Opinión
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La resurrección de los muertos
Javier Aranda Luna
E

xisten autores que creen que los temas son los que hacen a las obras memorables. Otros, que la página perfecta es la razón de que un libro sea una obra importante. Unos construyen minuciosos artefactos de palabras que más que decirnos algo producen un ruido uniforme y casi imperceptible como un zumbido: obras de una perfección gramatical que son absolutamente prescindibles. Los otros, en cambio, elaboran titulares de periódicos más o menos amarillistas sostenidos por un mazacote de prosa tartamuda.

Ni unos ni otros se sostienen con el paso del tiempo, son como la hierba. A los de la precisión estéril la ausencia de una coma derrumba su fatigoso molino de palabras, mientras que los otros no pasan de ser un manchón de tinta.

Algo está ocurriendo en Suecia, o muchas cosas, porque en los últimos años han surgido estupendas novelas de ese país. La saga Millenium escrita en tres volúmenes de Stieg Larsson es como un gran mural donde las imperfecciones de sus novelas que algunos fatigados críticos han señalado, se vuelven invisibles por la fuerza narrativa.

John Ajvide Lindqvist por su parte ha escrito un par de novelas que le tienen asegurado, como a Larsson, un lugar importante en la narrativa no sólo de su país ni de Europa sino en el competido mundo de lectores a escala global, en el mundo de la imaginación duradera. El éxito de ambos autores entre viejos y nuevos lectores reside, me parece, en que han recuperado el viejo corazón del relato que no es otro que el ánimo de contar y una especie de técnica cinematográfica donde las distintas imágenes o atmósferas narrativas potencian la narración de las novelas.

Según Horace Engdhal, secretario permanente de la Academia Sueca, John Ajvide Lindqvist no sólo es uno de los escritores europeos más prometedores: asegura que su novela más reciente es una verdadera obra maestra. Si a su anterior libro Déjame entrar debemos la más reciente historia de vampiros y la renovación del género, Descansa en paz, el libro al que se refiere Engdhal, aborda un tema que ha fascinado al hombre desde la antigüedad: la resurrección de los muertos.

¿Se imagina cómo reaccionaríamos ante el hecho de que los muertos resucitaran? Pensaríamos quizá en el fin de los tiempos, en la inminencia del Valle de Josafat, de ese valle en el que los justos estarán a la diestra de Dios Padre y los réprobos serán condenados al oscuro infierno a pesar de las llamas. Empresas como Bimbo que comercializaron la figura del Papa (Sabritas, las papas del Papa), ¿encontrarían una oportunidad de mercado en las nuevas réplicas de Lázaro? ¿Les pondríamos la verde a nuestros muertos para asegurar que nuestra pasión futbolera, como el amor de Quevedo, es constante más allá de la muerte?

Los redivivos de John Ajvide Lindqvist, sin embargo, son suecos. Son seres arrancados del más allá en el Estocolmo del año 2000. Es decir que se trata de muertos que en aquel país se encuentran en una especie de laguna jurídica pues toda persona muerta queda fuera del marco judicial de manera automática. Un país en el que los vivos quieren convivir con los muertos, están dispuestos a rehabilitarlos y a velar por sus derechos.

Muchos pequeños relatos construyen la novela Descansa en paz. Relatos armados en la mejor tradición cuentística de los países nórdicos que en conjunto multiplican la fuerza narrativa de la novela.

Descansa en paz es la historia de Gustav Mahler, un periodista veterano que no cesa en sus perplejidades ante la nueva realidad en la que deambulan muertos en vida; de un cómico más dispuesto a llorar que a hacer reír (recordemos que Lindqvist fue cómico e ilusionista en Estocolmo por un tiempo); de Elvy, líder de un grupo de predicadores new age y de otros personajes menores cuyas historias individuales construyen una gran historia. Historia que nos hace reflexionar sobre la muerte y el sentido de la vida; espejo que nos permite ver nuestras pequeñas tragedias como comedias involuntarias por momentos como aquel en el que Mahler baña a su nieto resurrecto en una tiña de baño; o comprender cómo antiguos temas siguen siendo tan actuales entre nosotros como lo es la resurrección de los muertos.

En las novelas de John Ajvide Lindqvist ocurren cosas que, como dice uno de sus personajes al hablar de la resurrección, parecían francamente imposibles pero que el lenguaje del escritor hace absolutamente verosímiles.

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