Editorial
Ver día anteriorMartes 3 de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Irak: desocupación impostergable
E

n un discurso pronunciado ayer ante veteranos de guerra, en Atlanta, Georgia, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que las operaciones militares de su país en Irak concluirán el próximo 31 de agosto, en cumplimiento de un acuerdo de seguridad suscrito en 2008 entre Washington y Bagdad. De esta manera, según el mandatario, la presencia militar estadunidense en el país árabe se reducirá a una fuerza de transición de 50 mil soldados, que permanecerán en misiones de entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes, apoyo logístico y asistencia contra el terrorismo. La retirada total de las tropas del vecino país del norte tendrá lugar a finales de 2011, si bien voceros del Pentágono han advertido que ese cronograma podría variar en función de las condiciones de seguridad en la región.

Adicionalmente, Obama dijo que con el cese de las acciones militares se iniciará una nueva etapa del compromiso estadunidense en Irak: de un esfuerzo militar liderado por nuestros soldados, a un esfuerzo civil liderado por nuestros diplomáticos, en la que se buscará la estabilización del país árabe, pues aún siguen presentes los que intentan frenar el progreso de Irak con bombas y balas.

En la hora presente, la ruta trazada por Obama para el retiro de las tropas de su país en Irak –una de las principales promesas de campaña del hoy mandatario– deja una sensación de tardanza y de insuficiencia en los sectores de la opinión pública internacional que fincaron esperanzas de cambio en el actual presidente de Estados Unidos, y resulta incluso una mala noticia para la población iraquí.

Si en los pasados siete años las fuerzas invasoras en nada han contribuido a mejorar la seguridad y la estabilidad internas en Irak, no hay motivos para pensar que puedan hacerlo en los meses por venir. En cambio, es de esperar que la permanencia, así sea reducida, de efectivos militares estadunidenses en ese país continúe alimentando los escenarios de violencia e inseguridad: significativamente, el anuncio comentado se produce luego de un mes particularmente violento, con un saldo de 535 muertos –396 eran civiles– como consecuencia de la intensificación de las acciones de la insurgencia en Irak. En el ámbito institucional, el fracaso de los esfuerzos de estabilización bajo el signo de la ocupación militar queda de manifiesto con la incapacidad de las fracciones políticas iraquíes para conformar un nuevo gobierno, a cinco meses de las elecciones que otorgaron el triunfo a Ayad Alaui.

Por lo demás, el tránsito anunciado por Obama de una misión militar a una diplomática queda desacreditado de antemano si se toma en cuenta que la presencia estadunidense en ese país es producto de una invasión basada en mentiras –en concreto, la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en poder del régimen presidido por Saddam Hussein–, que se dio contraviniendo la legalidad internacional y por encima del rechazo generalizado de la opinión pública mundial.

Ante estos elementos de juicio no hay motivo alguno para la continuidad de operaciones castrenses –así sea meramente en tareas de apoyo– ni para esfuerzos diplomáticos estadunidenses en territorio iraquí: en la circunstancia actual, y ante la devastación material y humana que ha significado la invasión bélica emprendida por George W. Bush en 2003, es necesario que el gobierno de Washington asuma explícita y plenamente la aventura de su país en la nación árabe –una guerra en la que no hubo vencedores, cabe agregar–, reconozca las responsabilidades políticas, legales y económicas que de ello derivan, y contribuya a la desactivación de una violencia generada por el espíritu belicista y colonialista de su antecesor mediante el retiro inmediato de sus tropas.

En suma, la administración de Barack Obama tiene ante sí un reto mayúsculo para facilitar un proceso de pacificación efectivo y duradero en ese país, y normalizar su vida institucional. Y el anuncio del retiro de tropas estadunidenses de Irak, por más conveniente que resulte para la agenda electoral de la Casa Blanca ante los comicios legislativos de noviembre próximo, no alcanza para cumplir con esas tareas.