Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de junio de 2010 Num: 796

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Fernando Arrabal y lo exultante
JOSÉ LUIS MERINO

Dos poemas
YORGUÍS KÓSTSIRAS

El puente del arco iris
LEANDRO ARELLANO

La victoria del juez Garzón
RODOLFO ALONSO

Miguel Delibes contra los malos amores
YOLANDA RINALDI

La edición independiente
RICARDO VENEGAS entrevista con UBERTO STABILE

251 años de Tristram Shandy
ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

Kandinsky y su legado artístico
HÉCTOR CEBALLOS GARIBAY

Leer

Columnas:
Prosa-ismos
ORLANDO ORTIZ

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Naief Yehya
naief.yehya@gmail.com

El exilio iraquí

DERECHOS HUMANOS Y CINE

La organización Human Rights Watch, así como Amnistía Internacional, tiene el prestigio de haber sido acusada de servir a los intereses de los enemigos tanto de Irán como de Estados Unidos, Israel, Palestina, China, Honduras, Indonesia y Francia, entre muchos otros. Human Rights Watch (HRW) se ganó la reputación de querer imponer la democracia a bombazos, debido a que durante la presidencia de Clinton abogaron por la intervención militar estadunidense en los Balcanes y por lanzar varias “cruzadas antiatrocidades” que servían como pretexto para el intervencionismo. Durante la era Bush, HRW fue ignorada por una administración repleta de neocons con sus propias fantasías de conquista. Pero, aparte de querer embarcar al ejército en misiones de rescate humanitarias, HRW lleva veintiún años organizando el ahora prestigioso festival de cine de Human Rights Watch, en Nueva York, en uno de los foros más relevantes de cine con el tema de los derechos humanos.

LOS QUE NO REGRESAN

En la edición más reciente del festival destacan varias cintas que presentan la inutilidad de las buenas intenciones de las guerras civilizadoras; un ejemplo notable es The Unreturned (Los que no han regresado, de Nathan Fisher, EU, 2010), una serie de retratos íntimos de un grupo de exiliados iraquíes de diferentes niveles sociales, culturales y económicos que tuvieron que abandonar su país tras la invasión estadunidense, pero que tienen en común que constituyen una clase media diversa con sueños y aspiraciones que el público estadunidense puede entender y con la que se puede identificar. Fisher pone rostro y humaniza a estos nómadas involuntarios que describen su vida antes y después de la liberación. Con esto trata de destruir el mito de los iraquíes como fundamentalistas, terroristas o seres primitivos. Los desplazados en cuestión son un maestro de inglés que sirvió de intérprete a las tropas estadunidenses hasta que fue secuestrado, una doctora e investigadora, un cocinero y un ingeniero. La paradoja es que los entrevistados representan sectores de la población que debieron haber sido beneficiados por el derrocamiento de Saddam, ya que pertenecen a minorías religiosas (son cristianos, mandeístas y chiítas) que de una u otra manera eran reprimidos. El documental es bastante convencional en todos sentidos, pero muestra una realidad desconocida para el público estadunidense, como el hecho de que Siria y Jordania han debido dar asilo a un gigantesco flujo de refugiados (casi 2 millones en Siria y cerca de 1 millón en Jordania) lo que ha puesto a esas naciones en serios problemas económicos y morales, mientras que EU y sus aliados se han desentendido en gran medida del impacto de los efectos secundarios de su guerra (EU dice que sólo aceptará a 50 mil refugiados); 4.8 millones de iraquíes (el veinte por ciento de la población) siguen desplazados de sus hogares (menos del nueve por ciento de ellos ha regresado), alrededor de la mitad internamente y el resto conforman ahora una pavorosa y gigantesca diáspora internacional que padece los clásicos problemas del exiliado: no pueden trabajar más que de manera clandestina, su vida está en el limbo y dependen del ineficiente alto comisionado para los refugiados de la ONU, una organización en permanente quiebra. La gran tristeza es que regresar a Irak se ve cada día menos factible, debido a la descomposición del tejido social desgarrado por una compleja red de represalias y reivindicaciones sectarias. Es particularmente devastador que los entrevistados cuentan que hoy en sus casas viven otras familias, un despojo que evoca a la nakba o catástrofe palestina.

DE LA LIBERACIÓN AL ODIO

Si eso no fuera suficientemente trágico, gran parte de estos exiliados son las clases educadas iraquíes, aquellos que podrían reconstruir su país, pero que en vez de eso deben huir de la violencia, el fanatismo y la persecución. Todos coinciden en creer que aun durante el régimen dictatorial de Hussein la vida era mejor. Una entrevistada dice: “En tiempos de Saddam no se respetaban los derechos humanos para nada, pero las cosas eran mejores que ahora, así que ustedes se pueden imaginar cómo está la situación hoy.” A más de siete años de guerra, la situación en Irak sigue siendo desesperada y la inestabilidad catastrófica, la nación ha caído en manos de autócratas brutales que eu quiere hacer pasar como demócratas simplemente porque se someten a sus designios. Lo que es claro es que estas condiciones provocarán un efecto blowback y la resaca de esta guerra se anuncia ominosa en la voz de una niña que dice: ¡Odio a los estadunidenses!