Opinión
Ver día anteriorMiércoles 4 de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El nuncio Christophe Pierre
Bernardo Barranco V.
A

lgunos amigos me reprochan que tiendo, como analista de temas religiosos, a exaltar los aspectos negativos de la Iglesia católica, especialmente de su jerarquía, y que paso por alto la práctica de miles de católicos laicos y religiosos, sobre todo religiosas, que de manera callada desarrollan una excepcional labor evangelizadora. Sobre todo, son cristianos que viven congruentemente su fe; la palabra con los hechos, la ética religiosa con la vida cotidiana. Efectivamente habrá que registrar muchas historias de vida que ahí están, sobre todo en lugares apartados y cargados de injusticias. Sin embargo, también es un hecho que la jerarquía católica en torno a las reformas de 1991 se ha venido politizando casi en la misma proporción con la que ha venido perdiendo ímpetu pastoral y una notable pérdida de fieles. Por ello me parece oportuno resaltar la figura del actual nuncio apostólico Christophe Pierre, que de alguna manera ha venido a refrescar la atmósfera tensa de invierno eclesial que desde hace más de un decenio vive la Iglesia católica mexicana.

Una de mis sorpresas, en el asomo a sus actividades, es la movilidad del nuncio. En sus tres años, Pierre ha recorrido varias veces nuestro territorio. Lo mismo va a la inauguración de una parroquia rural que a la ordenación de diáconos que afrontan diócesis conflictuadas, como la de Córdoba, en el estado de Veracruz. Por testimonios, el nuncio gusta no sólo de tomar contacto con las estructuras religiosas locales, sino con la feligresía, es decir, tiene una actitud de contacto pastoral. Esta cualidad le ha ganado el respeto de la mayor parte de los obispos, porque, a diferencia de nuncios como Prigione e incluso Justo Mullor, Christophe Pierre tiende a guardar un perfil bajo: no tiene pretensiones protagonistas. Otro rasgo que llama la atención del actual nuncio es su sólida formación. Tiene doctorado en derecho canónico y teología en el célebre Instituto Católico de París. Tiene una espesa experiencia internacional: ha pasado por diferentes representaciones pontificias en Nueva Zelanda e islas del Pacífico sur, Mozambique, Zimbabue, Cuba, Brasil; igualmente colaboró en la misión permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra y fue también nuncio apostólico en Haití y en Uganda. Digámoslo, sin afán de ofender a nadie, el nuncio tiene una experiencia planetaria que contrasta con la atmósfera provinciana de nuestros obispos, incluidos los cardenales. Christophe Pierre no es un modernista ni mucho menos un progresista, sin embargo está abierto a dialogar con los cambios de la cultura contemporánea.

Christophe Pierre, en conferencia de prensa en Oaxaca, a inicios de 2009, destacó que la sociedad cambia y hay cambios que no podemos observar como que la Iglesia vive dentro de la sociedad, entonces, el deber de la Iglesia es ayudar a ser fieles al evangelio, a vivir su fe dentro del contexto de esta sociedad (http://cminoticiasoaxaca.com). El nuncio insiste en dialogar con fundamentos y argumentos con la cultura contemporánea. No condenarla, descalificarla a priori ni culpabilizarla como tiende recurrentemente Norberto Rivera. La postura del nuncio suena sensata en la actual circunstancia en la que se percibe una jerarquía rebasada. Los planteamientos del nuncio contrastan con posiciones desesperadas, como la de Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas, quien culpabiliza a la SEP, Internet y al erotismo de los medios que dificultan el celibato y el respeto a los niños. O el planteamiento del arzobispo de León, José Guadalupe Rábago, quien recientemente declaró que ante la violencia, el odio, la venganza y la muerte; ante las iniciativas de ley que afectan la base de la sociedad, como es la familia; ante la inseguridad y el sufrimiento de tantas personas, es bueno meditar los signos de los tiempos y preguntarnos, con los terremotos, las lluvias, las inundaciones, ¿no nos estará hablando el Señor?, ¿qué nos está diciendo con todo esto?

¡La culpa la tienen las feministas y homosexuales de la ira de Dios que nos castiga con desastres naturales! Estamos hablando de dos prelados cultos y juiciosos dentro del actual episcopado mexicano, Por ello el contrapeso del nuncio puede abrir el panorama y propiciar que la interlocución con la sociedad se dé con mayor altura.

Mediáticamente el nuncio ha sido discreto. Más generoso con la prensa local en las diversas plazas, donde accede a entrevistas y contactos. A escala nacional es parco, quizá porque no quiere interferir con las cabezas protagónicas, aunque desde afuera se percibe una mayor sintonía con la estructura de la CEM que con el ala de obispos políticos que, sin duda, apostarán el regreso de PRI a Los Pinos. En cierto sentido, el nuncio evita, por prudencia diplomática, a entrar en debates sangrantes de la Iglesia mexicana como los encubrimientos a abusadores sexuales y el caso de los legionarios. Christophe Pierre pertenece al grupo del cardenal Bertone, actual secretario de Estado del Vaticano, es decir, proviene del grupo compacto del papa Benedicto XVI. Su presencia es no sólo importante por el nombramiento de futuros obispos, sino sacudir el estancamiento de la jerarquía para dialogar con mayor agudeza con la compleja sociedad mexicana que se tensará en 2012. Aquí el nuncio tendrá que matizar su excesiva racionalidad y aprender aún más las sutilezas de nuestra historia, de nuestra cultura mestiza.

Desde antes de los escándalos, la Iglesia viene debilitándose. Aquí no existe el recurso de la conjura de los ataques ni el pretexto de los enemigos externos. A la jerarquía le ha costado mucho trabajo adaptarse a las nuevas circunstancias. La confrontación ha pasado del terreno ideológico y político al ámbito de la cultura. Justo en la esfera en que los prelados católicos mexicanos son más débiles y vulnerables. Por ello la presencia de nuncio puede ser una contribución significativa. ¿Pesará?