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Honduras
Ante la crisis, hasta golpistas piden el regreso de Zelaya

La reintegración del país a la OEA depende del retorno

Los fondos internacionales, detenidos; el dengue aumenta

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Partidarios del depuesto mandatario realizan una manifestación el pasado 28 de junio, tras un año del golpe de Estado

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Arturo cano
Enviado
Periódico La Jornada
Viernes 16 de julio de 2010, p. 2

Tegucigalpa, 15 de julio. Si Manuel Zelaya era un mal recuerdo, ¿por qué será que no pueden vivir sin él? En los meses posteriores al golpe de Estado, Zelaya era para los golpistas –y para otros, como el actual presidente Porfirio Lobo, que ponían cara de yo no sabía nada– un capítulo cerrado de la historia de Honduras: un enfermo de poder que quería modificar la Constitución para mantenerse en la presidencia, según la versión oficial. Pero la mayoría, aun sus enemigos, lo quieren de vuelta.

Por estos días, los mismos que lo echaron del cargo –con algunas excepciones– le ruegan que vuelva a Honduras. Lobo, quien como candidato presidencial pudo conseguir que los diputados del Partido Nacional (PN) votaran la restitución de Zelaya y no lo hizo, realiza intensas negociaciones, dentro y fuera del país, para que el ex presidente exiliado en la República Dominicana regrese. Incluso ha ofrecido –y luego, presionado, retirado la oferta– ir por él personalmente.

La cúpula del Partido Liberal (PL), que apoyó en bloque el golpe de Estado, acaba de integrar una comisión para viajar a la isla caribeña con la finalidad de tenderle la mano a Zelaya, con vistas al relevo de la dirección del partido y a la definición del candidato presidencial.

La clave está en sentarse a discutir, en el momento en que se buscan las avenidas del diálogo, se empieza a definir un camino, dijo apenas hace un par de días el enigmático ex candidato presidencial de los liberales, Elvin Santos, quien según la información de la prensa hondureña, formará parte de la delegación.

Otro Elvin Santos, padre del anterior y además presidente del PL, aclaró que viajarán a la República Dominicana, pero que tampoco le van a rogar a Zelaya, en tanto que el siempre optimista Arturo Corrales, representante del presidente Lobo para negociar el retorno del depuesto mandatario, partía a Washington a una reunión coordinada por la OEA no sin antes declarar: Esperamos una solución en las próximas horas.

Corrales fue, para más señas, el negociador para los mismos efectos del presidente de facto Roberto Micheletti.

No tenemos manera de creerles, dice uno de los negociadores por el lado de Zelaya.

El atorón, dice la fuente ligada a la negociación, se debe al empeño de los magistrados de la Corte Suprema, de salvarle el pellejo al ministerio público que ordenó la aprehensión del entonces presidente. Los magistrados habían sugerido que se retirarían cinco de las seis causas que por diversos delitos se abrieron contra el ex mandatario, distintos a los delitos políticos que contempla la ley de amnistía impulsada por el gobierno de Lobo.

Hace un par de semanas, los medios locales señalaron: La fiscalía hondureña amnistió al ex presidente Manuel Zelaya y declaró que epodrá ser escuchado en libertad en los juicios por los delitos comunes de corrupción que le atribuyó. Así lo ponía la prensa hondureña, aunque en realidad la fiscalía se limitó a hacer un ofrecimiento de aplicar la amnistía a Zelaya, cosa inútil porque incluso los militares que lo sacaron ilegalmente del país no sólo están en libertad sino que han sido ascendidos o disfrutan de importantes cargos públicos. Claro, gracias a esa amnistía que para Zelaya aplica en los delitos políticos y no en los comunes. Para los últimos, la fiscalía sólo ofrece que será escuchado en libertad, tal como sucede con varios de sus ministros que volvieron al país y enfrentan juicios sin estar en la cárcel.

Zelaya, sin embargo, no parece tener la intención de retornar con la guillotina flotando sobre su cabeza.

Nada nuevo bajo el sol hondureño, con excepción, quizá, del presidente golpista Roberto Micheletti, que contra su costumbre, no ha declarado tajantemente contra la llegada de Zelaya.

