Opinión
Ver día anteriorMartes 6 de julio de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Zarandeada al panismo

Gracias Felipe, gritan priístas

Al carajo el góber precioso

P

or si algo le faltara al inventario del inquilino de Los Pinos, y al de su juguete personal disfrazado de partido político, para confirmar el grado de excelencia y confianza alcanzado durante su estancia en la residencia oficial, en los comicios del domingo le han puesto una zarandeada marca basurero de la historia: de 12 gubernaturas, perdió nueve (75 por ciento del total); en dos de las tres en que supuestamente obtuvo ventaja (Oaxaca y Puebla), valdría preguntarse si efectivamente ganó, o si en realidad perdieron Ulises Ruiz y Mario Marín, dos execrables personajes en sendos gobiernos de la misma calaña; para el caso sinaloense, el tricolor obtuvo la victoria por donde se vea: los dos candidatos (Jesús Vizcarra y Mario López Valdez) provienen del mismo corral, y nadie deja de ser priísta por el simple hecho de cambiar de chaqueta.

¡Felicidades, Felipe!, y gracias por la ayuda, gritan a coro los priístas, mientras los defensores de las estrambóticas alianzas (Nava, Ortega y Camacho, el chile de todos los moles) aseguran que la estrategia funcionó, por mucho que de ocho gubernaturas con esa fórmula perdieron cinco, prácticamente dos terceras partes del total. El PAN se fue al caño, porque en los cuatro comicios en los que participó sin el auxilio de la empresa privada Chuchos SA (Aguascalientes, Quintana Roo, Tamaulipas y Chihuahua) de todas perdió todas.

Y en eso de la fantasía postelectoral, tanta es la felicidad del otrora candidato de los denominados partidos de izquierda, Gabino Cué, hoy panista de corazón, por cortesía de la empresa Chuchos SA, que de plano perdió noción de tiempo y espacio, pues está más que puesto a invitar a su toma de posesión a tirios y troyanos, comenzando por el legítimo y el haiga sido como haiga sido.

En estos comicios otra empresa privada se fue al caño, felizmente: Zacatecas SA, presidida por Amalia García y regenteada por su hija la senadora Corichi, cuyo máximo interés electoral fue cuidarse la espalda y garantizar su impunidad. Aquí también cabría preguntarse si ganó el tricolor (con ex perredista como candidato), o si en realidad, como todo hace suponer, la derrota perredista fue consecuencia del infame estilo de hacer negocios de este par de señoras a costillas del poder, por la siniestra forma de imponer candidatos a modo para que garantizar la continuidad de sus jugosos business acumulados durante su estancia en la casa de gobierno. Lo mejor del caso es que Amalia llegó al gobierno del estado para combatir los cacicazgos (para imponer el suyo). Bien ganada, sin duda, la derrota amalista en la entidad: los electores, puntualmente, le cobraron la factura.

El palacio de gobierno de Aguascalientes lo ocupará Carlos Lozano, un hombre de hígado fácil que gusta amenazar a los periodistas que no le son incondicionales. Le arrebató la gubernatura al PAN, en un oscuro pacto con el mandatario actual, el empresario de larga mano Luis Reynoso Femat, supuestamente perteneciente a Acción Nacional, con impunidad como moneda de cambio, y quien hizo hasta lo impensable para que el juguete de Felipe Calderón perdiera los comicios. Con amigos así, para qué le buscan enemigos.

El góber precioso y sus botellitas de coñac, al carajo, pero su sucesor no es precisamente una perita en dulce, y mucho menos la alianza que lo promocionó al primer hueso del estado. Ulises es otro que se va al caño: el PRI tendrá que bailar la zandunga en otra parte. No era para menos: seis años de represión, compadrazgos y turbio manejo presupuestal, en uno de los estados más pobres de la República. Qué bueno, pues, pero lamentablemente nada garantiza cambios sustanciales, toda vez que el feliz Gabino Cué deberá pagar puntualmente las facturas a quienes lo llevaron a palacio de gobierno.

El siempre bello estado de Veracruz se quedó en manos tricolores, por mucho que haga escándalos el policía de las diversas chaquetas, Miguel Ángel Yunes. Ninguno de los candidatos garantizaba, pero al final de cuentas hay ganador de la contienda y, todo indica, la entidad no reportará mayores beneficios ni avances. El cacicazgo fidelista mató la intención del cacicazgo calderonista. Así de fácil.

Para el tricolor nueve gubernaturas, 75 por ciento del total en juego. Para él es un gran resultado, no así para el país, porque todo apunta a un regreso a Los Pinos en 2012, aunque falta mucho por ver. No se puede decir que Felipe Calderón se fue al caño, porque se había ido de tiempo atrás. De nada le sirvieron sus mensajes electoreros, sus promesas cumplidas de a mentiritas a escasos días de los comicios. Le quedan cerca de dos años en la residencia oficial, entrampado entre su propia incapacidad y gobiernos y congresos estales mayoritariamente hostiles. ¿Qué hará el susodicho para que el barco no se le termine de hundir, porque ya no hay mucho para dónde hacerse?

Como bien apunta el editorial de La Jornada, “a reserva de reflexionar sobre los resultados oficiales, aún pendientes, y sobre las significaciones locales de victorias y derrotas, el dato más sustancial de lo ocurrido en la jornada de ayer es, en lo general, la imposibilidad del partido de Felipe Calderón Hinojosa para remontar la catástrofe electoral que experimentó en los comicios federales realizados hace un año, cuando el Partido Revolucionario Institucional se colocó como primera bancada legislativa. Significativamente, las tendencias que apuntan a la derrota del tricolor se presentan, también, como un ajuste de cuentas del electorado contra dos administraciones impresentables: la de Mario Marín en Puebla y la de Ulises Ruiz en Oaxaca. En esas dos entidades la impunidad del poder alcanzó, por distintas razones, cotas de escándalo nacional e incluso internacional; en el caso oaxaqueño por los excesos represivos del gobierno estatal –que han dejado una cauda de decenas de muertos–, y en el poblano por la participación del Ejecutivo estatal en un intento por quebrantar los derechos humanos de la periodista Lydia Cacho”.

Y en el éter, una desdibujada izquierda (o algo que se asemeja) que se atomiza, lejos de crecer, madurar y consolidarse, con una militancia que avaló, o cuando menos toleró, la llegada de la empresa Chuchos SA a la dirigencia del PRD para que sus gerentes hagan jugosos negocios (léase alianzas).

Las rebanadas del pastel

Vamos bien, querida República: tu clase política es celosa de su deber.