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Según coyotes, un comando interceptó su autobús hace casi un mes

Ni rastro de 31 migrantes secuestrados camino a EU

Familiares sospechan que los explotan en campos de cultivo de drogas

No fueron zetas; ellos controlan rutas y los dejan pasar por dinero, dicen

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Vista del municipio de Pinal de Amoles, uno de los principales expulsores de migrantes de Querétaro. Siete de sus habitantes, originarios de las comunidades Derramadero de Juárez, Escanelilla y El Encino, formaban parte del grupo de 31 personas que desapareció hace casi un mesFoto Mariana Chávez
Mariana Chávez
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 13 de mayo de 2010, p. 31

Landa de Matamoros, Qro., 12 de mayo. El miércoles 17 de marzo, antes de las tres de la tarde, Socorro se despidió de su hijo de 17 años, quien se iba a Estados Unidos a encontrarse con su padre. Nunca llegó. Ni él ni otros 30 migrantes que viajaban en el mismo autobús, fletado por el traficante de indocumentados que los enganchó y les cobró por adelantado 2 mil 500 dólares.

Casi dos meses después, Socorro y los familiares de los demás desaparecidos sólo saben, por boca de uno de los coyotes al que llaman Arturo –el único integrante del grupo que ha dado señales de vida–, que antes de llegar al municipio de Miguel Alemán, Tamaulipas, el camión fue interceptado por hombres armados vestidos de negro.

Por referencias de los enganchadores, madres y esposas creen que sus familiares fueron secuestrados por narcotraficantes para obligarlos a trabajar en los campos de cultivo de drogas.

Según indicios obtenidos de conversaciones del coyote e información de las autoridades, 17 de los migrantes que abordaron aquel camión salieron de las rancherías Tres Lagunas, La Vuelta, El Lobo, Reforma, La Yerbabuena, Río Verde y El Charco. Nueve eran originarios de comunidades de San Luis Potosí y cinco del estado de Hidalgo.

Las mujeres narran que los migrantes fueron citados por dos coyotes a las tres de la tarde del 17 de marzo en la comunidad El Lobo (en los límites de Querétaro y San Luis Potosí). De ahí los llevaron en camionetas hasta Xilitla, a 40 kilómetros del punto de partida, ya en territorio potosino.

En Xilitla abordaron un autobús contratado en Ciudad Valles. Ahí se enteraron de que viajarían con otro grupo que también pretendía llegar a Estados Unidos.

Mujeres de Landa de Matamoros que pidieron omitir sus nombres narraron que el 30 de abril se reunieron con los coyotes, quienes les explicaron que desde hace algunos años es común que durante el recorrido paguen en promedio mil 500 pesos por pollo (migrante) al grupo delictivo de Los Zetas, que controla la ruta. Por ello se pide a cada trabajador que lleve 3 mil 500 pesos para los gastos del viaje. Sin embargo –según los enganchadores– en esta ocasión el comando era de otro grupo.

“Los coyotes dicen que los hombres armados que detuvieron el autobús tienen que ver con el narco pero que no eran zetas, porque ellos los dejan pasar a cambio de una feria. Es otra mafia”, dijo Angélica, de 30 años de edad y madre de cuatro hijos, quien espera que su esposo regrese.

Los traficantes les explicaron que al ver al grupo armado pensaron que eran policías, por lo que ellos, que iban en otro vehículo, huyeron.

A veces me pongo a pensar: van más de 30 en un camión. ¿A poco no van a poder defenderse entre todos? Me han dicho que no porque (los secuestradores) tienen armas y son muchos. ¿A poco las autoridades no van a hacer algo?, preguntó Angélica.

“Le dije (al coyote): usted sabe cómo está el camino para allá, más o menos debe saber quién los tiene, pero él dice que no sabe nada”, señaló Margarita, madre de un joven de 16 años que desapareció.

Las mujeres explicaron que no presentaron denuncia porque nos meten miedo: dicen que si uno lo hace lo pueden matar, expresó Socorro, cuyo hijo mayor, de 17 años, iba en el autobús.

Arsenio Durán Becerra, procurador de Justicia de la entidad, indicó que la última vez que se vio el vehículo con los migrantes de Landa de Matamoros fue en Nuevo León.

El gobernador José Calzada Rovirosa informó que se comunicó con sus homólogos de San Luis Potosí, Tamaulipas y Nuevo León para que ayudaran en la búsqueda.

Gabino Landa Rubio, edil de Landa de Matamoros, recomienda a los lugareños no emigrar a Estados Unidos debido a la inseguridad y rechaza que en esta zona haya grupos ligados al narcotráfico.

Landa de Matamoros es un municipio rural de la Sierra Gorda de Querétaro, a unos 295 kilómetros de la capital del estado, en los límites con San Luís Potosí. Su belleza natural contrasta con su pobreza: 48 por ciento de los jóvenes mayores de 15 años no terminaron la primaria y 22 por ciento no saben leer ni escribir.

En la comunidad de Tres Lagunas, ubicada a 30 kilómetros de la carretera Landa de Matamoros-Xilitla, viven 300 familias. Al menos un miembro de cada una ha emigrado a Estados Unidos. De esta localidad son originarias tres personas desaparecidas de 16, 17 y 32 años.

El acceso principal y todas las calles son de terracería. Entre chozas de madera y piedra destacan viviendas de ladrillo y cemento de dos o tres pisos, con antenas parabólicas. Sin embargo, las remesas no han sido suficientes para dotar de servicio de agua a la comunidad. Cada casa debe pagar a la presidencia municipal de Landa de Matamoros 300 pesos para que envíe pipas.

No hay empleo, tampoco escuelas. Socorro recuerda que su hijo desaparecido no concluyó la primaria. Trabajaba de jornalero por 700 pesos a la semana. “Ya no quiso estudiar. Dijo: ‘Mejor me voy a ir a trabajar, amá, para mandarte poquito dinero. Yo quiero hacer mi casa’, y ya ve: no le tocó suerte”, expresó.

Los habitantes de esta comunidad se dedicaban a la cosecha de maíz, pero hace años dejó de ser redituable.

Evarista, de 29 años, vive en una choza de una sola habitación y piso de tierra con cinco hijos, de nueve, ocho, siete y cuatro años, y el menor, de uno. Su esposo se había ido en nueve ocasiones a Estados Unidos para trabajar pegando ladrillo. Ahora está desesperada. No sabe qué hacer para dar de comer a sus niños.

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