natural es importante y cada vez mayor. En la actualidad, el planeta tiene más de seis mil millones de habitantes; probablemente para mediados de siglo la cifra aumente a nueve mil millones.

Toda persona tiene derecho a proveerse de agua libre de impurezas, alimento, vivienda y energía, actividad que tiene consecuencias ecológicas profundas.

Las necesidades humanas, multiplicadas por una población mundial cada vez más numerosa, se traducen en demandas crecientes y sin precedentes sobre la capacidad productiva del planeta. El afán creciente por obtener bienes de consumo y servicios por encima de las necesidades de supervivencia y el consumo derrochador de los recursos disponibles por el sector más privilegiado de la sociedad mundial acentúan la presión sobre la Tierra, y sus consecuencias repercuten en todos. A medida que aumentan las presiones demográficas y los niveles de consumo, la diversidad biológica disminuye, lo que hace que se resienta la capacidad del mundo natural para seguir proporcionando los bienes y servicios de los que, a la larga, depende la humanidad.

La diversidad biológica es el sostén del funcionamiento de los ecosistemas. Los servicios que prestan los ecosistemas sanos son, a su vez, el fundamento del bienestar de las personas. Los servicios que prestan los ecosistemas no sólo cubren las necesidades materiales básicas para la supervivencia, sino que son el fundamento de otros aspectos del vivir bien, entre ellos la salud, la seguridad, las buenas relaciones sociales y la libertad de elección.

Lo que pasa con las especies endémicas

Basado en datos publicados en todo el mundo, el Índice del Planeta Viviente agrupa las tendencias de unas 3 mil poblaciones de especies endémicas. Este índice demuestra que la abundancia media de algunas especies ha estado disminuyendo constantemente en alrededor del 40% entre 1970 y 2000; las especies de aguas interiores disminuyeron en 50%, mientras que las especies marinas y terrestres registraron ambas una disminución cercana al 30%.

Debido a que los datos de que se dispone son limitados, ya que sólo se refieren a los vertebrados, no se ha podido incluir como es debido a las zonas tropicales ricas en especies (en particular, las forestales) en el Índice del Planeta Viviente. Se está haciendo todo lo posible por ampliar el conjunto de datos e incluir información sobre la distribución de determinadas poblaciones de especies vegetales.

Según este análisis, las poblaciones de especies endémicas disminuyeron a una media total de cerca de 1.7% anual entre 1970 y 2000, aunque fue a principios de los años noventa cuando esta tendencia se agudizó especialmente.

Se han observado tendencias parecidas en especies de aves que dependen en general de los bosques y que en general se encontraban o abundaban en las tierras agrícolas en toda Europa. Entre 1970 y 2000 se registró una disminución de cerca de 1.4% anual de las aves de tierras agrícolas en Europa, especialmente seria, de más de 3% anual, a fines de los años setenta y en los años ochenta, aunque en el decenio de 1990 se registró una estabilización de esas poblaciones. Desde 2000 se observan indicios de recuperación en las aves de los bosques de Europa.

Las especies cultivadas y domesticadas

Desde una perspectiva humana, la diversidad genética tiene especial importancia en las especies cultivadas y domesticadas. Sólo un número relativamente pequeño de especies se utiliza de esa manera: algunas decenas de animales domesticados, algunos centenares de plantas cultivadas (si se excluyen las ornamentales), y algunas decenas de especies madereras de importancia producidas en plantaciones.

Cualquier análisis que se haga de las tendencias en las variedades de especies que sustentan los medios de vida humanos, por muy elemental que sea, ofrece un panorama alarmante. La variación genética es importante para la conservación del buen estado físico y la adaptabilidad de las especies, y tiene importancia directa para las personas gracias al mantenimiento de los bienes y servicios que proporcionan las especies cultivadas y domésticas: altos rendimientos, resistencia a las enfermedades y capacidad de recuperación frente al cambio de las condiciones ambientales.

El bienestar humano, en particular la seguridad alimentaria, depende actualmente de un pequeño grupo de cultivos y animales domésticos; la pérdida de uno solo de ellos puede tener consecuencias trascendentales. Se suele hablar mucho de la pérdida de diversidad genética como consecuencia de la desaparición de variedades adaptadas al lugar y a la competencia entre los cultivos y la cría de ganado por el uso de la tierra, pero resulta difícil cuantificarla. Según cálculos, la tercera parte de las 6 mil 500 razas conocidas de animales domesticados están actualmente en peligro de extinción.

Además de los sistemas cultivados, la explotación excesiva de las especies endémicas recolectadas o capturadas, entre ellas varias especies de peces, ha hecho que disminuya el tamaño y la distribución de las poblaciones, lo que ha redundado en la pérdida de diversidad genética. La caza selectiva de animales salvajes como trofeo y la tala selectiva de árboles maderables valiosos pueden cambiar el perfil genético de las poblaciones que quedan. En sentido más general, la pérdida de diversidad genética guarda relación con la disminución de la abundancia y distribución de las poblaciones, que es el resultado de la destrucción y la fragmentación de los hábitats.

