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Evalúan funcionarios situación de la banda

Sacudida a la estructura del cártel de Sinaloa
Gustavo Castillo García
 
Periódico La Jornada
Sábado 31 de julio de 2010, p. 5

La muerte de Ignacio Coronel afectará la operación del cártel de Sinaloa en todas sus vertientes: desde la adquisición de químicos para la elaboración de drogas sintéticas hasta la producción y tráfico de éstas a Estados Unidos, así como las negociaciones con capos colombianos e integrantes de los cárteles de los Valencia y La Familia, con quienes El rey del hielo e Ismael El Mayo Zambada pactaron una alianza de conveniencia para luchar contra las agrupaciones de los Beltrán Leyva, Los Zetas y Juárez, que buscan apoderarse de territorios en Jalisco, Colima, Nayarit, Zacatecas, Durango y Michoacán, indicaron funcionarios que participan en el gabinete de seguridad nacional.

Coronel era quien controlaba las células encargadas de los envíos por mar desde puertos colombianos y la posterior introducción –mediante lanchas rápidas– de cargamentos de cocaína procedentes de Centroamérica hacia las costas de Colima, Nayarit y Jalisco, así como de la importación de grandes cantidades de precursores químicos procedentes de Asia para producir drogas como ice o crack.

Hasta hace tres años el gobierno federal consideraba a Coronel el principal operador financiero de la organización, aunque al mismo tiempo iba construyendo sus propias redes de abasto y distribución de narcóticos hacia Estados Unidos.

Con Joaquín El Chapo Guzmán, Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza, Nacho Coronel integraba la cuarteta de barones que dirigía la mayor organización del narcotráfico en México.

Según los funcionarios entrevistados, El rey del hielo (King of ice), como apodaban en Estados Unidos a Coronel Villarreal, alcanzó el reconocimiento de sus socios por ser discreto y sereno. También tenía una faceta violenta, evidenciada en la respuesta que dio su organización al asesinato de su hijo de 16 años en Nayarit por Los Zetas y los Beltrán Leyva, en abril de este año. En venganza, envió un comando de entre 50 y 60 personas a ejecutar a 12 presuntos enemigos.

Sin embargo, era considerado un hombre de negocios que prefería alcanzar acuerdos para avanzar en sus operaciones, de allí las alianzas con La Familia y los Valencia, y la tranquilidad que mantuvieron sus zonas de operación hasta hace un año, cuando comenzó la guerra entre los miembros de Sinaloa, principalmente El Chapo Guzmán y los Beltrán Leyva tras la muerte de Arturo Beltrán Leyva.

La discreción que lo caracterizaba propició que más de 150 efectivos del Ejército lograran sorprenderlo en compañía de sólo uno de sus escoltas dentro de la residencia que ocupaba en el fraccionamiento Colinas de San Javier, una de las más exclusivas zonas residenciales de Jalisco.

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