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Después de 40 años de su debut en el Teatro Real, el cantante volvió por sus fueros

Plácido Domingo cimbra su natal Madrid con su papel en la ópera Simón Boccanegra

La albanesa Inva Mula remplazó a la rumana Angela Gheorghiu, quien canceló a última hora

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La soprano rumana Angela Gheorghiu, el martes 20, durante la conferencia de prensa que ofreció, junto con Plácido Domingo, para anunciar tres funciones de Simón Boccanegra, en MadridFoto Ap
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 27 de julio de 2010, p. 6

Madrid, 26 de julio. Plácido Domingo, con esa voz y carisma que lo han convertido en un icono popular y, al mismo tiempo, en uno de los más virtuosos tenores en la historia de la ópera, emocionó y cimbró a Madrid, su ciudad natal.

En un Teatro Real abarrotado y, más aún, la contigua Plaza de Oriente atestada para seguir desde una pantalla gigante la gala de Simon Boccanegra, ópera de Giseppe Verdi, el público le tributó una delirante ovación durante más de 25 minutos. Un hito en la historia reciente de este teatro.

Cuarenta años después de debutar en el recinto y a sólo unos meses de superar una delicada intervención quirúrgica de un cáncer en el colon, Plácido Domingo volvió a demostrar por qué es uno de los exponentes en la historia de la lírica.

El reto era complicado, pero con los años de experiencia y tras oscurecer un poco su voz natural de tenor, interpretó el papel de Simón Boccanegra, pensado para un barítono, con notable versatilidad. Mientras con su voz solventaba los riesgos y dificultades técnicos con la firmeza de sus registros, con su interpretación asomaba al espectador al abismo más terrible de la soledad y la grandeza del protagonista, un Duce con vocación pacifista y, sobre todo, con el alma rota por la pérdida de una hija.

Poder y amor, el epicentro

El poder, en esa versión siniestra del fascismo italiano, y el amor desde la mirada del padre huérfano de hija y de esposa, forman el epicentro de una puesta en escena en la que todo –la escenografía, la iluminación, la orquestación y la dirección escénica– estaba pensado para que brillara.

Y se hizo por varios motivos, pero sobre todo porque se creía –algunos todavía lo creen– que sería la despedida definitiva de Plácido Domingo de los escenarios, al menos interpretando un papel en una ópera, además de que representaba la primera aparición pública del tenor español después de su delicada operación el pasado marzo en Nueva York.

Domingo interpretó por quinta vez en el año, pero por primera vez en su dilatada trayectoria, a Simón Boccanegra, un papel inédito para él, sobre todo porque las anteriores ocasiones que se había enfrentado al drama verdiano lo había hecho encarnando al personaje Adorno.

Ahora, en parte por su edad y porque quería culminar mi carrera interpretando un personaje tan complejo, según explicó Domingo, asumió la personalidad de este corsario genovés quien tras ser una leyenda del pueblo acaba muerto víctima de una trama de traiciones, odio y desolación.

Y, consciente de que se enfrentaba a una noche histórica, a una velada de calor del público, Plácido Domingo interpretó con desgarro un personaje que creó Verdi para –según creen sus apologetas– volcar el sufrimiento que le provocaron las muertes de sus hijos y las profundas dudas sobre sus dotes de paternidad.

Además, en la obra y en el personaje también intentó descifrar el eterno encono entre los propios italianos, con sus enfrentamientos descarnados y sus implacables vendettas.

Y Plácido Domingo, quien también se considera mexicano por el largo tiempo que vivió en ese país durante su juventud, descifró las claves del personaje e hizo que el público olvidara a los pocos minutos el enésimo plantón de la soprano rumana Angela Gheorghiu, quien, canceló a última hora su participación.

La albanesa Inva Mula, una de las sopranos más queridas y admiradas por el público madrileño por sus antológicas interpretaciones de Mimí, en La boheme, y Adina, en L’elisir d’amore, remplazó a Gheorghiu.

También fueron muy aplaudidas las interpretaciones de los italianos Ferruccio Furlanetto, quien interpretó a Fiesco, y de Marcello Giordani, que dio voz a Adorno. La Orquesta Titular del Teatro Real se despidió a así de su director, Jesús López Cobos, quien dejará el cargo. La dirección de escena fue del italiano Giancarlo del Monaco.

Ovación de 25 minutos

La noche fue de Plácido Domingo. Cuando agonizaba el Dux Boccanegra, el público se emocionaba más y más. Y cuando cerró el telón, el tenor español empezó a vivir la que fue quizás una de sus experiencias artísticas más emotivas.

Emocionado hasta la extenuación, el público del Teatro Real se mantuvo durante 25 minutos de pie para ovacionar sin cesar a uno de sus artistas más queridos.

Exhausto de tanta entrega y cariño, Domingo salió a la terraza del teatro para saludar a esos miles de seguidores que vibraron al aire libre con su representación. Vestido como Simón Boccanegra, levantaba los brazos y con las manos entrelazadas agradecía tanto cariño.

En respuesta a tanto elogio y aplauso, tomó el micrófono y se puso a cantar el chotis madrileño-mexicano de Agustin Lara, aquel que dice: Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti. Y dijo ¡adiós! O, más bien, ¡hasta siempre!