Micheletti, que le jugó el dedo a la comunidad internacional durante meses, y se dio el lujo de regañar en público a los cancilleres latinoamericanos, solamente ha expresado su deseo de que el próximo candidato de su partido, el mismo de Zelaya, a la presidencia de Honduras, no tenga tendencias izquierdistas, que le tenga amor a este país, que no se enferme con pequeños grupos.

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Manuel Zelaya asiste a la toma de posesión del presidente de México, Felipe Calderón, en diciembre de 2006Foto Guillermo Sologuren

Usualmente muy beligerante en sus expresiones públicas, Micheletti ha dejado pasar las condiciones que le puso Zelaya a la cúpula de su partido para sentarse a dialogar: la primera, que se pronuncie contra el golpe de Estado; y la segunda, que expulse de sus filas nada menos que al presidente de facto.

De todo eso se da el lujo el capítulo olvidado de la historia hondureña, Manuel Zelaya, quien además acaba de aceptar el nombramiento, por unanimidad, de máximo coordinador del comité ejecutivo del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

Soy, dijo Zelaya en su carta de aceptación, un militante, un revolucionario contra los golpistas y sus herederos. Al haber decidido que esté de nuevo en el frente de batalla, éste su servidor, morazanista, hijo de cinchonero en Olancho, descendiente de (Alfonso) Guillén Zelaya y Lorenzo Zelaya, recibiré con gusto los ataques del enemigo hasta verlo caer derrotado y vencerle.

En realidad, sin embargo, Manuel Zelaya desciende de un terrateniente que combatió a los líderes que menciona. Cosas del mundo al revés de la Honduras de hoy.

La OEA lo bloquea

Si Lobo desea el regreso de Zelaya –aunque ha dicho que ya no iría por él a República Dominicana, como había ofrecido– no es sino por un cálculo pragmático. Por un lado, del retorno del ex presidente depende en buena medida la reincorporación de Honduras a la Organización de Estados Americanos (OEA). Y de la mano de ese pase diplomático depende a su vez que comiencen a fluir los fondos internacionales. Según ex funcionarios del gobierno zelayista, el Banco Interamericano de Desarrollo ha retenido fondos por 334 millones de dólares, en tanto que el Banco Centroamericano sólo ha desembolsado los recursos aprobados con anterioridad al golpe.

Víctor Meza, ex ministro de Gobernación y Justicia en el gobierno de Zelaya, afirma: la crisis fiscal es tan grande que los tiene desesperados.

Hace unos días, el presidente Lobo llamó llorón a su ministro de Finanzas, William Chong, quien la víspera había advertido que el déficit tiene asfixiado al país y que sólo hay dinero para honrar los compromisos hasta el mes de agosto.

En septiembre van a tener problemas incluso para pagar los salarios de los empleados del gobierno, dice Meza.

La arista más cruda de la crisis se expresa en la emergencia por la epidemia de dengue. Todos los días, los medios hondureños publican nuevas cifras alarmantes sobre la pandemia y fotografías de los hospitales abarrotados, siempre insuficientes para atender la demanda (por ejemplo, una foto en el Hospital Escuela, donde se muestra una camilla, no una cama, con cuatro niños pequeños víctimas de la enfermedad).

Con relación al año pasado, el dengue clásico se ha incrementado 400 por ciento. Lo mismo sucede con el más peligroso dengue hemorrágico, del que se registraron 515 casos en los primeros seis meses de este año, contra 50 en 2009. La lista de pacientes sospechosos de padecer dengue hemorrágico suma 3 mil 408 en todo el país, con 16 muertes, contra sólo tres del año pasado. Uno de esos casos es Rafael Alegría, líder del FNRP, quien pasó una semana en el seguro social, víctima de dengue hemorrágico, recién desempacado de reuniones en Estados Unidos.

Cuando salen del país, los hondureños suelen ser más claridosos. Como Alegría o el diputado nacionalista Mario Barahona, por ejemplo, quien fue a Chile a quejarse de que a su país sólo han llegado 8 millones de dólares de los 500 que tenía que haber recibido. Por eso, siguió, el tema del reconocimiento del gobierno de Lobo es vital. Y ese reconocimiento pasa por la reincorporación de Honduras a la OEA, que a su vez pasa por el retorno de Zelaya, aunque no para ir derechito a la cárcel, como quieren los ministros de la Corte, Roberto Micheletti, los militares y una parte de los empresarios. Aunque la presión de Lobo los haya moderado en estos días.