La importancia de las áreas naturales protegidas

Un instrumento clave para frenar la pérdida constante de ecosistemas y especies es el aumento de áreas protegidas. Las áreas protegidas ocupan actualmente un 12% de la superficie terrestre del planeta y constituyen uno de los cambios planificados más grandes del uso de la tierra. De las más de 105 mil áreas protegidas que figuran en la lista de la Base de Datos Mundial sobre Áreas Protegidas, se conoce la fecha de establecimiento de cerca del 60%.

De entre todas las categorías, se ha registrado un incremento especialmente elevado de los parques nacionales (categoría II) y la reserva natural (categoría IV) en los últimos decenios.

Es más, se observan diferencias apreciables en la cobertura entre diferentes biomas, ecosistemas y hábitats. Sólo están protegidos el 5% de los bosques y arboledas de coníferas de zonas templadas del mundo, 4.4% de las praderas de zonas templadas y 2.2% de los sistemas lacustres. Por otra parte, la cobertura marina va muy a la zaga de la terrestre, pues sólo está protegido aproximadamente 0.6% de la superficie de los océanos y cerca de 1.4% de la plataforma continental.

Un análisis más exhaustivo de las 825 ecorregiones terrestres y los 64 grandes ecosistemas marinos indica que, en un gran porcentaje de estos ecosistemas, que se caracterizan por poblaciones de especies inconfundibles, todavía no se ha alcanzado la meta de tener el 10% de las áreas bajo protección.

Ahora bien, el aumento del número y la superficie de las áreas protegidas es de por sí un indicador asaz simple y hay que complementarlo con más información sobre el grado de protección que se proporciona a la diversidad biológica y la eficacia de la gestión. Se están utilizando diversas metodologías para medir la eficacia de la gestión de las áreas protegidas, que están contribuyendo muchísimo a comprender su función en la reducción del ritmo de la pérdida de diversidad biológica, aunque todavía no se dispone de datos sistemáticos.

Muy estrechamente relacionada con la evaluación de los componentes de la diversidad biológica, está la de la integridad de los ecosistemas y su capacidad para sostener los medios de vida humanos. La Evaluación de Ecosistemas del Milenio hizo hincapié especial en los bienes y servicios de los ecosistemas, porque éstos constituyen el fundamento del bienestar humano y son la razón primordial para conservar el ecosistema en condiciones óptimas. Aunque en el marco de evaluación de los progresos en el logro de la meta de 2010 figuran varios indicadores que vinculan la integridad de los ecosistemas con el bienestar humano, sólo algunos cuentan con metodologías debidamente desarrolladas y datos mundiales completos que permiten que se utilicen en estos momentos.

Demasiado nitrógeno pero…

Son varios los factores que pueden explicar la capacidad de la agricultura para producir cantidades mucho mayores de alimentos y fibras que nunca antes. Por ejemplo, la disponibilidad de fertilizantes a escala comercial. Pero los niveles excesivos de nitrógeno y fósforo, que son nutrientes vegetales, en los ecosistemas naturales han hecho sonar la alarma. Pese a que todos los ecosistemas producen nitrógeno en forma natural, la producción de nitrógeno por los seres humanos, fundamentalmente mediante la fabricación de fertilizantes sintéticos para aumentar la producción agrícola, ha cambiado los equilibrios ecológicos, tanto en los ecosistemas locales como en los más distantes.

La producción antropógena de nitrógeno reactivo da lugar a emisiones a la atmósfera de compuestos nitrogenados que posteriormente se depositan en la biosfera. La deposición aérea del nitrógeno aumenta su contenido en los ecosistemas, de tal manera que las especies de lento crecimiento que se desarrollan en medios carentes de nitrógeno no pueden competir con las especies de más rápido crecimiento que dependen de niveles de nutrientes más altos. Las praderas de zonas templadas son especialmente vulnerables en este sentido.

Además, el nitrógeno soluble se filtra en el suelo hacia las aguas subterráneas, lo que aumenta la eutrofización, es decir el exceso de nutrientes en las aguas interiores y costeras, que estimula un crecimiento excesivo de la vegetación, la proliferación de algas y la creación de zonas anóxicas (sin oxígeno) en áreas marinas de la costa.

Actualmente hay muchas más fuentes antropógenas de nitrógeno, como son la producción de fertilizantes sintéticos, la quema de combustibles fósiles y los cultivos y árboles que fijan nitrógeno en los agrosistemas, que fuentes naturales terrestres, al extremo de que más de la mitad de todo el nitrógeno reactivo presente en los ecosistemas de todo el mundo proviene ahora de fuentes antropógenas. La tasa de aumento de la producción de nitrógeno reactivo se ha acelerado bruscamente desde 1960.

