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Con tacones, trajes de látex o alas de ángel, muchos desfilaron ante la Puerta de Brandenburgo

En Berlín, más de 500 mil personas celebraron el Día del Orgullo Gay

Existe violencia cotidiana contra hombres homosexuales, advierte el sexólogo Martin Dannecker

La filósofa Judith Butler rechazó un premio y cuestionó lo comercial y superficial del acto

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La avenida 17 fue invadida por miles de parejas que disfrutaron del paso del medio centenar de carros alegóricos que participaron en la celebración de la edición 32 del Christopher Street Day, cuyo lema este año fue Lo normal es lo diferenteFoto Eva Usi
Eva Usi
Especial
Periódico La Jornada
Domingo 20 de junio de 2010, p. a12

Berlín, 19 de junio. Bajo el lema Lo normal es lo diferente, más de medio millón de personas celebraron en Berlín el Día del Orgullo Gay, que culminó con una colorida fiesta en la Puerta de Brandenburgo, en el corazón de la ciudad. Los organizadores cuestionaron el concepto de normalidad existente en la sociedad heterosexual. Ser gay, lesbiana, transexual, bisexual o intersexual no es la norma y se intenta reprimir estas manifestaciones sexuales de muchas maneras, dijo el presidente del Christopher Street Day (CSD) berlinés, Jan Salloch ante un público multitudinario que ocupaba la avenida 17 de junio.

La celebración se vio opacada cuando la filósofa y teórica sexual estadunidense Judith Butler, rechazó el Premio al Valor Civil que le otorgaban los organizadores. Butler subió a la tribuna en la Puerta de Brandenburgo y explicó que el CSD berlinés le parecía un evento comercial y superficial que no se ocupa suficientemente de problemas como el racismo y la discriminación contra migrantes. Butler elogió las iniciativas de grupos que celebran cada año el CSD en barrios como Kreuzberg, conocido por su ambiente alternativo. En esa subcultura berlinesa se ocupan de temas como la guerra y la paz y la identidad sexual en la sociedad moderna, dijo Butler en un mensaje que leyó en alemán.

Un estridente desfile integrado por unos 50 carros alegóricos recorrió las calles de la ciudad esparciendo a su paso una fuerte carga de decibeles. Hombres con medias rojas y altísimos tacones, mujeres con trajes de látex, parejas andróginas besándose mientras lucían sus torsos desnudos aludieron a la diversidad sexual que todavía no es ciento por ciento aceptada y respetada. Muchos llevaban alas de ángeles respondiendo a la apelación de los organizadores. Los ángeles son un símbolo aceptado en todas las confesiones; sin embargo, son todo menos normales: son asexuales, inmortales, infalibles, violentos y compasivos, se leía en carteles pegados en la ciudad.

El desfile, que celebró su edición 32, recuerda la represión contra las protestas homosexuales en 1969 en Nueva York, que marcaron el inicio de la liberación homosexual, que no ha sido alcanzada aún, según el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, figura prominente de la comunidad gay berlinesa. En las décadas recientes se ha alcanzado mucho, pero todavía hay mucho más por hacer, dijo, y como ejemplo citó la igualdad jurídica para las parejas homosexuales que todavía no se aplica, lo que les impide, por ejemplo, adoptar y criar niños.

No se nota en este desfile pero sigue habiendo una violencia cotidiana, sobre todo contra los hombres homosexuales. Ante esta violencia constante no hay una reacción de repudio ni de consternación por parte de la sociedad, es ahí donde uno se da cuenta que la igualdad no se ha alcanzado plenamente. Cuando hay violencia contra otros grupos los medios reaccionan con indignación, afirma el sexólogo Martin Dannecker en conversación con La Jornada.

Dannecker, conocido en Alemania por su crítica a la rígida moral sexual existente, afirma que pese a que hay en este país figuras prominentes que son homosexuales, como un ministro del Exterior y un alcalde en Berlín, serán todavía necesarios muchos años para superar la moral sexual impuesta por la Iglesia. Se nos enseña desde pequeños que la sexualidad es buena y aceptada sólo si está vinculada con valores como la fidelidad y el amor. En el mundo heterosexual podría haber una mayor libertad sexual que permitiera tener una relación amorosa sin que eso impida tener otros contactos sexuales. Como se sabe en el momento que hay una tercera persona ya es motivo suficiente para que haya una separación, critica Dannecker.

No me fue difícil reconocer mi homosexualidad en mi vida privada, pero procuro que nadie lo sepa en el ámbito laboral porque podría perjudicarme, dice Michael, de 36 años, y afirma que sigue habiendo muchos prejuicios en la sociedad, aunque eso no se note en Berlín.