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Andrea Borbolla presenta hoy Interno en el CCT; el documental se estrenó en el FICG

Presos y yoga, mezcla inusual en el cine
Tania Molina Ramírez
 
Periódico La Jornada
Domingo 30 de mayo de 2010, p. 9

Era su primer día en la clase de yoga, la profesora se acercó y le dijo, tienes que abrir el corazón. Él pensó, si de eso se trata, la siguiente vez no vengo. Aquí, si abro el corazón me van a pisotear. Pero algo hizo que Freddy Díaz Arista regresara a las sesiones de los viernes que se realizan en el penal de Atlacholoaya, Morelos, donde estaba encarcelado.

A la tercera clase, la profesora, Ann Moxey, les dijo a los practicantes de yoga: Traigo una llave, es la llave de la libertad. Freddy pensó, yo quiero esa llave, y continuó yendo a hacer perros boca abajo y saludos al sol.

Terminó abriendo su corazón, según sus propias palabras, y salió, tres años y cinco meses antes de cumplir la sentencia de 10 años (en beneficio por hacer yoga y teatro) y hace unos días platicó de cómo su vida se transformó gracias al yoga: No hubo readaptación, hubo reconciencia, le dijo a La Jornada. Ahora regresó a la cárcel, pero a dar clases.

Freddy, de 34 años, es uno de los cuatros presos cuyas historias son narradas en el documental Interno (2010), dirigido por Andrea Borbolla, acerca del Proyecto Parinaama de Yoga en prisiones (http://annmoxey.blogs.com/yogaprisonproject/).

Para mí, la voz de estos cuatro hombres es la de millones de mexicanos que están negados por la sociedad porque son vistos como delincuentes. El sistema penitenciario tiene una gran falta: los delincuentes pagan las mismas penas que los adictos o los enfermos. El documental pretende crear esa diferencia. Una persona adicta lo es quizá porque creció en un contexto de violencia, alcohol y drogas. La cárcel está llena de (gente acusada de) delitos federales, a veces muy mínimos, pagando sentencias desproporcionadas al delito y, sobre todo, con un programa de readaptación y rehabilitación muy pobre, que no funciona. Como es sabido, las cárceles son universidades del crimen, dijo Borbolla.

Desde hace seis años, un grupo de maestros, encabezados por la sicóloga Ann Moxey, ex corresponsal de guerra, maestra de yoga y especialista en adicciones, imparte esa disciplina en el centro penitenciario a internos farmacodependientes. De ahí lo de la llave: los presos lo son de las drogas y de las rejas. Moxey cree que el yoga puede liberarlos aún estando en la cárcel.

El apoyo incial del entonces director del penal, Miguel Ángel Calvo, fue fundamental. El trabajo es voluntario.

El inicio no fue fácil. Fernando García Aguinaco, maestro de yoga, quien lleva cinco años en el programa contó: “Los mismos que promueven el uso de sustancias ahí dentro, lo boicoteaban. Ahora reconocen a los que practican yoga, aunque al principio los tildaban de mariconcitos, pero empezaron a ver que hacían cosas corporalmente interesantes… Más allá de eso, es la actitud. Los respetan por no violentos: les echan bronca y no reaccionan, y al no reaccionar se sacan de contexto y los empiezan a respetar”.

Borbolla realizó Interno gracias a una beca del CUEC, de donde es egresada.

El programa da resultados muy rápido, el yoga es una terapia que trabaja integralmente, es una desintoxicación muy profunda, explicó Borbolla. El yoga da oportunidad de ir canalizando agresión, ansiedad y el ansia de la adicción. Ayuda a eliminar las impurezas físicas y mentales.

La cinta también habla sobre los talleres de teatro y literatura: Las actividades culturales les dan la capacidad de expresarse, de ser tratados como seres creativos, con oportunidad de educación, explicó la cineasta.

Al guerrerense Freddy Díaz lo sentenciaron a10 años por llevar ocho kilos de marihuana en un camión foráneo. Al ingresar al penal, hizo lo que la mayoría: intentar ganarse el respeto de los otros con los puños. El yoga era para homosexuales o mujeres, pensaba. Pero un viernes fue a la clase, con la curiosidad de encontrar algo, lo mismo que me llevó a la droga. Su consumo de drogas fue disminuyendo. Participó en un grupo de teatro y en el taller de literatura. Era tartamudo, pero con el yoga se le fue quitando.

A los presos les gustó tanto el yoga que pidieron un espacio para tener una clase impartida por los propios internos. Los primeros que las guiaron fueron Freddy y Luis Felipe Cuevas, quienes ahora que salieron de prisión, también dan clases.

Interno (www.interno.com.mx ) se presentó en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y se estrena en la Ciudad de México como parte del festival Distrital, hoy, a las 16.30 horas, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCT), donde habrá una plática con la directora. Más horarios: www.distrital.mx/joomla/.

Con información de Fernando Camacho Servín