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Tumbando Caña

Yo no veo ninguna diferencia entre escribir y hacer música

Ernesto Márquez
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José Saramago durante la presentación de su libro Caín en Lisboa, en octubre de 2009Foto Ap
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ara José Saramago, escritor y poeta portugués, la música y la palabra tenían el mismo sentido, porque hablar es hacer música, decía el reconocido novelista al tiempo de confesar que antes de escribir se detenía a escuchar los ecos musicales que las palabras llevan consigo. Tengo que escuchar lo que suena en mi cabeza, porque si acabo una frase con todo su sentido, pero a esa frase le faltan armonía y melodía, es que aún sigue incompleta.

Esa relación estrecha con las tonalidades de las letras, la armonía y el ritmo de las palabras se denota en su estilo, muy particular con oraciones extensas y diálogos simétricos, en los que los tonos altos y bajos y las pausas largas y breves marcan el ritmo de la lectura.

Yo no veo ninguna diferencia entre escribir y hacer música, decía Saramago la vez que concedió una entrevista en Guadalajara, en la que explicó que por esa razón había suprimido de sus textos los signos de puntuación, excepto la coma y el punto que indican pausa y organizan los sonidos, ya que no los creía necesarios. Es la propia palabra la que tiene música.

La música para Saramago tenía la misma utilidad que las palabras. Las palabras, al igual que la música, bien empleadas, deben servir para procurar estados de bienestar en las personas. Decía y citaba de ejemplo lo que oyó decir a su abuela: El mundo es tan bonito, y yo tengo tanta pena de morir.

Poeta antes que prosistaA Viúva y Os poemas possíveis, es lo primero que publicó–, Saramago se apoyaba en uno de los pilares –el más importante– de la poesía para redactar sus textos: el ritmo. El poeta lo sabe, por ello, envuelve su razón y su palabra entre melódicas cadencias como si de fusas, semifusas y corcheas se tratara, y no necesariamente su pretensión sea escribir una sinfonía en verso, si no que ya viene justificado el ritmo en el saber hacer poético.

La unión íntima entre música y palabra está presente de forma relevante en toda su obra, pero baste mencionar como ejemplo Memorial de un convento, su particular homenaje al compositor Doménico Scarlatti, cuyo texto fue adaptado a la ópera por el orquestador italiano Azio Corghi, y estrenado en el teatro de la Scala de Milán (Italia), en 1990, bajo el título de Blimunda, el personaje femenino de la novela.

También Corghi adaptó su obra teatral In nómine Dei, que con el nombre de Divara fue estrenada en Munich (Alemania), en 1993. Del mismo compositor es también la música de la cantata La muerte de Lázaro, sobre textos de El Evangelio según Jesucristo.

Saramago gustaba de escuchar música clásica, ópera y jazz. Pero también géneros como el fado (su gran pasión), la copla española y toda música popular. Tenía especial cariño por la música indígena mexicana y de todas las veces que visitó nuestro país algún testimonio musical nuestro le acompañaba en su viaje de regreso.

Hace años, un crítico se enfadó conmigo por mis gustos musicales, confesó Saramago en aquella charla tapatía. Dijo que no entendía mi eclecticismo musical. ¡Vaya por Dios! Le respondí explicándole la variedad de sangre y de culturas que me someten. Yo no puedo impedir tales arrebatos.

Poemas trocados en canciones

Grandes compositores y grandes voces acompañaron al corazón del poeta, alzando y elevando la armonía escrita al aire melodioso para el deleite sensorial-auditivo del público. Ya dijimos la labor de Azio Corghi. Destaquemos ahora la del cantautor español Luis Pastor, quien puso música y voz a sus poemas conformando un disco-libro de canciones que tituló En esta esquina del tiempo. Se trata de 14 trabajos poéticos de Saramago cantados en castellano y portugués en el que participan Pasión Vega, Joao Afonso y Lourdes Guerra.

Abordar la música y la poesía del escritor lusitano significó todo un desafío para Luis Pastor: “Saramago me gusta muchísimo en lo poético y también lo musical. (…) Al encontrarme con su obra me fijé en la musicalidad y en la temática. Sus canciones dicen mucho. En el álbum hay poemas de amor, algunos más surrealistas, otros sociales... Son grandes y bellos poemas, nunca banales”, dijo al respecto.

En agradecimiento, José Saramago anotó en el cuadernillo del álbum: Que sea yo el autor de las poesías aquí interpretadas, en portugués y también en castellano, es sólo una feliz coincidencia. Lo que más importa es la música y la voz, esa inconfundible voz de Luis Pastor, áspera, y al mismo tiempo suave, como lo fueron las voces de los grandes trovadores del siglo pasado. Oigámoslo. El tiempo cabe todo en la duración de un disco.

También el compositor uruguayo Andrés Stagnaro musicalizó versos del poeta lusitano, algunos compendiados en el álbum Entre dos lunas. Otro trabajo relacionado con la música de Saramago es el cortometraje La flor más grande del mundo, basado en un texto inspirado en los niños con música de Emilio Aragón.

Pilar, esposa del poeta, dijo que en los últimos días, en su casa de Tías, Lanzarote, José sólo escuchaba música. Así, entre sonidos y pausas, con una sonrisa en los labios se marchó el buen Saramago.