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Piedras e imágenes
Ángeles González Gamio
U

no de los museos más originales de México y de cualquier parte, diría yo, es el Anahuacalli. Lo diseñó el arquitecto y pintor Juan O’Gorman para que Diego Rivera albergara su colección de cerca de 60 mil piezas prehispánicas, y una parte la ocupara como estudio. Unos majestuosos magueyes adornan el severo patio y en los alrededores se advierte el follaje de inmensos pirules. La construcción es apabullante: de piedra volcánica negra, tiene la forma de un teocalli con influencias teotihuacanas, mayas y mexicas. Como buena parte de las obras de O’Gorman, a algunos les parece espantoso y a otros les fascina.

Este último fue el caso de uno de los artistas internacionales contemporáneos más afamados: Brian Eno, músico, pintor y productor de iconos del rock como U2, David Bowie, y los Talking Heads, quien ha montado aquí la exposición 77 millones de pinturas, que estará expuesta hasta el 13 de junio.

Esto se logró gracias a la audacia de la encantadora y talentosa directora del Anahuacalli, Hilda Trujillo, quien al saber que él había expuesto esta obra en La Bienal de Venecia de 2008 y en la Opera House de Sidney, le mandó un libro sobre el recinto, y para su sorpresa, le contestó que sí le interesaba y le pidió fotos más específicas del interior del museo y del estudio. Ahí se vio que traerlo era un gran reto.

Al visitar la exposición, no sé si llamarla así, se da uno cuenta por qué. Es difícil de describir ya que es una experiencia totalmente nueva, que no es exagerado calificar de mística. Después de ver un video que habla del artista y cómo hizo la obra, se sube al salón que iba a ser el estudio de Diego. Ahí, en cómodos sillones se sienta en total oscuridad, frente a una enorme pantalla que proyecta coloridas imágenes, que van cambiando en respuesta a unos sonidos indescriptibles, que le hacen entrar en un estado casi hipnótico.

La definición técnica es que se trata de una pieza audiovisual, que funciona como caleidoscopio a partir de un programa de computadora. Parte de 360 imágenes originales de Brian que las combina con un software. Esas imágenes se emiten en 24 monitores que crean figuras diseñadas especialmente para el Anahuacalli.

Juanjo Arzubialde, productor ejecutivo de Eno, explica que la combinación con la música Ikebukuro, en varias pistas, también mezcladas aleatoriamente, da las 77 millones de variantes, nadie verá la misma imagen dos veces. Usa la pintura como la música y viceversa, pinta con música y crea un ritmo de imágenes como si fuera una composición musical.

Comentó que ha sido el espacio más inspirador que les han ofrecido en Latinoamérica, y por eso decidieron montar la obra por vez primera en la región. Opina que tanto Diego Rivera como Brian son artistas que han creado universos propios y han influido en la forma en que la gente percibe una experiencia artística... y tiene razón. El Anahuacalli se encuentra en la calle Museo 150, San Pablo Tepetlapa, Coyoacán.

Al salir hay que ir a comer a alguno de los barrios o antiguas colonias de Coyoacán, ¿cuál escogeremos? La Candelaria, San Francisco Culhuacán, Los Reyes Huichilac, la colonia Del Carmen, La Conchita, los barrios del Niño Jesús y San Francisco o la propia Villa de Coyoacán. El Anahuacalli nos inspiró comida mexicana así es que vamos a la colonia Del Carmen, a la calle de Allende 161, al Mesón de los Leones. Una hermosa casona porfiriana, con techos altos y frescos ventanales, aloja el restaurante que fundó hace 38 años la familia De León Corona. Ya fallecido, el Gran León, como le llamaban al padre, su hijo Jorge sigue con la tradición de ofrecer buena comida mexicana casera. El caldo de León siempre es reconfortante. Después viene el dilema entre unos huauzontles capeados, navegando en un rico caldillo o la carne asada, marinada en especias, con un huevo estrellado encima y de guarnición dobladitas de mole y rajas poblanas. De postre nos limitaremos a unas guayabas caseras.