La deposición atmosférica representa en estos momentos cerca de 12% del nitrógeno reactivo presente en los ecosistemas marinos terrestres y costeros de todo el mundo, aunque en algunas regiones, el porcentaje es mucho mayor.

Para seguir cubriendo la demanda mundial de alimentos y fibras y minimizar los problemas ambientales, hace falta aumentar en todo lo posible la eficacia con que se utilizan los fertilizantes nitrogenados en los sistemas de producción.

Un aumento de 20% de la eficacia del uso del nitrógeno en los sistemas de producción cerealera del mundo reduciría la producción mundial de nitrógeno reactivo en aproximadamente 6% y redundaría en una reducción de los gastos en fertilizantes equivalente en valor a unos 5 mil millones de dólares de los EU anualmente.

Las especies exóticas invasoras

Las especies exóticas invasoras pueden tener efectos devastadores para la biota autóctona, ya que provocan extinciones y afectan a los ecosistemas naturales y cultivados. Desde el siglo XVII, las especies exóticas invasoras han contribuido cerca del 40% del total de extinciones de animales, cuya causa se desconoce. En el bioma Fynbos de Sudáfrica, el 80% de las especies amenazadas están en peligro de extinción debido a la invasión de especies exóticas.

Parte de las especies exóticas invasoras son plagas o patógenos importantes que pueden causar enormes costos económicos. Se han calculado en más de 100 mil millones de dólares de los EU las pérdidas ecológicas anuales causadas por las plagas introducidas en los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, Sudáfrica, la India y el Brasil. Las especies exóticas invasoras pueden transformar la estructura y la composición de las especies de los ecosistemas reprimiendo o excluyendo a las especies autóctonas. Debido a que las especies invasoras suelen ser uno entre un conjunto de factores que afectan a sitios o a ecosistemas específicos, no siempre es fácil determinar la proporción que se les puede atribuir en ese impacto. En los últimos tiempos, se han incrementado con suma rapidez la tasa de introducción de especies exóticas y el riesgo derivado de esa introducción, debido al crecimiento demográfico y al rápido incremento de las actividades humanas que alteran el medio ambiente, además de una mayor probabilidad de que las especies se propaguen como resultado del aumento de los viajes, el comercio y el turismo.

Una fuerte importante de la introducción de especies exóticas en el mar son las incrustaciones en los cascos de las embarcaciones y la evacuación de aguas sobrantes de los barcos, aunque son importantes también otros vectores, como las descargas de la acuicultura y los acuarios, que están menos reguladas que las aguas de desecho. En el ecosistema marino, se ha estudiado a fondo el movimiento de especies no autóctonas. De las 150 especies que han llegado en los últimos tiempos a los Grandes Lagos, 75% procede del Mar Báltico. De igual modo, el flujo migratorio del Mar Rojo al Mediterráneo a través del Canal de Suez se mantiene al mismo nivel y unas 300 de estas especies migratorias lessepsianas, entre ellas crustáceos decápodos, moluscos y peces, han entrado al Mediterráneo desde 1891.

Los datos de que se dispone, también sobre un largo periodo de tiempo, de los cinco países nórdicos (Islandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) que han registrado la acumulación de especies exóticas en el agua dulce y en el medio marino y terrestre desde 1900 demuestran la llegada constante de nuevas plantas, vertebrados e invertebrados inmigrantes.

Hacia el uso sostenible de los recursos

Una de las formas más importantes de tratar de conservar los bienes y servicios de los ecosistemas para las futuras generaciones es asegurar que los componentes de la diversidad biológica se utilicen de manera sostenible. La esfera de atención relacionada con el uso sostenible, que corresponde al segundo objetivo del convenio, evalúa la presión que ejercen la producción y el consumo en los sistemas cuya finalidad primordial es la producción, ya se trate de recursos forestales, la agricultura (incluida la horticultura), el pastoreo o las pesquerías (incluidas la acuicultura y la maricultura). Está claro que existe cierta coincidencia entre los conceptos de conservación y uso sostenible, porque hay recolección y producción en casi todos los ecosistemas, incluso en muchas zonas donde la conservación es el objetivo primordial de la gestión.

En consecuencia, algunos indicadores de la integridad de los ecosistemas, en particular el índice trófico marino, son también magníficos indicadores del uso sostenible.

Determinar si un recurso se está utilizando de manera sostenible o no, obliga a considerar algunos factores, entre los que figuran la situación del recurso de que se trate, el impacto del uso del ecosistema del que ese recurso forma parte y el contexto socioeconómico en que se utiliza ese recurso. Esos análisis se pueden llevar a cabo con una facilidad razonable en sistemas simples, como algunas actividades pesqueras en altamar o los bosques boreales con poca diversidad, pero son mucho más difíciles en sistemas más complejos, como los bosques tropicales o las actividades pesqueras en zonas tropicales o subtropicales.

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