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Sólo funcionan 70 de los 126 establos construidos hace 34 años

En peligro de extinción, la cuenca lechera de Tizayuca

Ganaderos elaboran proyecto para reapuntalar la actividad; el gobierno del estado de México les ha ofrecido reubicarlos en la zona de Poltitlán, dicen

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Uno de los establos de la cuenca lechera del municipio de Tizayuca, Hidalgo, que está en agonía, debido a la crisis económica, la falta de modernización y la importación de lactosuerosFoto Aldo Falcón
Carlos Camacho
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 9 de mayo de 2010, p. 30

Tizayuca, Hgo., 8 de mayo. Creada en 1976 para abastecer un mercado potencial de más de 20 millones de habitantes de la zona metropolitana del país, la cuenca lechera de Tizayuca se debate entre su extinción, su reactivación o reubicación en el estado de México, cuyo gobierno ha ofrecido a los 120 ganaderos que la forman los apoyos que en Hidalgo no han encontrado.

A 34 años de distancia, el panorama es tan desolador que de los 126 establos construidos inicialmente sólo operan 70, de los cuales únicamente la mitad trabaja al ciento por ciento de su capacidad.

La semana pasada cerraron dos más y en los cuatro años recientes se han diezmado 7 mil vacas del hato ganadero.

Ante la crisis financiera que comenzó a mediados de los años 90, algunos productores han preferido cerrar sus establos y se han ido a Europa, donde como obreros ganan más que lo que ganaban aquí como ganaderos, dice Leopoldo Jiménez Castro, de la Asociación Ganadera de Tizayuca.

Los hijos de los ganaderos han dejado de interesarse por heredar la actividad y prefieren emigrar en busca de empleos bien remunerados, lamenta el dirigente.

En 1976, la cuenca lechera producía 2.8 millones de litros semanales y hasta hace dos años su producción rondaba 1.4 millones semanales.

Sin embargo, en febrero de 2008 el gobierno de Hidalgo canceló un acuerdo de com- pra de leche para repartirla en los 84 municipios, con el argumento de que era más barato traerla desde Coahuila y Aguascalientes. Entonces la producción se desplomó a 450 mil litros semanales.

En la década de 1990, cuando estaban en expansión, los ganaderos crearon su propia empresa productora y comercializadora con el nombre de Leche Real de Tizayuca, pero hace un año quebró y dejó en el desamparo a 80 trabajadores.

Actualmente, los 70 establos activos venden su producto a las firmas Maulet, de Puebla; Santa Clara, Alpura y Liconsa, y pese a que las utilidades son muy pocas, la calidad del producto es de primera, sostiene Jiménez Castro.

Producir un litro de leche cuesta 5.50 pesos y los productores la venden a 4.48 pesos a Liconsa, por ejemplo.

A eso hay que agregarle la competencia desleal que representa la producción de leche a partir de lactosueros provenientes del extranjero, cuyos costos son mucho menores, aunque se daña al consumidor, pues en los envases de los productos se asegura que es leche pura de vaca, pero la realidad es que no contienen ni 20 por ciento de los nutrientes del lácteo natural.

Además, los lactosueros cuestan en las tiendas de autoservicio entre 13 y 14 pesos por litro.

Hemos pedido apoyo al gobierno federal para reactivar la industria lechera en México, pero ya desistimos, incluso de hacer manifestaciones, por los escasos resultados; al contrario eso nos perjudicó, lamenta el entrevistado.

Las posibilidades de que la cuenca se mantenga son reducidas. Requerimos modernizarnos, los establos tenían vida útil de 25 años y ya llevan más de 30 años funcionando; debemos reubicarnos, sí, pero necesitamos ayuda económica, pues resulta muy oneroso.

De ahí que haya conciencia de que la cuenca debe ser reubicada y ya se elabora un proyecto con ese propósito que será presentado al gobierno de Hidalgo, aunque el vecino estado de México se ha interesado en dar cobijo a los ganaderos, incluso se les ha ofrecido instalarlos en la zona de Poltitlán.

El deseo de los ganaderos de Tizayuca es quedarse en Ixmiquilpan o Ajacuba, en el valle del Mezquital, donde se encuentran las zonas productoras de forrajes, lo que permitiría abaratar los costos, sin sacrificar la calidad del producto.

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