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Otro error de la actual política exterior mexicana, opina académico
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Domingo 1º de agosto de 2010, p. 5

La decisión del gobierno de México para normalizar sus relaciones con Honduras representa un aval a un régimen surgido de un proceso irregular que a su vez se derivó del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya, consideró Edmundo Hernández-Vela, profesor emérito de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Especialista en política exterior, el doctor Hernández-Vela dijo que la decisión de la cancillería es sólo una ocurrencia personal que no sorprende, pues desde hace años la política exterior del país es inadecuada.

Supongo que sólo es una inercia por mantener buenas relaciones con otros países, independientemente del régimen. Pero se trata de un precedente nada favorable que representa una especie de aval a lo sucedido [el golpe de Estado de junio de 2009] y un premio para el nuevo régimen [de Porfirio Lobo] que surgió de forma irregular tras el golpe. Esto no habla muy bien de una política firme y de apoyo a la no injerencia y a la no influencia en asuntos internos y la toma de decisiones de otras naciones.

Entrevistado luego del anuncio de la cancillería sobre la normalización de relaciones, el académico sostuvo que el problema de la decisión no tiene que ver con el tipo de gobierno que pueda representar Lobo, sino con la manera irregular en la que surgió su administración.

Es obvio que el régimen surgió del propio golpe de Estado, no de un proceso limpio. Incluso, sin juzgar si Zelaya lo había hecho bien o mal, correspondía a los propios hondureños pronunciarse y no desde afuera. Pero México, como muchos otros países, entendieron que Estados Unidos vio con mucha simpatía lo que sucedió en Honduras.

El internacionalista consideró que el gobierno de Felipe Calderón pudo prorrogar la determinación de normalizar relaciones con el país centroamericano. Pudimos haber esperado hasta que los hondureños decidieran, en nuevas elecciones, qué tipo de gobierno quieren. Y no en este proceso que se deriva de los propios golpistas y de quienes los apoyaron, pues incluso la Corte hondureña avaló algo impropio [al señalar que el golpe de Estado no era ilegal].

Agregó que el apoyo de la administración mexicana al régimen de Lobo representa un error, porque el gobierno del hondureño no fue producto de la manifestación libre de los habitantes de ese país. Éste es uno más de los errores de la actual política exterior mexicana, que es un tanto acomodaticia.

Ejemplificó con el propio caso mexicano los perjuicios de un proceso electoral irregular: En México, por más que se haya tratado de encubrir, las últimas elecciones presidenciales se deben calificar, al menos, de irregulares. Esto no favorece nunca los intereses de la nación, sino los de políticos vinculados con capital extranjero y los de grupos hegemónicos, que son los que hacen que ahora nuestra política exterior esté paralizada.

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